Estados Unidos: ¿Por qué no quiere poner fin a la “olvidada guerra” en Yemen?

Por Mohsen Khalifzade.

Salen a la luz nuevas evidencias que demuestran la implicación de EE.UU. en el sufrimiento del pueblo yemení, víctima de una guerra desde hace más de cinco años.

Las Fuerzas Armadas de Yemen, apoyadas por combatientes del movimiento popular Ansarolá, descubren durante su avance en la provincia de Al-Bayda (centro) grandes cantidades de armas con el logotipo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés), hecho que revela el rol maligno del país norteamericano en el conflicto yemení.

Las tropas yemeníes también dijeron, en un comunicado, que Washington no solo había brindado apoyo militar, logístico y de inteligencia a la coalición de Arabia Saudí en su guerra contra Yemen, sino que incluso apoyó y financió a algunas organizaciones de espionaje que operaban bajo la cobertura de ofrecer ayuda humanitaria en Yemen.

El nuevo hallazgo fortalece la postura de Ansarolá, que ha señalado en varias ocasiones, que Washington está detrás de la brutal ofensiva de los regímenes reaccionarios de la región, como Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), en Yemen, donde encubre los crímenes del régimen de los Al Saud y sus aliados en el país más pobre del mundo árabe.

Desde el comienzo de la guerra en Yemen en marzo de 2015, quedó claro el papel destructivo de los EE.UU. en este conflicto armado, que ha desencadenado la peor crisis humanitaria del mundo en el siglo XXI.

Pues, EE.UU. ha suscrito acuerdos para proporcionar armas al reino árabe y entrenar a sus tropas y mercenarios en la guerra de Yemen, pese a que la Cámara de Representantes de dicho país había aprobado un proyecto de resolución que pide el fin del apoyo militar de Washington a la coalición saudí y la retirada de sus tropas implicadas, de forma directa, en dicho conflicto.

Varios informes revelan que el reino saudí ha utilizado el armamento de EE.UU. en sus horrendos ataques contra blancos civiles, incluidos mercados, escuelas, autobuses escolares llenos de niños y centros sanitarios.

La guerra de Yemen ha causado daños importantes en la infraestructura y se ha cobrado la vida de miles de civiles.

El equipo de expertos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que supervisa los abusos contra los derechos humanos ha criticado reiteradamente a los países exportadores de armas, es decir, EE.UU., el Reino Unido y Francia, por vender armamento a los miembros de la llamada coalición de Arabia Saudí. La ONU denuncia que la venta de armas es un factor clave en lo que a la prolongación de la sangrienta guerra en Yemen se refiere.

Las pruebas han confirmado en reiteradas ocasiones el nivel de la participación estadounidense en la guerra saudí, que incluye el envío secreto de armas y equipos militares mediante barcos saudíes a la ciudad portuaria de Adén, en el sur de Yemen.

Conforme al Departamento de Defensa de los EE.UU. (el Pentágono), el país norteamericano ha desplegado tropas en Yemen para apoyar las operaciones logísticas y de inteligencia de la coalición saudí, así como para fortalecer la seguridad de la frontera saudí.

Estas confesiones ponen de relieve el verdadero papel de EE.UU. en la gestión de esta guerra, y el reciente hallazgo del Ejército yemení ha puesto a Washington en una posición difícil a nivel mundial que podría derivar en críticas a los proyectos y acciones hostiles de este país contra el pueblo yemení.

Teniendo en cuenta la implicación de EE.UU. en “la olvidada guerra” de Yemen –por la escasa atención que recibe del resto del mundo- toca responder a las siguientes preguntas: ¿Por qué EE.UU. no pone fin a la guerra saudí en Yemen? ¿Qué importancia reviste Yemen para EE.UU.?

Situación estratégica de Yemen

Pese a la gravedad de la situación humanitaria, la crisis armada en Yemen ha sido considerada una guerra olvidada, ya que no recibe la debida atención de los medios del resto del mundo.

Este país cuenta con una ubicación geográfica única, que lo hace estratégicamente importante. En Yemen se encuentra el estrecho de Bab el-Mandib, una de las más importantes rutas de tránsito de energía del mundo.

El estrecho de Bab el-Mandib es considerado como un paso natural entre el mar Rojo y el océano Índico, a través del golfo de Adén. Esta vía separa África de Asia, por ello, tiene una importancia transcendental para el comercio y la seguridad internacionales. 

Alrededor de este paso hay mucha actividad regional e internacional. Esta región ha atestiguado algunos de los temas más relevantes de Asia Occidental y África oriental: la guerra en Yemen, la crisis en Sudán y Somalia, y el tránsito marítimo del petróleo y gas procedentes del Golfo Pérsico.

También, en dicha zona, la presencia de países extranjeros es muy llamativa. Los estadounidenses, los chinos y los europeos están desesperados por aumentar su influencia en el estrecho de Bab el-Mandib, razón por la cual, llevan años vigilando con mucha preocupación cualquier incidente que pueda registrarse en esta región.

El estrecho de Bab el-Mandib debe su importancia a su ubicación, pues separa de forma natural la costa africana en Yibuti y la península arábiga en Yemen. Por lo tanto, cualquier país de la región que quiera acceder al canal de Suez y al mar Mediterráneo debe atravesar este estrecho.

Consciente de la importancia del estrecho de Bab el-Mandib para su maligna política exterior, EE.UU. intervino de forma directa e indirecta en la guerra yemení para reducir la creciente influencia del movimiento popular yemení Ansarolá.

Cueste lo que cueste, Washington no dejará de intervenir en el conflicto armado en Yemen, y hará todo posible para prolongar la crisis en este país.

El negocio de la guerra yemení para Estados Unidos

Otra de las razones más relevantes para la continuación del conflicto yemení son las ganancias millonarias que genera EE.UU. con la venta de armas a Arabia Saudí.

Entre 2011 y 2015, Arabia Saudí fue el destino de casi el 10 % de todas las exportaciones de armas de EE.UU. Un año después, la Administración del expresidente de EE.UU. Barack Obama propuso una serie de acuerdos de venta de armas por valor de 115 000 millones de dólares, incluidos buques de guerra, helicópteros y labores de mantenimiento.

Algunas partes de este acuerdo fueron bloqueadas en diciembre de 2016 después de que los ataques aéreos de Arabia Saudí contra un funeral en la capital yemení, Saná, provocaran la muerte de más de 140 personas.

No obstante, el 20 de mayo de 2017, el presidente estadounidense, Donald Trump, y el rey saudí, Salman bin Abdulaziz Al Saud, firmaron otros acuerdos para que el reino árabe compre armas a los EE.UU. por un valor de 110 000 millones de dólares.

Las compras incluyen tanques, barcos de combate, sistemas de defensa antimisiles, así como tecnología de radar, comunicaciones y ciberseguridad. La transferencia fue ampliamente vista como una expansión “significativa” e histórica de las relaciones de los dos Estados.

Algunos expertos aseguraron que es muy difícil que dicho acuerdo llegue a abarcar los 110 000 millones de dólares anunciados en ventas.

En mayo de 2019, Trump aprobó la venta de 8000 de millones de dólares en armas al régimen saudí. El inquilino de la Casa Blanca justifica su decisión con la supuesta amenaza que representa Irán para la región de Asia Occidental.

Los críticos temen que estas armas sean utilizadas contra los civiles en Yemen. Sin embargo, el mandatario estadounidense alega que bloquear esta venta debilitará el poder de competencia global de EE.UU.

Por lo tanto, según lo mencionado, es muy difícil que EE.UU. permita el fin de la guerra saudí en Yemen por sus beneficios económicos. Trump enfatiza que la venta de armamento a Arabia Saudí ayuda a reactivar la economía del país.

Debilitar la Resistencia para asegurar la seguridad de Israel

Otra razón que justifica la implicación de EE.UU. en la guerra yemení es que el país norteamericano busca prolongar dicho conflicto para debilitar a la Resistencia con el fin de servir a los intereses del régimen de Israel.

El servicio de inteligencia del régimen israelí siempre ha considerado al pueblo yemení una posible amenaza para su seguridad. Los yemeníes mantienen diferencias fundamentales con el proyecto sionista.

El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, no solo expresó su respaldo a la ofensiva saudí contra la nación yemení, sino que también le ofreció apoyo logístico en dicha contienda. Expertos militares y pilotos israelíes participaron en la guerra.

La capacidad misilística y los aviones no tripulados (drones) yemeníes han generado miedo y pánico entre las autoridades israelíes. Las fuerzas yemeníes han logrado fabricar misiles balísticos con un alcance de 2500 kilómetros, que podrían atinar los objetivos que se les marcasen con gran precisión.

Con estos misiles, las Fuerzas Armadas de Yemen golpearon blancos militares en el interior saudí, incluida la capital saudí, Riad.

Uno de los misiles más avanzados de Yemen se llama Al-Quds-1. Además del hecho de que el alcance del misil podría ser un mensaje para el régimen israelí en caso de una posible guerra en la región, su nombre Al-Quds (Jerusalén) también envía el mensaje a Tel Aviv de que el objetivo principal a la hora de producir este misil son las instalaciones vitales de este régimen.

La amenaza incrementa cuando vemos que el sistema de misiles Patriot no ha podido rastrear los misiles de la Resistencia yemení. Además, el historial de los sistemas antimisiles de Israel, especialmente la Cúpula de Hierro, no ha funcionado bien durante la ofensiva israelí contra la Franja de Gaza en 2014.

En octubre de 2017, Aziz Rashed, portavoz del Ejército yemení, amenazó con que, si Israel seguía apoyando a la coalición saudí en su ofensiva en Yemen, las tropas yemeníes podrían atacar las bases israelíes en Eritrea.

En aquel entonces, medios israelíes expresaron sus dudas sobre la existencia de tales armas en manos de las fuerzas populares de Yemen, afirmando que estas bases están a unos 973 km de Yemen y la distancia de los territorios palestinos ocupados a Yemen es de aproximadamente 2211 km.

Pero ahora que los misiles yemeníes pueden alcanzar Riad y Abu Dabi (capital emiratí) –que se ubican a 1125 y 1166 kilómetros de distancia, respectivamente– están poniendo en peligro los intereses israelíes en la estratégica región del estrecho de Bab el-Mandib.

La fabricación de los nuevos misiles de 2500 kilómetros de alcance constituye una pesadilla para los líderes del régimen de Tel Aviv, hecho que permitirá a Ansarolá golpear blancos en los territorios ocupados.

Finalmente, estas razones no muestran indicios reales de que Washington pretenda acabar con esta guerra, que ha entrado en su sexto año, mientras los civiles de todo el país y de todas las generaciones continúan sufriendo las peores consecuencias de las hostilidades militares y de las prácticas ilegítimas que cometen Arabia Saudí y sus aliados.

Tomado de Hispantv/ Foto de portada: Ahmad Al-Basha/ Archivo AFP.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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