Un impresentable en la Casa Blanca

Por José Luis Méndez Méndez/ Especial para Resumen Latinoamericano

Este título no es nuevo, es harto conocido, que el septuagenario inquilino de la oficina oval no está calificado para gobernar a los estadounidenses, así lo ha demostrado en su mandato y en especial en los tiempos de pandemia, más dedicado a politiquear que ha proteger a los ciudadanos.

Los contribuyentes se preguntan qué relación pudiera tener la irresponsabilidad de su presidente ante el azote y su decisión de romper con la Organización Mundial de la Salud, OMS, entidad difamada de no haber alertado a tiempo lo que se avecinaba, cuando se ha conocido que Trump, contó con abundante información privilegiada y anticipada sobre el flagelo, y la ignoró al manipular la afirmación que todo estaba bajo su control.

El diario The Washington Post reportó que desde enero se le advirtió al presidente de las consecuencias de la enfermedad en caso de que las autoridades no tomaran las medidas preventivas con premura. Trump había ignorado la advertencia que le hicieron reiterados informes de agencias de Inteligencia en la nación sobre los posibles efectos del brote de coronavirus y su acelerado desarrollo. Así como la necesidad de tomar acciones con anticipación para que la emergencia no se instalara en Estados Unidos.

La irresponsabilidad del ejecutivo fue más allá, al apelar a la mentira cuando el portavoz de la Casa Blanca, Hogan Gidley, anunció que el presidente había tomado una acción “histórica” y “agresiva” ante la emergencia para proteger la salud, los ingresos y la seguridad de los estadounidenses. ¿Dónde han estado esas supuestas acciones durante todos estos meses en los que han muerto decenas de miles de estadounidenses como consecuencia de la pandemia? Mintieron a sus propios conciudadanos durante años.

En mayo del 2018, ya una alerta de bioseguridad fue anunciada por su asesor en ese tema, quien vaticinó que una pandemia de influenza era la amenaza número uno de seguridad pública para el país, y que EE.UU. no estaba preparado para enfrentarla. El aviso quedó registrado para el extenso historial de deslices del gobernante: “Nosotros sabemos que no se va a poder contener en la frontera”, dijo Luciana Borio, ex directora médico y de preparación de biodefensa en el National Security Council (NSC) en un simposio antes de renunciar a la administración en el 2019.

El presidente Trump hizo más que eso, desmanteló en el 2018, a sugerencia de su entonces asesor John Bolton el equipo de respuesta de pandemias del NSC. Ambos califican para ser juzgados por genocidio por omisión de sus obligaciones.

También este inveterado evasor fiscal ha sido conminado a rendir cuentas, después de una década de evasivas de exhibir sus ingresos y probables evasiones. Las proyecciones de Trump, siempre son económicas, prefiere activar la producción del país antes de invertir para salvar vidas. Ahora se conoce, que entre las opciones analizadas después del terrible impacto causado en Puerto Rico por fenómenos naturales que devastaron la Isla, estuvo su venta como solución, según afirmaciones recientes de funcionarios de su administración. Recordar la grotesca imagen del laqueado lanzado rollos de papel higiénico a los indignados portorriqueños, que clamaban por ayuda federal para mitigar el desastre.

Aún está pendiente de esclarecer sus sólidos nexos con el irresoluto caso del pedófilo “suicidado” en una moderna cárcel de máxima seguridad de Manhattan en donde el depredador sexual Jeffrey Einstein, a la espera del juicio, apareció muerto el 10 de agosto de 2019.

Su muerte es hoy un misterio y alimenta muchas teorías de la conspiración, de las que el laqueado presidente no escapa. El pequeño “libro negro” del finado contiene numerosas fotos y videos donde aparece disfrutando de las fiestas que organizaba su narcisista carnal, también nacido en Nueva York.

Algunas de las víctimas del difunto refieren que les prometía financiar su carrera profesional y viajes por el mundo. Curiosamente Donald Trump, durante años fue organizador y promotor de concursos de belleza.

El vínculo no es solo del pasado, al llegar el barnizado a la Casa Blanca, nombró, por pedido del extinto, a Alexandre Acosta, secretario de Trabajo, pero en 2019 tuvo que dimitir acorralado por el escándalo. Acosta había diseñado un acuerdo de inmunidad, cuando el depravado hizo arreglos legales para ser liberado.

El ambiguo Trump es además una persona enferma con patologías sociales y clínicas acentuadas en los últimos años. Aparte de sus acostumbrados mensajes corporales que emplea para degradar, ridiculizar y disminuir a sus rivales; promover una cultura de “hombre fuerte”, que no usa mascarilla para evitar contraer y trasmitir la pandemia; hacer referencia al miedo y a la ira; prometer que se resolverán los problemas con solo confiar en él; no disculparse ni admitir errores; usar los despidos de sus funcionarios como “chivo expiatorio”, para encubrir su ineptitud; amenazar con segregar a inmigrantes y minorías religiosas; levantar muros y posar con frecuentes iracundas pataletas, no es tramoya, son efectos de sus dolencias, reflejo de psicosis y de un acentuado “narcisismo maligno”, según sicólogos especializados en el tema..

En el mandatario estadounidense concurren varias de las tipologías que identifican a una personalidad disfuncional, como el amor a la imagen de sí mismo, en la que el sujeto sobreestima sus habilidades y tiene una necesidad excesiva de admiración y reafirmación, que incluye la desconsideración hacia las necesidades y sentimientos ajenos.

Durante la campaña electoral de 2016, profesionales siguieron el estudio de su perfil, una vez en el poder, el grupo llamado “Citizen Therapists Against Trumpism” (Terapistas Ciudadanos contra el “Trumpismo”), emitió un documentado estudio sobre las características psicóticas del inquilino presidencial, con la recomendación de ser destituido y someterse a terapias de urgencia. El dictamen incluyó el análisis de los mensajes subliminales y corporales de su esposa Melania en apariciones públicas.

De acuerdo con el grupo, la actitud “egocéntrica” del republicano ha creado “la ilusión de que los verdaderos estadounidenses solo pueden ser ganadores si otros pierden”, además de incentivar el odio racial y la supremacía blanca, que ha originado frecuentes enfrentamientos y actos de terrorismo en el país.

El sicoterapista John D. Gartner dijo a US News que Trump está “peligrosamente enfermo de la mente y por su temperamento mental es incapaz de ser presidente”. El galeno aseguró que el republicano muestra todos los signos del mencionado “narcisismo maligno”, que clínicamente se define como una combinación de narcisismo, desorden de personalidad antisocial con problemas de agresión y sadismo.

Mientras que un sicólogo que prefirió permanecer en el anonimato dijo al Daily News, que ha perdido su capacidad de ver la realidad, por lo que nadie puede usar la lógica para convencerlo.

A estas manifestaciones sicóticas, se suman sus dolencias clínicas, incluyendo la angustia con su cabello, pasando por la dañada próstata hasta el elevado colesterol, El presidente Donald Trump toma medicamentos para al menos tres padecimientos, así lo reveló Harold N. Bornstein, médico del magnate durante años. Quizás, el que más llama la atención es el que utiliza para hacer crecer su cabello, que ha sido objeto de burlas en redes e incluso memes, aseguró el especialista.

De acuerdo con Bornstein, quien ejerce su profesión en la zona Este de Manhattan, Trump utiliza un fármaco conocido como “finasteride” para tratar el problema de la caída de su cabello. La ingestión de la sustancia ayuda a balancear los bajos niveles del antígeno PSA, un marcador del cáncer de próstata. Finasteride, conocida en el mercado como “Propecia” se usa para  tratar la calvicie de patrón masculino.

El médico dijo a The New York Times, en una serie de entrevistas, que el paciente consume, además,  antibióticos para la rosácea, condición de la piel que provoca la dilatación de los vasos sanguíneos. Algunos de sus síntomas son: ojos y párpados inflamados, enrojecimiento de la cara e hinchazón de la nariz, como es evidente, además de su adicción a la cámara solar, que le da el falso color bronceado anaranjado del que hace alarde.

Para redondear, de acuerdo con el médico, que atendió a Trump desde los años ochenta, este sufre de colesterol y nivel de lípidos elevado, para lo que toma estatina. A diario, el presidente debe ingerir aspirina para reducir el riesgo de un ataque al corazón. A esta terapia cotidiana se suman ungüentos, bálsamos y cremas y una variedad de diversas vitaminas para dar vitalidad y lustre a su rechoncha silueta.

Está fresca la imagen de Donald Trump y su esposa Melania, cuando recibieron el Premio Frambuesa de Oro en el 2019, por la pésima actuación de ambos en los documentales Death of a Nation (Muerte de una Nación) y Fahrenheit 11/9, siendo la primera vez que un gobernante en ejercicio y su esposa obtienen el degradante galardón.

La reciente visita de campaña electoral al sur de Florida del magnate en busca del dinero y votos de los archí reaccionarios de origen cubano y venezolano, reafirmó que la vida de sus ciudadanos no es su prioridad. Se dedicó a cabildear, hacer promesas, que son solo eso para obnubilar a sus incautos seguidores, quienes ya admiten tener dudas sobre si prefieren elefantes o burros para el futuro. El 3 de noviembre próximo los estadounidenses deberán decidir si optan por este malo conocido o vivir una nueva experiencia.

Foto de portada: AFP

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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