Celso Amorim: “En Brasil hay una crisis política, económica y sanitaria”

Por Hector Bernardo.

Celso Amorim es un diplomático de amplia y reconocida trayectoria dentro y fuera de Brasil. Fue canciller del gobierno de Itamar Franco (1993-1994), representante permanente de Brasil ante las Naciones Unidas (1995-1999), embajador en el Reino Unido (2001-2002); volvió ser ministro de Relaciones Exteriores durante los gobiernos de Luiz Inácio “Lula” da Silva (2003-2010) y ministro de Defensa durante el gobierno de Dilma Rousseff (2011-2014).

Contexto dialogó con Amorim sobre la actualidad de Brasil, el retroceso que ha represando para el gigante suramericano y para toda la región el gobierno de Jair Bolsonaro y las presiones de Estados Unidos para imponer un presidente en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)

¿Cuál es la actual situación de Brasil?

Brasil vive una tormenta perfecta. Hoy en Brasil hay una crisis política, económica y sanitaria. Este fin de semana llegaremos a los 100.000 muertos por coronavirus (según los datos oficiales).

Para tener una idea de la gravedad de esta situación sirve como ejemplo señalar que vivimos una crisis sanitaria y no tenemos un ministro de Salud que sea efectivo en el puesto. Ni siquiera digo que se trate de un ministro que sea militar que no comprende nada de salud. Existe una ausencia total de política de gobierno en lo más importante que hay. Es incomprensible eso. Peor que tener una errada política de salud es no tener ninguna.

Tenemos una situación conflictiva entre la Corte Suprema y el Presidente, en especial por las investigaciones a personas ligadas a su familia.

Por otra parte, el ministro de Economía, Paulo Guedes, habla de la reforma fiscal, pero sin mostrar ningún elemento que indique que esa reforma puede ser progresiva y mejore la distribución del ingreso.

A eso se suma la amenaza de que en dos meses se va a terminar con la ayuda de emergencia que se estableció, en gran medida, por el esfuerzo de la oposición.

A la vez, hay cierta perplejidad porque el apoyo al  presidente Bolsonaro se mantiene, incluso ha crecido en las últimas semanas, probablemente en función de la propia ayuda de emergencia que ha sido alrededor de 120 dólares por mes. Una medida que fue idea de la oposición, pero que es implementada por el gobierno y, como gran parte de las personas no tienen una visión crítica de la política, se lo atribuyen solamente al Presidente.

Todo esto representa un panorama muy difícil, muy caótico. Lo positivo que hubo en el último tiempo fueron las decisiones judiciales que apuntan a no aceptar la imparcialidad del exjuez Sergio Moro, lo que puede tener un impacto en los juicios pendientes contra el expresidente Lula.

También hubo una manifestación muy importante que de los obispos de Brasil, que no fue una manifestación oficial, pero fue muy importante porque fue un texto llamado “La Carta al Pueblo de Dios”, firmado por más de 150 obispos, algunos de ellos con vínculo directo con el Papa Francisco. En ese texto, los obispos hacen un análisis muy fuerte y muy realista de la realidad brasileña y que, de alguna manera, demuestra que salud, educación, incluso la diplomacia y los otros temas, son parte de una totalidad.

Esos dos hechos pueden preanunciar algo positivo, pero los dirigentes políticos que están en el poder, no solamente Bolsonaro, están comprometidos con una visión muy negativa de Brasil, muchos de ellos sin las exageraciones de Bolsonaro, pero si con actitud complaciente con él.

¿También hubo un retroceso en la política exterior de Brasil?

La política exterior de Brasil llegó al punto más bajo de su historia. Yo viví la dictadura militar, que fue una época terrible, pero en términos de política exterior no se pasaba la vergüenza que se vive hoy. Brasil abandona el multilateralismo, no apoya las medidas recomendadas para  por la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay una visión intervencionista en relación a Venezuela y una sumisión total que ni siquiera es hacia Estados Unidos, sino directamente hacia Trump.

Tengo casi 60 años de vivir cerca de la de la diplomacia o directamente en ella y nunca he visto en Brasil una situación como la actual.

Solo para dar un ejemplo, Brasil tenía un candidato al BID, naturalmente un candidato del ministro Guedes, era una persona ligada a la banca privada, seguramente no sería alguien bueno, pero era el candidato de Brasil, como Argentina tiene su candidato; Estados Unidos presentó un candidato rompiendo con 60 años de una tradición que indica que los presidentes del BID son latinoamericanos, además se trata de una persona que está comprometida con los sectores cubanos reaccionarios de Miami, con la extrema derecha norteamericana, ante esa actitud del gobierno de Trump, Brasil quitó su candidato y dio inmediatamente su apoyo al de Estados Unidos. Es una vergüenza.

También Bolsonaro sigue con sus ataques a China que es nuestro principal socio comercial. Nuestro superávit con China es mayor que el total de las exportaciones a Estados Unidos. Pero Brasil sigue atacando a China tanto en términos retóricos como en la Organización Mundial de Comercio (OMC) donde, junto con Estados Unidos, el gobierno de Bolsonaro presenta una iniciativa para cuestionar a China como economía de mercado.

Todo esto me deja muy perplejo porque no veo una reacción de la sociedad. Incluso algunas críticas que salen en los periódicos son puntales, como si todo no fuera parte de una visión más global.

¿Qué rol están jugando los medios de comunicación hegemónicos para que estos hechos tan críticos que está viviendo en Brasil no repercutan en su sociedad?

Los grandes medios de comunicación hacen algunas críticas puntuales a Bolsonaro, pero apoyan la política económica Guedes.

La prioridad de los medios sigue siendo atacar a Partido de los Trabajadores (PT) y a Lula. Yo soy un ejemplo de ello,  y lo digo sin ningún resentimiento, pero he sido canciller casi 10 años (un año y medio antes con Itamar Franco y 8 años con Lula) y ministro de Defensa (con Dilma Rousseff), en total he estado integrando gabinetes de Brasil por más de 13 años y, a pesar de ello, los grandes medios de comunicación nunca me buscan para consultar mi opinión sobre la política actual de mi país. ¿Por qué? Porque hay un bloqueo mediático a Lula, a Dilma y todos los que estén cerca de ellos. En los medios brasileños hay una censura muy obvia.

Hay una gran preocupación en la derecha y la centroderecha  de que si Lula logra que el proceso judicial sea anulado, pueda ser candidato en las próximas elecciones presidenciales y la prioridad de la derecha es impedir eso. Con Bolsonaro tienen diferencias, pero atacarlo a él no es su prioridad, la prioridad sigue siendo atacar a Lula.

¿También se planteó una reformulación de la política de Defensa y se empezó a trabajar nuevamente con la posibilidad de un conflicto con un país vecino?

Eso también es grave aunque todavía necesita la aprobación del Congreso Nacional. De todas maneras es muy grabe que esté la propuesta. Aunque soy muy escéptico de que en el Congreso puedan hacer algo, no solo porque apoyen esa visión, sino porque son muy indiferentes al respecto.

Cada cuatro años se hace una renovación de los documentos y este año corresponde que se haga. Son tres documentos: la Política Nacional de Defensa, la Estrategia Nacional de Defensa y el Libro Blanco de la Defensa Nacional. Ese tema específico se refleja en varias partes, pero está, sobre todo, en un párrafo de la Política Nacional de Defensa, lo que salió reflejado en varios medios de comunicación es que se plantea que habría “conflictos en la región y tendríamos que contribuir”. Claro que cuando hay conflictos en la región tanto Brasil como Argentina intentan contribuir a la solución, pero diplomáticamente. Cuando es un documento de la Defensa y dicen que tenemos que contribuir es un pasaporte para la intervención. No creo que se trate de un tema belicista con Argentina, pero sí puede ser utilizado para justificar una intervención en Venezuela apoyando probablemente una intervención norteamericana.

Algunos temas de política exterior que eran parte de la Política Nacional de Defensa también se tratan de una manera que no está tan clara. Por ejemplo, en la Estrategia de Defensa se habla de “integración regional”, y esa integración regional puede ser con Estados Unidos, antes se hablaba más claramente de “integración suramericana”.

Todo esto no se da en abstracto, sino cuando hay una amenaza a Venezuela, un golpe en Bolivia, la declaración de Brasil como “aliado extra OTAN” de Estados Unidos y la presencia de un general brasilero de la Fuerza Aérea en el Comando Sur que, como ya sabemos, es el comando que intenta controlar “el patio trasero” norteamericano. Todo ello en el  contexto de una sumisión estratégica a Washington.

Teniendo en cuenta esta descripción ¿qué posibilidades ve usted de que se pueden recomponer los espacios de integración regional que se habían creado en la primera década de este siglo y fueron destruidos por la gobiernos neoliberales, como fue el caso de la Unasur, o la reformulación del Mercosur y el abandono de la Celac?

Brasil estuvo profundamente involucrado en todas esas iniciativas. Personalmente estuve, incluso antes del gobierno de Lula, muy involucrado en el Mercosur. Pero con este gobierno no se puede esperar nada. Lo mejor que puede pasar con Bolsonaro es que no destruya más de lo que ya destruyó.

Si volvemos a tener un gobierno normal, puede ser que se reconstruya algo. Mientras este este gobierno, no.

Creo que Argentina y México pueden tener una postura muy importante para la región. La cuestión del BID es fundamental y también implica exigir una relación de, al menos, de un mínimo respeto por parte de Estados Unidos, porque lo que está pasando es “un atropello a la razón”, para citar el famoso tango “el cambalache”, y además es una amenaza. Estados Unidos siempre tuvo posibilidad de controlar el BID porque tienen el vicepresidente ejecutivo, tienen muchos votos, etc. Pero poner una persona ligada a la extremaderecha  de Miami en la presidencia de ese órgano es para fomentar acciones de cambios de regímenes, golpes o extorsiones a los países que se relacionen con China. Si eso se concreta sería muy malo, muy preocupante. Es fundamental conseguir que sea postergada la elección del presidente del BID.

¿Qué esperanza le generan espacios creados en el último tiempo como El Grupo de Puebla o la Internacional Progresista (IP), que reúnen a referentes políticos y culturales muy importantes?

Es muy importante la creación de esos espacios que están integrados por  personas muy reconocidas y respetables, lo que les permite actuar con mucha repercusión internacional. En el caso del Grupo de Puebla tiene varios expresidentes y al actual presidente de Argentina, Alberto Fernández, pero le hace falta más repercusión. Creo que hay que hacer un gran esfuerzo con los medios para perforar el boicot comunicacional, una tarea que no es para nada fácil.

Son espacios que pueden generar apoyos fundamentales y también para oponernos de manera conjunta y con fuerza a situaciones como el golpe en Bolivia o las medidas judiciales, también golpistas, en Ecuador.

Son espacios útiles e importantes que van a tener su fruto, pero, probablemente, más a largo que a corto plazo.

Tomado de Diario Contexto/ Foto de portada: Fernando Calzada/ Archivo.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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