Fidel: A un hombre eterno

Por Mariana Monteagudo Fonseca/ Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano Cuba.

“…Creemos en los jóvenes, creemos en los jóvenes. Y lo repito porque creer en los jóvenes es una actitud, creer en los jóvenes significa un pensamiento. (…)”

Aquellas palabras pronunciadas por el máximo líder de la Revolución en el Congreso de la Asociación de Jóvenes Rebeldes en abril de 1962, cobran cada día mayor valor para mí. Se trata de un voto de confianza y la promesa de un futuro en el que la juventud deberá sostener los triunfos de Cuba, enarbolarlos y preservarlos; se trata de nuestro Fidel Castro entregando su antorcha a los sucesores de la Generación del Centenario, porque no existió fe más grande que la depositada por el Comandante en Jefe en los retoños de la Patria.

Esa confianza, tan pura y certera, es la que ha cautivado por décadas a los cubanos y los ha impulsado a hacer colosal el nombre de la mayor de Las Antillas, y la que ha inspirado a jóvenes como yo a realizar cada día mayores esfuerzos para contribuir al mejoramiento de la sociedad.

Aun mantengo el cálido recuerdo de cuatro veranos atrás, cuando mi familia, mis compañeras y yo nos propusimos subir a lo alto del Pico Turquino en celebración a nuestros quince años. Sin embargo, era imposible pasar por alto los cercanos cumpleaños noventa y ochenta y cinco de los hermanos Fidel y Raúl Castro, respectivamente; por lo que, en provecho de la simbólica escalada y los célebres aniversarios, nombramos al grupo Columna 90-85-15.

En cada paso, cada tropiezo, cada risa, cada fatiga, llevábamos presente las enseñanzas e ideas de nuestro líder, que siempre conversaba con los niños y jóvenes como sus iguales, y les aconsejaba como un padre y les hablaba de la historia como un maestro. Él sabía que las noveles generaciones debían prepararse para guiar al pueblo por el camino de la victoria, justo como lo hizo él junto a los demás rebeldes estando aun en la piel de un estudiante.

Aprendemos todos los días de su eterno espíritu de joven, un espíritu y energía que no le permitieron dejar de estudiar y que le confirieron una amplia visión del mundo y de los seres humanos, similar a la del Apóstol, su máxima inspiración intelectual. Su irrepetible capacidad de entendimiento fue el faro de la nación en sus momentos más oscuros y desesperados, cuya luz continúa presente en la obra revolucionaria que nos legó.

Su niñez llevadera y futuro seguro no impidieron que en él despertaran virtudes como la sensibilidad ante las carencias ajenas y el deseo de ver libre a su país, cualidades que lo llevaron a entablar una estrecha relación con el pueblo. No solo comandó las gloriosas filas rebeldes para expulsar al imperialismo de la Isla, sino que también colocó los ladrillos para hacer crecer a la Cuba que hoy es admirada por todo el mundo.

Ese mismo pensamiento edificante que Fidel dedicó a la construcción de la Revolución, fue el que lo motivó a creer en los jóvenes, en su compromiso, su energía, su entusiasmo, su patriotismo, su heroísmo, tal como demostró en su discurso pronunciado en la graduación de los maestros del Instituto Pedagógico “Makarenko”, en diciembre de 1963.

“¡La humanidad progresa por los que tienen fe, y por los que tienen confianza en el futuro y, sobre todo, por los que tienen confianza en la juventud, y por los que comprenden que en la juventud está la materia prima del gran futuro de la Patria! Y por eso esta juventud hay que atenderla y hay que dedicarse a ella con esmero”.

Siempre presente en eventos juveniles y compartiendo como uno más de ellos, Fidel no hizo más que expresar su tranquilidad y admiración al ver avanzar a los guerrilleros del mañana, al igual que él profesaba esperanza para aquellos combatientes que lo siguieron hasta los confines del archipiélago en busca de su libertad.

No titubeó al dejarnos a nosotros la más importante de las tareas, una que va más allá de solo proteger las conquistas de los héroes de Cuba: se trata de hacerlas nuestras, trazar nuevos horizontes y alcanzar nuestras propias metas. Solo así seguirá erguida la obra de la Revolución.Es el turno de esta nueva generación el luchar en nuestro Moncada, navegar en nuestro Granma, alzarnos en nuestra Sierra, triunfar en nuestro Girón, con un Fidel eterno en cada uno de nosotros.

Fotos: Gentileza de la autora.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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