Hiroshima y Nagasaki: Los pueblos del mundo contra los crímenes de EEUU

«Nosotros, pueblos y naciones del mundo, declaramos …». Fuimos muchas y muchos, el año pasado en Caracas, en el debate organizado en la Biblioteca Colombeia por la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en defensa de la Humanidad. En ese momento, se discutió la propuesta de considerar el 9 de agosto como el Día Internacional de los Crímenes Estadounidenses Contra la Humanidad, que se lanzó en 2017 por un manifiesto que la Red volvió a leer allí.

La declaración, escrita por el sociólogo Atilio Borón, el escritor Alejo A. Brignole, la investigadora Telma Luzzani y la periodista y escritora Stella Calloni recuerda los acontecimientos de 1945 cuando, tres días después de la primera bomba atómica sobre Hiroshima, Estados Unidos lanzó una segunda en la ciudad japonesa de Nagasaki, el 9 de agosto. Un bombardeo innecesario y genocida, escriben los intelectuales, diseñado para enviarle a la Unión Soviética un mensaje disuasorio sobre el poder hegemónico de los Estados Unidos, y que resultó en una brutal masacre de la población civil.

En una «perspectiva histórica y humanista, universal y horizontal, libre de sectarismo», el manifiesto está dirigido a todos los pueblos «desde las remotas islas del Pacífico, a los estados europeos, desde el África subsahariana hasta el Oriente Medio, desde Asia hasta América Latina; que han sufrido en su suelo los estragos del militarismo y la diplomacia intervencionista de los Estados Unidos», para que suscriban el manifiesto, que termina así: «Nosotros, los abajo firmantes, que nos declaramos militantes de otro mundo posible, más pacífico, cooperativo, respetuoso de la Madre Tierra, liberado de colonialismos y militarismos; declaramos a los Estados Unidos, su gobierno y sus grandes corporaciones como actores que ponen en peligro la continuidad humana en el planeta y el progreso de la civilización».

En agosto de 2018, el entonces presidente de Bolivia, Evo Morales, había promovido la campaña que recibió un gran apoyo en América Latina y el sur global, pero menos en los países europeos. En España, el llamamiento fue tomado por el Frente Internacional Antiimperialista (FAI), que este año relanza la campaña e invita a unirse.

El FAI recuerda el contexto histórico en el que, hace 75 años se lanzaron los dos hongos nucleares, luego de un primer experimento realizado el 16 de julio de 1945 en el desierto de Nuevo México. El 6 de agosto de ese año la bomba atómica, que no había sido advertida ya que la ciudad de Hiroshima no era un objetivo militar, causó 166.000 víctimas. Sobre Nagasaki, que tampoco era objetivo militar, se arrojó la segunda bomba que causó 80.000 víctimas civiles, muriendo solo 150 soldados.

Los planes del nuevo imperio, dice el FAI, eran someter totalmente a Japón, hacerse cargo de su área de influencia y establecer un «enclave» que le permitiera dominar el área. Por medio de ese horror, Estados Unidos impuso su hegemonía en el nuevo orden mundial, como líder indiscutible de una coalición imperialista en la que las antiguas potencias coloniales se integraron de manera subordinada.

Dos años después, en 1947, la Doctrina Truman define el nuevo escenario y sus actores por medio de la llamada «guerra fría» contra la Unión Soviética, la nueva potencia emergente, y contra sus aliados. En ese contexto, se estableció la subordinación de los aliados occidentales a los Estados Unidos.

Desde la Segunda Guerra Mundial, recuerda el FAI, la expansión imperial de los Estados Unidos ha costado, hasta ahora, unos 20 millones de víctimas y 85 millones de desplazados por guerras y hambrunas. Las guerras económicas, las amenazas militares, los golpes de estado contra la soberanía de los pueblos que no están dispuestos a someterse, también se han multiplicado en los últimos diez años, durante los cuales la hegemonía norteamericana fue cuestionada evidentemente por la aparición de un nuevo mundo multicéntrico y multipolar.

Por esta razón, la campaña del 9 de agosto es un acto de denuncia contra las medidas coercitivas unilaterales impuestas a países que, como Venezuela y Cuba, no ceden ante los deseos del gendarme occidental. En los últimos años, la administración de los Estados Unidos ha tomado el campo directamente contra el socialismo bolivariano, llegando a reclamar una subversión organizada dentro del país.

Como cualquiera puede ver también en el twitter de la periodista Erika Sanoja, el senador demócrata Chris Murphy, hablando en una sesión de la Comisión de Asuntos Exteriores, admitió abiertamente que Estados Unidos dirigió el intento de golpe de Estado con Juan Guaidó el 30 de abril de 2019. También reconoció que Trump cometió errores en todos los intentos organizados para derribar a Maduro: “en el último año y medio ha sido un desastre absoluto”, dijo.

Después del magnicidio en grado de frustración intentado con drones contra el presidente venezolano, el 4 de agosto de 2018, los propios medios estadounidenses reconocieron la versión del gobierno bolivariano. Pero tirar la piedra y esconder la mano siempre ha sido la estrategia de los gobiernos de EE. UU. que promovieron y firmaron numerosos tratados internacionales cuando eran a favor de sus propios intereses, pero nunca los ratificaron, mientras continuaban exigiéndoles cumplimiento a los demás firmantes.

Con la administración Trump, la práctica de las autoproclamaciones se ha dirigido internacionalmente mediante la creación de instituciones ficticias al servicio directo de los intereses imperialistas, como el llamado Grupo de Lima, creado contra Venezuela. Pero, en los últimos tres años Trump ha abandonado seis tratados, afectó la credibilidad de la ONU en todos los sentidos y también amenazó con salirse del Tratado de Limitación de Armas Nucleares (que aún no ha sido ratificado por 50 estados, incluido EE.UU., y que está previsto lo hagan en 2021), y amenaza con reanudar los experimentos nucleares.

La controversia entre Trump y la Corte Penal Internacional también es feroz, porque el magnate del Pentágono se considera por encima de las leyes internacionales. El gobierno bolivariano recurrió a la CPI para denunciar a Trump por delito de lesa humanidad contra el pueblo venezolano, agregando al informe también todas las admisiones, como la del senador Murphy.

La campaña del 9 de agosto será una ocasión para recordarle a la Unión Europea, subordinada a la línea de «sanciones» impuesta por los Estados Unidos, que «los crímenes contra la humanidad en los Estados Unidos continúan y el riesgo de que aumenten es cada vez más evidente «. Y que los pueblos, ante el fracaso del modelo capitalista destacado por el Coronavirus, no se mantendrán callados.

Por Geraldina Colotti/ Cuatro F

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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