Recordar a Fidel en su 94 cumpleaños

Por Dailenis Guerrra Pérez.

A Fidel hay que recordarlo sin llanto, aunque es difícil contenerse cuando vez las realizaciones audiovisuales de Roberto Chile. Cuando pierdes el control insaciable por tocarle la barba, cuando piensas en las manchas de sus largos dedos, en su voz potente para condenar al imperio, pero dulce para dirigirse a sus niños.

A Fidel lo recordamos hoy de tantas maneras que la mente se pierde en el tiempo, pero se ubica en su verbo sabio y precursor. En ese uniforme verde olivo que no perdía los colores de la Sierra Maestra, en la tinta prodigiosa de su pluma, que danzaba entre sus dedos para reflejar ideas y sueños.

El Comandante hizo que este pueblo se aferrara a los valores, a las conquistas sociales y resistiera. Resistir se convirtió en la máxima expresión de la dignidad de los cubanos, eso lo dejó muy claro Fidel. Resistiríamos por vergüenza, por decoro, por fervor a nuestros mártires; por apego insaciable al bien, por la emancipación.

Históricos fueron todos sus días. Emocionaba su presencia en cada sitio que recorría, allí, donde dejaba el compromiso de seguir, de cumplir, de sobrecumplir y seguir.

Y Fidel se convirtió en el progenitor que guía, que enseña y orienta, que no duerme por el bien de sus hijos. Se volvió la representación genuina de la decencia, el humanismo, la razón y el optimismo. Su verdad nunca temerosa enfurecía al imperio, pero empuñaba la fortaleza en los más débiles. Por Fidel se bailaba en los pueblos africanos, se hacían rituales aborígenes en el Amazonas, se dedicaban triunfos mundiales en el deporte y otras ramas.

Por Fidel, niños corrían al lado de un carro escoltado, mientras agitaba sus manos al enardecido pueblo, en cualquier lugar de este país. Por Fidel una masa eufórica gritaba al unísono su nombre y todos los padres querían que extendiera sus manos sobre sus hijos, como para bendecirlos.

Fidel representó un solo cuerpo en el que renacían miles de hombres heroicos. Fue capaz de levantar y moldear el carácter de su pueblo, de impregnar tenacidad, empeño, convicciones, integridad y la ética de los revolucionarios. Fue la historia vivida y contada.

Fidel era un ser de otro mundo, de otra galaxia; que nació para vivir eternamente entre los cubanos. Nos dio la fuerza para luchar por la vida, por la esperanza y por la moral.

Creo que no es tan malo, después de todo, llorar a Fidel; porque es como añorar a un padre o a un buen amigo que ya ha partido. Nos sucede siempre cuando perdemos físicamente a un ser idolatrado, cuando alguien como Fidel, nos cambia el destino.

RL/ Foto de portada: Roberto Chile/ Archivo.

 

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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