Vida y muerte en la selva: las consecuencias de la pandemia para los pueblos originarios en Brasil

Por Ricardo Machado.

Junto con las demás poblaciones marginalizadas, los pueblos indígenas se encuentran al final de la línea de atención médica de Covid-19, sin mencionar las dificultades de desplazamiento desde regiones distantes de las zonas urbanas.

Además, el aislamiento de los indígenas en los hospitales tiene consecuencias aún más devastadoras, ya que sus cosmologías se basan en principios diferentes a los nuestros.

Ricardo Machado: ¿En qué sentido la pandemia del Covid-19 nos impone, a los blancos, el sufrimiento que hemos impuesto a los pueblos indígenas durante siglos?

Aparecida Vilaça: Esta no es nuestra primera epidemia y, al parecer, no será la última, teniendo en cuenta el desequilibrio ambiental que conduce a estas zoonosis. Desde el comienzo de la invasión europea, alrededor de la década de 1560, ha habido descripciones por parte de los jesuitas de brotes de viruela entre los pueblos indígenas. Según varios informes, en los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX, hubo varias epidemias de viruela, varicela, gripe y, más recientemente, VIH; todas las epidemias conducidas por nosotros a ellas. Todo esto es el resultado del maltrato y el desequilibrio que causamos en el mundo y cuyas patologías son llevadas a estos pueblos que no son cómplices de lo que hacemos, sino que se han convertido en víctimas de nuestros errores y formas de tratar con el mundo.

Mi generación, que es diferente de la generación de mis abuelos que vivieron con la gripe española, nunca había experimentado tal pandemia, en esta intensidad de muertes, sin ningún tipo de medicina probada, sin vacunas, la gente encerrada. Esto es exactamente lo que estos pueblos indígenas han experimentado durante tantos siglos. Por otra parte, para toda una generación de indígenas, la epidemia de covid 19 también es nueva, aunque hay etnias que han sufrido epidemias relativamente recientes, como los Wari’, con los que trabajo, que fueron devastados a principios de los años sesenta. Hay gente que está muy asustada, como mi hermano Wari’, Abraham, que preguntó si teníamos un remedio y yo respondí que no. Esta generación de Wari’ está acostumbrada al hecho de que tenemos medicina para nuestras enfermedades y, por consiguiente, para las suyas. Así que ahora estamos todos juntos porque no hay medicina para nadie.

Pero sólo en cierto sentido tiene el mismo impacto para ellos y para nosotros. Lo que se observa es que los indígenas tienen una tasa de mortalidad mucho más alta, porque la mayoría de ellos viven en el interior, en regiones con poco acceso a una atención sanitaria más compleja. Además, toda la acción gubernamental se ha truncado y desviado en relación con los indígenas, hasta el punto de tomar cientos de cajas de cloroquina para que la tomen, lo cual es algo criminal, porque es una droga con efectos secundarios muy peligrosos y se está administrando de manera inconsecuente.

Como dije en Morte na Floresta (Muerte en el bosque o en la selva: ndt), desde el punto de vista de la epidemia sí, todos somos indígenas, como dijo el antropólogo Bruce Albert, pero tampoco lo somos nosotros, en el sentido de que los indígenas están sufriendo actualmente la epidemia junto con los más desfavorecidos económicamente. Están al final de la fila de los hospitales públicos, de los bancos, de las camas de UCI (Unidad de Cuidados Intensivos). En la gran división interna de nuestra sociedad, donde por un lado tenemos a los más favorecidos, que tienen acceso a los hospitales privados, y por otro, los desfavorecidos, los indígenas están con estos últimos.

Ricardo Machado: ¿El auxilio de emergencia ayuda a las poblaciones indígenas?

Aparecida Vilaça: Habría ayudado caso ese auxilio les hubiera llegado de otra manera. Son personas que normalmente viven lejos de las ciudades. Hay mucha gente que está enferma e incapaz de cazar o ir al campo. La ayuda se ha convertido en algo importante para asegurar este medio de vida, pero para recibirla necesitan viajar a las ciudades. Para ello pasan días viajando en barco y luego haciendo fila en bancos y supermercados. Muchos terminaron contaminándose de esta manera, tanto que algunos periódicos han llamado a este dinero «ayuda para la muerte». El aislamiento social es, por definición, un método común en los pueblos indígenas, pero cada vez más difícil debido a la restricción territorial.

Ricardo Machado: El aislamiento social es, por definición, un método común en los pueblos indígenas, pero cada vez con más dificultades debido a la restricción territorial. ¿Qué más podemos aprender de los pueblos nativos sobre cómo enfrentar estas pandemias?

Aparecida Vilaça: Aunque los pueblos indígenas han aprendido de las experiencias históricas de las epidemias que en tiempos de enfermedad es importante buscar un lugar seguro, este es un aislamiento completamente diferente de lo tenemos hecho. La idea de estar solo, como es el caso de varias personas en la ciudad, es casi inconcebible para los indígenas porque las relaciones son una parte constitutiva de la vida.

El hecho de que la gente esté hospitalizada y necesite estar sola ha sido una pesadilla para los indígenas. Escuché una historia sobre el caso de un indígena que fue intubado y que, solo, arrancó el equipo de intubación y murió. En un podcast de Renata Lo Prete que se emitió a mediados de julio y en el que participé, Alisson Munduruku dice que ante la muerte de su padre, un líder, el mayor dolor fue que quedó aislado y murió solo, sin poder ser enterrado en la propia aldea. El hecho de que no haya sido velado por sus familiares causó mucho dolor, porque el luto vivo es esencial para estas personas. Tener el cuerpo presente es esencial para las relaciones entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Y también durante la enfermedad. Estar cerca de los parientes es una forma de asegurar la posibilidad de curación, porque entienden que estar cerca de los parientes y de las personas sanas es una forma de «fijarlos» en este mundo, de estar presos y anclados en el mundo de los vivos. La muerte se considera a menudo una disputa entre dos pueblos: los vivos y los muertos u otros espíritus, que también quieren a esa persona para sí mismos. La muerte, como una disputa entre diferentes grupos sociales, hace que la idea de aislamiento de un enfermo sea algo muy serio.

El aislamiento grupal, y ahora ya no hablo de personas hospitalizadas, es una salida importante que siempre se ha producido cuando las personas, o sus restos, se encuentran ante la necesidad de aislarse para protegerse. En el caso de la pandemia, esto se hizo a un ritmo de emergencia, pero demasiado tarde. El gobierno no tomó ninguna medida al principio. Los covid-19 llegaron a la ciudad al menos un mes antes de llegar a la primera población indígena.

Conocíamos las dimensiones de la crisis, sobre todo porque teníamos noticias de China y de los países europeos devastados por la pandemia. Los pueblos indígenas, cuando tuvieron noticias vagas, desconocían por completo la magnitud de esta enfermedad. Fue el gobierno el que, sabiendo, debería haber actuado rápidamente. Pero no había políticas públicas que impidieran que llegara a los pueblos. Todo esto con el agravante de las invasiones de grileiros (acaparadores de tierras, falsifican documentos de tenencia: ndt) , garimpeiros (mineros o buscadores ilegales de metales: ndt) , madereros, que crecieron exponencialmente durante este período. Varias tierras indígenas están llenas de estos invasores, como los territorios yanomami. Además de ser portadores del virus, hacen que el tránsito entre diferentes lugares del territorio sea peligroso, porque los indígenas pueden sufrir represalias y asesinatos, como está ocurriendo.

Ricardo Machado: Por qué para la supervivencia de un grupo étnico se necesita de «gentes» – chamanes, cazadores, personas para hacer los rituales, etc. – sin el cual su continuidad está en riesgo? ¿Cómo se vincula esta cuestión con la imposibilidad de la idea de individuo en las cosmologías indígenas?

Aparecida Vilaça: La necesidad de personas de diferentes tipos es real, aunque no esté ligada a estas especializaciones. Entre muchos pueblos amazónicos todos son chamanes o pueden actuar como tales, todos los hombres son cazadores y todas las mujeres plantan, de tal manera que no es la especialización lo que constituye la diversidad. Lo más importante de esta idea de un individuo que mencionas es que no piensan en la posibilidad de una persona aislada, sola. Las personas siempre está en relaciones, se le considera el hijo de tal persona, el hermano de tal persona, etc. Las personas son concebidas por un intrincado conjunto de relaciones – hay una parte de padre, una parte de hijo, una parte de marido, una parte de hermano, una parte de cuñado – todo esto conforma a las personas. En el contexto de los pueblos indígenas, esto de estar solo es imposible o malévolo, porque la persona puede ser acusada de brujería, por ejemplo.

Desde el punto de vista de sus coterráneos, la persona aislada es peligrosa, porque tiene otras relaciones, con personas que no son humanos. Por eso el problema del aislamiento en un momento de enfermedad, porque es cuando las personas necesitan estar afincadas, en el sentido de estar ancladas en su mundo, donde estas relaciones y contactos con las personas son esenciales para dar sustancia, para garantizar un lugar en este mundo de los vivos. No digo que el aislamiento durante la enfermedad no sea un sufrimiento para nosotros, porque estamos solos en un hospital o en casa, enfermos, sintiendo dolor, con fiebre. El punto es que la concepción de lo que es una persona y el lugar de las relaciones en su constitución es diferente para nosotros y para ellos.

Ricardo Machado: Considerando las cosmologías de los pueblos nativos, ¿cómo ellos entienden el origen de las enfermedades y sus formas de tratamiento?

Aparecida Vilaça: Por supuesto que los muchos pueblos indígenas piensan el origen de las enfermedades de manera diferente, por lo que hay una importante diferencia interna. Sin embargo, es necesario entender que la enfermedad se concibe como algo que siempre viene de fuera. No hay idea de que una persona se enferme porque está débil, porque no se ha alimentado bien o que sea su propia culpa. Al contrario, se vuelven débiles y flacos porque están enfermos. La enfermedad es siempre el resultado de una mala relación. Para los Wari’, pueblo con el que trabajo desde hace 30 años, y que viven en el oeste del estado de Rondonia, cerca de la frontera con Bolivia, muchas enfermedades están ligadas a la relación con los animales.

Hay algunos animales que no se pueden comer, o que causan enfermedades. De los animales permitidos, deben ser rápidamente asados y comidos, porque los Wari’ saben, y muchos indígenas también piensan, que los animales son humanos, aunque sólo los chamanes pueden verlos en su forma humana. Los animales, para los Wari’, son inmortales porque siempre están reviviendo. Si no se asan y comen pronto, los animales se vengarán causando enfermedades. Lo mismo puede suceder si el cazador es egoísta y no distribuye su caza – obedeciendo un conjunto de reglas morales requeridas por los animales. Si un niño es maltratado, no está bien alimentado, corre el riesgo de ser tomado, secuestrado, por un animal que pensará: «si tú [el indígena] no quieres, yo quiero». Los animales imponen una moral específica al grupo.

Otra forma de enfermedad es la causada por la brujería, generalmente realizada por personas no relacionadas. Normalmente lleva a la muerte, a veces repentina, a veces lenta. Hay otras formas de morir, a veces por una caída o una flecha, pero la mayoría de las veces son causadas por agentes externos. Cuando llegaron las epidemias de los blancos, la gente se enfermó y no entendió por qué, después de todo no habían hecho nada transgresor contra los animales, los espíritus, no vieron signos de brujería y los chamanes no podían curar. En general, los chamanes tuvieron mucho éxito en la curación de enfermedades, debido a su capacidad de negociar como los animales, con los espíritus, traen las almas de las personas que llevaban.

Con eso, se curaron a sí mismos. Con estas epidemias, la gente moría en cantidad y los chamanes no podían ver las causas de las enfermedades. David Kopenawa dice que las epidemias eran, para los yanomami, enfermedades que no se conseguían curar. Los yanomami relacionan las epidemias con la fiebre del oro y la invasión de su tierra. El creador, Omama, sabía que este metal era maligno y por eso lo escondió dentro de la tierra, la misma tierra que la gente está cavando. El humo liberado por el metal que sale de la tierra causa las epidemias.

Cada grupo indígena tiene una explicación, una comprensión de las epidemias, que les afectan en diferentes momentos y en diferentes condiciones.

Ricardo Machado: ¿Cómo se caracteriza el genocidio de los pueblos indígenas en Brasil?

Aparecida Vilaça: Históricamente los indígenas siempre han sido vistos como diferentes y como «objetivos», sujetos a ser eliminados, ya sea por avistamiento de rifles, o por brotes epidémicos, incluso por ropa contaminada lanzada desde avión. Siempre ha existido un interés en eliminar a los indios de alguna manera, por varias razones, entre ellas porque son diferentes y, en nuestra sociedad occidental, la diferencia siempre debe ser erradicada, ya sea por eliminación física o por transformación en un igual. Pero no es un igual sino un igual sumiso, porque no es la competencia lo que quieren los que promueven el exterminio. Es una aversión a la diferencia y los indígenas representan esta diferencia. Además, hay un factor agravante: los pueblos indígenas tienen garantizado constitucionalmente el disfrute de territorios que siempre han sido codiciados. La persecución de estos grupos siempre ha sido por intereses económicos, aliados al odio, a la diferencia.

Los «Wari», en los años 50, dicen que los seringueiros (pandillas de extractores de caucho: ndt) avanzaron sobre sus territorios al amanecer, a propósito cuando la gente estaba durmiendo, con ametralladoras y exterminaron pueblos enteros. Hay informes, hechos por Don Roberto Arruda, obispo de Guajará-Mirim, que participó en los primeros contactos con los Wari’ en 1961, de que personas enviadas por los caucheros para matar a los indios, arrojaron bebés y los dejaron caer en un machete para ser cortados por la mitad. Y este es justo el tipo de crueldad que se le hizo a esta gente además de ametrallarles. Es una política de exterminio que también es un etnocidio, donde terminas con un pueblo, con un idioma, con una etnia.

El respeto a los pueblos indígenas se convirtió en una garantía legal con la Constitución de 1988, pero con la llegada del gobierno que asumió a principios de 2019, vuelve al período anterior. Incluso bajo la Constitución, hay una serie de procedimientos infra-legales, como las instrucciones normativas, que son totalmente irrespetuosas y tienen como objetivo el exterminio de estos pueblos.

Varios representantes del actual gobierno han hablado abiertamente y han hecho una serie de declaraciones en las que abogan por la asimilación de los indígenas, que deben ser catequizados, lo que es una visión de principios del siglo pasado y que fue superada hace muchos años. La importancia de estas culturas y de la diversidad, más allá del derecho a ejercer su autonomía, es algo que se constituye y solidifica. Aparte de las instrucciones normativas, el discurso de funcionarios del gobierno en relación con las tierras indígenas, fomentando el garimpo, señalando que las invasiones serán legalizadas, está promoviendo una ola de falta de respeto y asesinato que, al menos hace medio siglo, no se veía tan agresivamente. Estamos en un momento muy serio de regresión.

Ricardo Machado: Cuando la acción del gobierno contra estos pueblos no es operativa, se debe deliberadamente a una inoperancia perjudicial, como lo fueron los vetos del presidente a la ayuda de emergencia para los pueblos indígenas, enviados a Congreso el 8 de julio…

Aparecida Vilaça: Es una cosa escandalosa. Para empezar, en los últimos años se ha producido una creciente reducción de los recursos de los distritos sanitarios indígenas, es decir, de las unidades sanitarias de estos pueblos. En este momento de crisis, ellos (los indígenas) se encuentran sin camas, sin suficientes médicos, sin recursos para transportar a los enfermos. La situación es absolutamente grave. La salida que han encontrado los propios indígenas es la asociación con entidades civiles, con organizaciones no gubernamentales o incluso con ciertas personas conocidas, como Sebastião Salgado, para lanzar campañas de petición de ayuda. Los enfermos no pueden trabajar -en la granja, la caza o en otros trabajos-, los sanos no pueden abastecer a todo el mundo y no pueden viajar a la ciudad para evitar la contaminación.

Necesitan suministros y materiales de higiene para llegar a ellos, algo que no se está haciendo. El proyecto de ley 1142/2020, que preveía la prestación de ayuda de emergencia a los pueblos indígenas, los quilombolas (habitantes de los quilombos, comunidades negras originarias de la época esclavista: ndt) y otras comunidades tradicionales, fue sancionado por el Presidente con 13 vetos, que incluían incluso el derecho de acceso al agua potable. El desconocimiento de la situación de los indígenas que prevalece en la esfera institucional federal, especialmente en la Secretaría de Salud, hace suponer que tienen acceso al agua potable, pero se olvidan de muchos casos en los que éste no existe. La caída de la represa de Mariana, Minas Gerais, por ejemplo, afectó a todo el Río Doce, donde viven los Krenak, cuya agua ya no es potable. En este momento de crisis, los indígenas necesitan tener acceso al agua potable, lavarse las manos, el cuerpo y comer algo. Así que necesitan ayuda para llegar a ellos sin tener que viajar a la ciudad, arriesgándose a ser contaminados, para conseguirlo.

Son las asociaciones entre los pueblos indígenas y la sociedad civil las que marcan la diferencia hoy en día. Para los que me preguntan cómo ayudar, siempre indico que visiten la página del Instituto Socioambiental sobre el covid-19, donde hay datos numéricos actualizados diariamente sobre la infección entre los indígenas, y busquen la sección que presenta las iniciativas indígenas, con los enlaces a estas asociaciones, que explican su trabajo y dan cuenta de los recursos donados. De esta manera, algunas personas de las asociaciones pueden comprar suministros y llevarlos a los pueblos para que estos indígenas permanezcan aislados. En la segunda quincena de julio, la Articulación de Pueblos Indígenas de Brasil – Apib informa que se han producido 544 muertes entre los indígenas y que la epidemia ya ha alcanzado a 137 pueblos.

Ricardo Machado: Desde el punto de vista del proyecto político, ¿qué indican las actitudes del gobierno federal?

Aparecida Vilaça: Estas actitudes indican un interés por la expropiación y el uso de los territorios indígenas. Esto se hace a través de un discurso trucado, con declaraciones de que el interés de los indígenas es vivir en la ciudad, que no puede ser olvidado en el bosque. Este es un argumento falso, impugnado por los principales líderes indígenas y todas las voces indígenas que han hablado de ello. Desde la campaña presidencial ha habido un discurso explícito y claro de desprecio y falta de respeto por los pueblos indígenas. Un prejuicio estrecho de miras y criminal, que va desde el presidente (Bolsonaro) hasta el ministro de Medio Ambiente, la ministra de la Mujer, la Familia y los Derechos Humanos, el ministro interino de Salud, entre otros.

Además, existen censuras de todo tipo a los funcionarios de estos organismos en su conjunto, como se vio en el caso de la destitución del director del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales – Inpe, y del Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad – ICMBio, en la prohibición de divulgación de datos sobre la deforestación. También se ha desmantelado la Fundación Nacional del Indio (FUNAI), un importante órgano de protección de los derechos y el bienestar de los indígenas. Los puestos de dirección de las diferentes sedes se vienen trocando por personas sin experiencia con los indígenas. Parece que todo está bien, que se mantienen los organismos gubernamentales, que hay una preocupación gubernamental por la preservación del medio ambiente y de los pueblos indígenas, pero se están erosionando desde dentro, incapaces de llevar a cabo sus funciones públicas, aquellas para las que fueron creados.

Incluso los indígenas están siendo censurados, como en el caso de las amenazas a los yanomami que denunciaron el vertido de cloroquina en los pueblos.

Ricardo Machado: ¿Qué significa para los indígenas «volverse blanco» y cómo esto difiere radicalmente de la perspectiva propuesta por nuestros gobernantes y su proyecto de expoliación?

Aparecida Vilaça: El interés de los indígenas por nosotros no es precisamente por nuestra forma de vida, porque desaprueban mucho nuestra moral, es decir, la forma en que nos relacionamos, nuestra avaricia, el hecho de que haya gente hambrienta al lado de los ricos, que los ignoran. Pero por supuesto que están interesados en nuestras tecnologías, cosas que quieren llevar a las aldeas para hacer cambios en sus vidas, pero totalmente anclados en sus tierras, sus formas de vida. El hecho de que el indígena quiera llevar gafas de sol o usar nuestra ropa no tiene nada que ver con el hecho de que quiera volverse blanco o, menos aún, con un certificado de que ya no es indígena. Los indios hablan de ello todo el tiempo, cuestionando la opinión de los demás de que «¿si estudio en una universidad y llevo ropa y una beca, no soy un indio?», «¡tengo mi lengua, mis parientes en el pueblo!”. No hay ningún proyecto o deseo de los indígenas de «volverse blanco» como un proceso gradual de transformación; es una idea absolutamente equivocada. Es interesante que para nosotros no vale la pena esta lógica que tratan de aplicar a los indios. Usamos pantalones jeans de origen norteamericano, nuestros hijos aprenden inglés en la escuela, y no decimos que la gente se está volviendo norteamericana. Sólo se aprovechan de las cosas que otras culturas ofrecen para traerlas a su propio mundo. Los indígenas hacen lo mismo, quieren tener acceso a las cosas, pero quieren seguir viviendo en su mundo, que es muy diferente del nuestro, especialmente en términos relacionales y morales.

Me gustaría terminar diciendo que aunque mi libro Morte na Floresta traiga informaciones tristes y habla de este tiempo de terror que estamos viviendo y que los indígenas han estado viviendo durante cinco siglos, el último capítulo del libro es el capítulo de la esperanza. Allí trato de mostrar lo que los indígenas están hablando sobre las epidemias, sobre la destrucción de la naturaleza, con voces como David Kopenawa, Ailton Krenak y Raoni, advirtiéndonos sobre lo que estamos haciendo y cómo esto nos lleva a un callejón sin salida. La situación en la que ponemos nuestra Tierra, el calentamiento global y las migraciones resultantes y todos los problemas de la pobreza extrema, las guerras y las disputas, transforman el planeta y las relaciones sociales en relaciones enfermizas. Los indígenas dicen que hay otras formas de hacer, de equilibrar, de relacionarse con otros seres, porque estamos todos juntos. No sirve de nada decir que no tiene nada que ver con la muerte de las abejas porque viven en la ciudad y no ven abejas, porque todo está junto, el exterminio de las abejas implica una cadena de relaciones, y al final es la propia plantación de soja o de maíz, el monocultivo, en definitiva, la que sufrirá. No hay posibilidad de una agricultura no sustentable que no piense en el equilibrio del medio ambiente en su conjunto, simplemente porque está condenada al fracaso a medio y largo plazo.

Estamos perdiendo la noción de ecosistema, de que todo está interconectado, porque sectorizamos todo y creemos en la idea de que somos capaces de someter y explorar la naturaleza, pero esto tiene que parar. Lo que el planeta nos muestra es que la exploración tiene límites y que se han alcanzado. Tenemos que prestar atención a lo que los pueblos indígenas, no sólo del Brasil, sino de varios lugares, están hablando, que estamos completamente equivocados en nuestra relación con la naturaleza y con otros pueblos, especialmente los que son diferentes a nosotros, y que debemos cambiar. La discusión en el último capítulo gira en torno a esta posibilidad de reconexión y los caminos que podemos tomar, claramente expresados en las enseñanzas indígenas. Los que sobrevivan podrían utilizar la pandemia como una enseñanza, por traumática que sea, para que finalmente busquemos actuar y cambiar el curso de las cosas. Si tenemos tiempo para revertir todo eso, por supuesto. Pero donde estamos, sólo podemos intentarlo, urgentemente.

Tomado de Correspondencia de Prensa/ Fuente (del original): Instituto Humanitas Unisinos/ Brasil/ Foto de portada: EFE.

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Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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