Covid-19 en Cuba y Miami: Balance no publicable

En marzo, el alcalde del Condado de Miami-Dade pedía suspender los vuelos con Cuba por un supuesto riesgo sanitario (1). Hoy, con una población cuatro veces menor, Miami-Dade tiene 30 veces más casos positivos y fallecimientos por Covid-19 que Cuba. Que es el país de la región con el menor número relativo de muertes (6). Cien veces menos, por ejemplo, que Perú.

Nada que leamos en la prensa corporativa. La que celebra que EEUU “confisque” buques iraníes con gasolina para Venezuela o “incaute” los sitios web de sus petroleras. Y que habla del “desafío a EEUU” si Irán burla el bloqueo y consigue entregar combustible a Caracas mediante “un carguero camuflado”. Son los medios que informan de colas y apagones en Venezuela, sin relacionarlos con el cerco de EEUU, causa de la caída a la mitad de las exportaciones del país, o con la retención de 4.500 millones de dólares de sus fondos públicos por orden de Washington.

En El País leemos sobre los llamados “prostibares” en la Triple Frontera entre Colombia, Perú y Brasil . Redes de explotación sexual de mujeres y niñas, tráfico de droga y de recursos naturales, trabajo esclavo… que no tienen culpables. Pero ¿se imaginan que esto ocurriera en una comunidad rural de Cuba? ¿Verdad que entonces sí sería un “desastre del sistema”?

Contra Bielorrusia, la prensa occidental actúa como portaviones propagandístico de la OTAN (17). Sus tropas amenazan a aquel país desde Lituania. Cuyo gobierno ha encarcelado, declarado “persona non grata” y expulsado a un profesor catalán, Miquel Puertas. Su delito: publicar en Facebook que los héroes ensalzados por la propaganda gubernamental de Lituania fueron colaboradores del nazismo. Pero no leerán una línea de esto en la gran prensa española.

Prensa que nos habla de “injerencia” de Rusia en Bielorrusia, mientras aplica la ley del silencio sobre las dos bases militares de EEUU en territorio español. Que exige “libertad de expresión” en Cuba, mientras apoya el despido de un futbolista de Primera División, Unai Etxebarria, por mostrar una camiseta de apoyo a jóvenes vascos víctimas de un montaje policial. A la vez que arropa a un jugador neonazi, el ucraniano Roman Zozulya, rechazado por su propia hinchada. Son los medios españoles que dan lecciones de “democracia” a Venezuela, mientras protegen, con su silencio, la huida del rey Juan Carlos I a Emiratos Árabes, tras destaparse su historial de corrupción.

Que en prisiones de Turquía, en lo que va de año, hayan muerto cuatro personas en huelga de hambre, la última la abogada comunista Ebru Timtik, no genera escándalo mediático. Tampoco que, anualmente, mueran 200 personas en las cárceles españolas. Pero ¿verdad que cambia la cosa si una sola fallece en Cuba?

La multinacional AstraZeneca y la Universidad de Oxford interrumpieron los ensayos de su vacuna contra la Covid-19, debido a la “enfermedad sin explicación” de un voluntario (29). Pero la prensa de la Unión Europea -que ha contratado, recordemos, 300 millones de dosis de la vacuna- nos habla de una “acción de rutina”, prueba de la “seguridad y transparencia” y de “los más altos estándares éticos y científicos” aplicados. ¿Se imaginan cómo cambiaría su relato si se tratara de la vacuna rusa, que esta prensa acusa de no ser “segura”, de plantear “dudas” o de producir “efectos secundarios”?

Un camión con carne se avería y es asaltado por personas de un barrio humilde. Es un suceso repetido, en los últimos meses, ¿en qué país? ¿En Venezuela? ¿En Cuba? No, en el Brasil de Jair Bolsonaro. Y por eso… no será noticia internacional.

Tomado de Cubainformación/ Foto de portada: Trabajadores desempleados protestando en Miami Beach (Florida, EEUU) durante la pandemia de coronavirus. Foto: Cristóbal Herrera / EFE.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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