Trump o el presagio de la caída imperial

Por Hedelberto López Blanch.

La mayoría de los imperios en la historia de la Humanidad se han autodestruido por la avaricia de los emperadores debido a sus ansias de conquistar más países, obtener abundantes riquezas y doblegar por desgaste económico o por la fuerza a otros pueblos.

Así ocurrió con diferentes imperios: egipcio, griego, bizantino, romano, otomano, asirio, Kushán, Antes de Nuestra Era o los de España, Portugal, Francia, Inglaterra, Astro-Húngaro y Alemania, por citar algunos, en tiempos más modernos.

Ahora, el más poderoso de la historia de la Humanidad, el imperio estadounidense, con el presidente Donald Trump a la cabeza, esta señalando un derrotero que lo lleva al aislamiento mundial y a su consecuente debilitamiento.

Como ha definido el filósofo Noam Chomsky, “una posible reelección de Donald Trump sería una crisis final, terminal, que puede tener consecuencias muy serias”.

Sentenció que con Trump se han exacerbado crisis muy fuertes: “catástrofes ambientales, amenaza de una guerra nuclear, la pandemia, destrucción de la democracia y el riesgo de una guerra civil” en Estados Unidos.

En una de sus últimas acciones y con la prepotencia característica del imperio, el régimen estadounidense acaba de amenazar con “sanciones” a la Organización de Naciones Unidas si no se cumplen las extorsiones que ha impuesto contra el gobierno de Irán, las cuales fueron rechazadas recientemente por el Consejo de Seguridad.

El régimen trumpista al no poder alcanzar sus prepotentes objetivos, se retiró de los acuerdos sobre cambio climático alcanzados en la Cumbre de París; abandonó su membresía en la UNESCO y en la Organización Mundial de la Salud.

La obsesión imperial por derribar gobiernos que no aceptan los dictámenes de la Casa Blanca lo enfurecen hasta el grado de tratar de imponer sus designios por cualquier método.

La lista de arbitrariedades cometidas se alarga a diario lo que aumenta el desmedro del régimen de Trump en la arena internacional. Citaré algunos otros.

Desde su llegada a la Casa Blanca incrementó el bloqueo económico y financiero contra los gobiernos de Cuba y Venezuela. Esta última, además, bajo constantes ataques terroristas contra sus instalaciones económicas y sociales, fallidos golpes de Estado, magnicidio y amenazas de una invasión militar por parte de Estados Unidos y sus aliados.

En el decursar de estos casi cuatro años, aplicó “sanciones” unilaterales contra más de 20 naciones: China, Rusia, Irán, Venezuela, Cuba, Nicaragua, Irán, Irak, Yugoslavia, Birmania, Zimbabwe, Bielorrusia, República Democrática del Congo, Siria, Somalia, Libia, Costa de Marfil, Líbano, Ucrania, Yemen, Sudán del Sur y también contra sus propios aliados occidentales.

Al comprender que el gobierno de China marcha a pasos agigantados a convertirse dentro de pocos años en la primera potencia económica mundial, el régimen imperial estadounidense ha lanzado una fuerte guerra comercial, financiera contra la nación asiática.

En esa misma dirección ha tratado de cerrar con extorsiones a la Federación Rusa por la política multilateral y soberana que ha mantenido el gobierno de Vladimir Putin.

Con la intención de que varios países europeos se vean obligados a detener la construcción del gasoducto Nord Stream 2, que abastecerá a esas naciones de combustible ruso mucho más barato que el procedente por barco desde Estados Unidos, la Casa Blanca ha impuesto “sanciones” contra decenas de compañías y bancos del viejo continente.

A base de presiones y chantajes, impuso la reelección del archireaccionario Luís Almagro en la Organización de Estados Americanos (OEA) y con esos mismos ardides colocó al ultraderechista Mauricio Claver-Carone al frente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Contra la inmensa mayoría de las naciones del orbe y de las resoluciones de ONU, firmó un acuerdo con Israel para que continuara anexándose territorio palestino, presionó a varios países árabes para que signaran relaciones con los sionistas y declaró a Jerusalén como la capital de Israel.

Ahora, con la intención de perpetuarse en el poder aunque pierda las elecciones de noviembre próximo, Trump amenazó con no reconocer los resultados si perdiera y esta intentando imponer a un juez de su confianza en el Tribunal Supremo en sustitución de la recién fallecida jueza Ruth Bader Ginsburg, lo que le garantizaría cualquier loca decisión que pudiera tomar el magnate.

La gestión de Trump está marcando, inexorablemente, el declive del imperio estadounidense, lo que a la vez convierte a esa administración mucho más agresiva, a la semejanza de la Alemania hitleriana. Hay que preservar al planeta de tan desastrosa amenaza.

RL / Foto de portada: Reuters

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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