Un aniversario y las agresiones contra Cuba (VI)

Por José Luis Méndez Méndez.

En 1980 al resultar electo el republicano Ronald W. Reagan como nuevo Presidente de los Estados Unidos, se disiparon todas las perspectivas de mejorar las relaciones con Cuba, que no se había logrado en los cuatro años de administración demócrata precedente.

El 14 de abril de 1980, el Comité de Relaciones con el País Huésped, remitió a la Misión Permanente de los Estados Unidos ante la ONU, copia de la nota diplomática de denuncia enviada al mencionado Comité, por la Misión de Cuba ante la ONU, donde protestaba por la colocación de la bomba, que estalló en su sede el 27 de octubre de 1979 (1).

Dos días después,  una nota de prensa del Departamento de Información de la ONU en Nueva York, publicaba un mensaje del Secretario General por medio de su vocero, donde deploraba de manera enérgica los actos de violencia contra la Misión cubana, que ponen en peligro la vida de sus funcionarios y de los civiles que viven en el vecindario (2).

El neoconservadurismo y los planes para producir cambios políticos en Europa se incrementan y el terrorismo de Estado, ocupa su lugar contra la presencia internacionalista de tropas cubanas en África, así como la estrategia de derrocar gobiernos afines a la Revolución, como Granada, Panamá y la Revolución sandinista en Nicaragua.

De inmediato se comienza a gestar la llamada Fundación Nacional Cubano Americana, FNCA, organización contrarrevolucionaria, que se sería al año siguiente un engendro batistiano, elitista, terrorista, mafioso, que surge como un aparente grupo no lucrativo de presión y de poder para cabildear y producir cambios en Cuba. En realidad tenía, de manera secreta, un grupo integrado por terroristas de larga data en operaciones contra Cuba, listos para ejecutar actos violentos y dinero suficiente para financiarlos.

El flamante mandatario estadounidense fomentó la creación de la mencionada FNCA, en cuya junta directiva se encontraban connotados agentes de la CIA de origen cubano. Aprobó, en su primer mandato, además, la creación de la emisora subversiva Radio Martí, para fomentar la contrarrevolución al interior de la sociedad civil cubana, y diseñó una operación psicológica, denominada Proyecto Verdad, a cargo de la Agencia de Información de Estados Unidos (USIA) para desencadenar acciones de subversión política contra el socialismo.

Los asesores de seguridad nacional de la Administración Reagan estimaron que era necesario golpear a Cuba como supuesta gestora del movimiento revolucionario en América Latina, y cuyo apoyo contribuía a consolidar la independencia en Angola, al tiempo que se solidarizaba con otros movimientos revolucionarios africanos.

Las intenciones de atentar contra la vida de los representas cubanos tomó prioridad. Durante seis meses el embajador de Cuba ante la ONU Raúl Roa Kourí fue mantenido bajo una constante vigilancia por parte de varios terroristas de origen cubano encabezados por el criminal Eduardo Arocena Pérez, gestor y principal de la organización terrorista Omega-7, quien tenía la misión de fraguar su muerte y de otros diplomáticos cubanos acreditados ante ese organismo internacional.

Este seguimiento de los terroristas no pudo escapar al permanente control que el FBI, tenía sobre el personal cubano acusado de realizar actividades ajenas a su condición diplomática. Lo hacían de manera ostensible, para lograr un efecto intimidatorio, disuasivo y desestabilizador. Se iniciaba, en ocasiones, desde la salida de sus viviendas, cuando se dirigían a la sede de la ONU, los esperaban y se mantenían apostados cerca de la Misión cubana en acecho. Este método se combinaba con llamadas amenazadoras e insultantes a los teléfonos de la sede, que obviamente debían estar bajo supervisión policial de forma permanente. Sin embargo los criminales pudieron desarrollar sus planes sin ser molestados hasta alcanzar un nivel de ejecución muy peligroso.

Entre el mencionado asesinato cometido por Pedro Remón Rodríguez del emigrado cubano Eulalio José Negrín en noviembre de 1979, precisamente ante los ojos de su hijo Ricardo de 12 años, y el del diplomático Félix García el 11 de septiembre de 1980, se fraguó la muerte del Embajador de Cuba ante la ONU, Raúl Roa Kourí.  Todos estos sucesos ocurrieron en los últimos años de la administración de James Carter, en abierto desafío a las frustradas intenciones de un acercamiento entre ambos países.

Así, 25 de marzo: los terroristas de Omega-7 Eduardo Arocena y Pedro Remón Rodríguez colocaron una bomba con un dispositivo magnético debajo del tanque de gasolina del auto del embajador cubano, pero esta se cayó sobre el asfalto y no pudieron accionar el mecanismo de control remoto. Era la misma bomba que estos individuos intentaron utilizar contra el Presidente Fidel Castro Ruz, en ocasión de su visita a Nueva York el 8 de octubre de 1979, operación que fue suspendida (3).

Fueron cómplices, además, de esta conjura los terroristas Eduardo Losada Fernández, Andrés García y Alberto Pérez, este grupo bajo la supervisión de Arocena, seleccionaban los blancos que serían atacados, por lo general representaciones de Cuba, o de países que mantenían relaciones con la Isla.

En el caso del Embajador cubano, fue sometido a seguimiento, las veinticuatro horas, se tomaban fotos, se seguía la rutina del diplomático, todos los datos se discutían y conservaban. El equipo de sicarios ya mencionado fue ampliado con la participación de los terroristas Alberto Pérez y José García.

El artefacto fue colocado en el auto mientras estaba parqueado con su chofer a bordo, fuera de la Misión diplomática aproximadamente cuarenta y cinco minutos antes del incidente que se relatará. La acción la realizó Pedro Remón. Los terroristas  utilizaron un camión y una camioneta que pertenecía a Eduardo Losada Fernández para bloquear la zona frente al vehículo mientras se colocaba el artefacto magnético pegado al tanque de la gasolina.

La bomba fue preparada por el terrorista Ramón Saúl Sánchez Rizo y Lino González. Esta descripción aparece en el documento del FBI No. 11217-11221 del 6 de octubre de 1982, redactado por el detective Robert Brandt y el agente especial Larry E. Wack y obra en el expediente NY 185-1009.

Otros artefactos explosivos para ser accionados por control remoto, fueron armados por los mencionados en una habitación alquilada por el terrorista Eduardo Ochoa, en el hotel Jet Port HolidayInn., de la Ruta 1, en la ciudad de Newark, Nueva Jersey y guardados en los altos del trabajo de Losada Fernández el ya mencionado Fruit Meat King.

El principal de Omega-7, describió en su juicio, que cerca de las nueve y treinta del día escogido, colocaron la bomba y que el chofer del embajador al tratar de poner en movimiento el auto, tropezó con otro estacionado y la bomba se desprendió y cayó al pavimento. La vecindad de la calle 81 y la avenida Madison, era tranquila, pero había una escuela cerca.

El 19 de septiembre de 1980, se publicó en The New York Times una carta enviada al Director por el neoyorquino Whitney  I. Gerard, con el título “Antes que Omega-7 ataque de nuevo”. En uno de sus párrafos decía: «Diagonalmente, a través de la calle, frente a la casa del Embajador Roa, está la Escuela Pública No. 6. Las aceras están repletas de cientos de niños, cinco días a la semana». «Los asesinos anunciaron que el Dr. Raúl Roa será el próximo en ser asesinado y esta no es una amenaza infundada».

Referente a este intento, un agente del FBI, declaró que su oficina en Nueva York, fue informada por el escuadrón antiexplosivos del Departamento de Policía de la ciudad, que una bomba de control remoto conteniendo explosivos de alto poder había sido encontrada en la vecindad del Este y la calle 81 en el barrio de Manhattan, cerca de las ocho de la mañana del 25 de marzo y había sido desarmada por efectivos del escuadrón.

El análisis del artefacto explosivo mostró que la bomba contenía C-4, un potente explosivo de uso militar, dos capsulas detonantes y un cordón detonador. El mecanismo de control remoto, era de los empleados para aéreo modelaje, que tenía seis interruptores para activarlo.

El material explosivo y la cápsula detonante fueron sustraídos del almacén de la organización terrorista Movimiento Nacionalista Cubano, MNC en Nueva Jersey. Los complotados en esta agresión fueron: Arocena, Losada, Remón, García y Alberto Pérez.

Se determinó que Arocena y otros miembros de Omega-7, colocaron la bomba debajo del automóvil del representante de Cuba ante las Naciones Unidas. Para sustentar esta afirmación el propio terrorista informó el 26 de septiembre de 1982 declaró, que él personalmente había transportado la bomba desde Nueva Jersey hasta Nueva York en un automóvil alquilado en Nueva Jersey. Durante el juicio se mostró que el día antes, el criminal lo había rentado en la agencia Avis-Rent-a-Car ubicada en el aeropuerto de Newark, por medio del contrato No. 310651835. El auto fue devuelto el propio día del intento de asesinato a las tres y veinticinco pasado meridiano, después de recorrer 219 millas, suficientes para ir a Manhattan y regresar a su lugar de origen (4).

La bomba fue entregada a Pedro Remón, quien la colocó debajo del auto del Embajador, que estaba estacionado frente a la Misión cubana, aproximadamente cuarenta y cinco minutos antes (5). Lugar que los terroristas habían ubicado como resultado de las semanas de vigilancia. La instalación la hizo él, con el apoyo de Eduardo Losada Fernández, Andrés García y Alberto Pérez, para ello Losada, colocó un camión de mudanza en una posición que bloqueaba la vista hacia donde Remón la instalaba. Se colocó cerca del tanque de combustible para ampliar el efecto destructivo al estallar. El chofer del embajador estaba sentado al volante en ese momento, en actitud de espera.

Después los cinco  conjurados esperaron que el auto se pusiera en marcha, debía ser detonado cuando se incorporara a la vía rápida Franklin Delano Roosevelt, pero el vehículo se dirigió y estacionó en la calle 81 Este. Al aparcar el auto chocó contra el contén,  la bomba se cayó al pavimento y perdieron el control sobre ella y se retiraron sin detonarla, ya que había escolares cerca del lugar.

El jefe de Omega-7 y Pedro Remón observaban aproximadamente a las 9:30 a.m. del 25 de marzo de 1980, desde la vecindad de la calle 81 Este y la avenida Madison. Ellos mantenían la vigilancia sobre el vehículo del embajador con el chofer dentro y después supieron que la bomba se había caído del auto. Añadió, que hubo un momento cuando la bomba estaba en el piso, que Roa mismo y el chofer estuvieron muy próximos al artefacto, pero surgió un inconveniente inesperado, había demasiados niños caminando cerca para accionar el mecanismo de disparo.

Él tenía el mecanismo en posición de disparo, mientras que Remón lo observaba. El terrorista aseguró, que no hubiera detonado el mecanismo debido a los niños, sin embargo, Pedro Remón era enfático e insistía en que se detonara la bomba. Arocena se negó y después canceló la operación.

Durante ese año y en los siguientes los planes para asesinar diplomáticos cubanos acreditados ante la ONU, persistieron con una peligrosidad insospechada y a la sombra de las autoridades estadounidenses encargadas de la ley y el orden.

Continuará…

Notas

(1) Para más información se puede consultar el documento A/AC.154/193 con fecha 14 de abril de 1980.

(2) Para más información se puede consultar el documento SG/SM/2821 del 29 de octubre de 1979.

(3) Para más información consultar “BombFound at Car of Cuban Diplomat”, New York Times, 26 de marzo de 1980

(4) Así consta en el Exp. No. 199-296 con fecha 8 de abril de 1983. Páginas 1192-1195

(5) Así consta en el folio 11217 del sumario del juicio.

RL/ Foto de portada: Archivo Omega 7.

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cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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