Un aniversario y las agresiones contra Cuba (VII)

Por José Luis Méndez Méndez.

Durante el juicio contra las numerosas acciones criminales ejecutadas por la banda Omega-7, su jefe Eduardo Arocena, declaró que los planes de atentar contra las funcionarios cubanos siguieron, no sólo contra alguno en participar, sino contra varios, en espera de la mejor oportunidad y el momento adecuado. Los delincuentes estaban ávidos de protagonismo, de imponerse por medio del terror, esa había sido su línea de acción mantenida desde su creación.

Durante las indagaciones en las vistas del juicio oral, Arocena, sin arrepentimiento, describió el procedimiento asesino, que de forma meticulosa aplicaba su gavilla. Se recopilaba información sobre los movimientos de los diplomáticos durante cincuenta días, todo se registraba por los hombres que integraban el grupo de Pedro Crispin Remón Rodríguez, terrorista veterano en esas lides y del cual las autoridades estadounidenses encargadas de mantener la ley y el orden, acumulaban un extenso prontuario de sus actos, pero solo eso, el criminal actuaba con total impunidad y seguridad. Este fanático estaba al frente de Omega-7 en la ciudad de Nueva Jersey.

El homicida testificó, que el plan inicial era asesinar a cuatro representantes cubanos. Un grupo de sicarios tenía a cargo de todo el proceso, desde el seguimiento hasta el asesinato.

El criminal Arocena, fue acusado de más de treinta cargos, del uno al cinco, estaban relacionados con el plan contra el compañero Roa Kouri, incluido la conspiración para asesinarlo. También se valoró la peligrosidad de los terroristas, que transportaron potentes explosivos entre varios Estados, su posición y preparación de un artefacto dinamitero. Todo lo conocido fue suficiente para establecer que existía un acuerdo para matar al Embajador y a otros funcionarios. Arocena era el cerebro de los planes y decisor en su ejecución.

El jueves 11 de septiembre, la fase ejecutiva para asesinar a diplomáticos cubanos estaba en pleno desarrollo y la orden de actuar estaba dada, era el homenaje de la banda criminal a los fascistas chilenos en el aniversario del golpe castrense, estaba además concordancia con las de actuar contra los representantes cubanos. La Misión cubana ante la ONU, era una prioridad.

Los terroristas  de Omega-7 salieron a cazar. Tres de los funcionarios seleccionados y estudiados para ser ultimados, según Arocena,  regresaron a la Misión cubana y no se dieron las condiciones propicias para matarlos antes. El día avanzaba y el tiempo se agotaba. Entonces observaron, que uno de ellos, había salido de la sede, era cerca de la media tarde y sobre él se centraron todos los recursos previstos.

Era el diplomático  Félix García Rodríguez, quien  se desempeñaba como agregado a cargo de la prensa, quien ese día, en la mañana,había conmemorado con  exiliados chilenos el séptimo aniversario del golpe de  Estado contra el presidente Salvador Allende. Ese fue el último deber que cumpliría.

Los terroristas intuían que el seleccionado los llevaría hacia otros diplomáticos, pero no ocurrió así. Arocena, quien supervisaba la operación observó que el diplomático se dirigía a una parte poco concurrida del condado neoyorquino de Queens, llegó a un lava autos cercano a la avenida Roosevelt. Matarlo era una decisión, pero esta debía hacerse en un lugar céntrico de Nueva York, para lograr un impacto mediático mayor, el hacerlo en este barrio en una zona poco concurrida, perdía el efecto que se perseguía.

Entonces, Arocena declaró haber perdido el control visual sobre el grupo ejecutor, pero antes trató de interrumpir el plan, para ello chocó de manera intencional el auto, que había sido robado en el área norte de Nueva Jersey  y en el cual se movilizaban los otros tres terroristas, como señal de corte de la actividad. Por qué lo hizo y cuáles fueron los supuestos efectos disuasivos es aún enigma, su condición criminal sugiere que así lo declaró para minimizar su responsabilidad en el crimen.

Habían robado autos en el Estado de Nueva Jersey, también alquilado otros para utilizarlos en Nueva York; después de empleados el protocolo homicida establecía abandonarlos a cierta distancia para despistar a las autoridades en caso de ser descubiertos. Las armas estaban disponibles y la decisión tomada.

Entonces, el cabecilla dijo haber regresado en el auto alquilado al aeropuerto de Newark, Nueva Jersey. En el momento en que sus hombres asesinaban a Félix García Rodríguez, en la esquina de Queens Bulevard y la calle 55, él se encontraba alejado de ese lugar. Miró el reloj, eran las 06.30 de la tarde, según testimonió en una de las sesiones del pleito (1).

El sicario Arocena, fue informado que el verdugo ejecutor  había sido Remón, quien de forma certera y letal alcanzó la cabeza del funcionario con dos disparos, mientras Lozada conducía y Andrés García, lo apoyaba.

Para afirmar el rigor histórico de cómo se cometió el atentado, el criminal precisó, que en el ataque no se utilizó una moto como se había divulgado en las versiones iníciales después del hecho, se disparó desde el auto, que se detuvo justo al lado del conducido por Félix García, quien esperaba el cambio de luces en el semáforo para continuar, sin haber advertido que la muerte lo acechaba. Como resultado de los impactos de bala, su cabeza se ladeó a la derecha, perdió el control del vehículo que conducía y este colisionó con otro.

Para hacer un balance del asesinato y aprender de las experiencias del acto criminal, Arocena y el grupo asesino se reunió en el parque ubicado en el Fruit Meat King, en la ciudad de Newark, Nueva Jersey, en ese negocio trabajaba Eduardo Losada.

Por medio de una llamada a la agencia de prensa estadounidense AP (2), un interlocutor anónimo reivindicó el crimen a nombre de Omega 7, calificó a la víctima de «comunista» y se tomó el tiempo de precisar que la próxima víctima sería otro cubano, Raúl Roa Kouri, el embajador de Cuba ante la  ONU, deletreando el nombre. Durante el proceso judicial la voz fue individualizada e identificada como la de Pedro Remón. También llamaron a la UPI, para ser más explícitos: “Nosotros intentamos seguir eliminando a todos esos traidores de la faz de la tierra y nosotros continuaremos ejecutando todas esas personas que son responsables por las condiciones en Cuba” (3). En el comunicado se deslizaba un dato, que valida el cambio de modalidad o la prioridad por el asesinato. ”Nosotros no comenzamos ayer, nosotros comenzamos hace varios meses atrás con los explosivos plásticos”. Se refería al intento del 25 de marzo contra el embajador Roa Kouri.

Las circunstancias de ataque fueron rápidamente establecidas por varios medios de prensa, que coincidían en que ese día, a las 6:30 P.M., Félix García, manejaba un Pontiac Grand Safari 1979, modelo stationwagon, color carmelita, con placa diplomática 599 DPL, en Queens Boulevard, a la altura de la 58th Street, en la barriada de Woodside, a unas 30 millas por hora. Era una autopista de doce carriles, con frecuencia muy concurrida. Él iba por el carril diez, según la reconstrucción hecha por los detectives en la escena del crimen.

Alcanzado por un proyectil mortal que se introdujo por el hombro para luego perforar la base del cráneo, el joven funcionario cubano cayó sin vida sobre el timón mientras el vehículo atravesaba una estación de servicio de combustible de lared Texaco para luego chocar contra un auto marca Volkswagen de color azul, que salía del lugar, su conductor resultó herido levemente y fue conducido al Elmhurst General Hospital.

El examen forense del cadáver ofreció detalles esclarecedores, el dictamen del Dr. Elliot M. Gross, jefe forense de la ciudad, dijo que la víctima no había sido herida a corta distancia y su muerte se produjo de inmediato.

Sobre la cantidad de disparos, se estableció que fueron tres de calibre 45, uno fatal y dos que impactaron en el auto directa o indirectamente. Tres casquillos encontrados en la escena del crimen, validaron esta hipótesis.

Lo conocido, era que había serviciado su auto y visitado un negocio en el área de Woodside y después de los movimientos descritos en área cercana, se dirigía a la residencia de los esposos Valdés, que lo habían invitado. Para aseverar esta versión un empleado de la Misión, quien según la versión policial, aseguró que él había visto a Félix en la sede diplomática a las 5 de la tarde y que se dirigía a visitar a unos amigos en el barrio de Queens para cenar.

El viernes 12, sesionó la Asamblea General de la ONU, su presidente, el excelentísimo Salim A. Salim, de la República de Tanzania, expresó estar consternado e indignado por el asesinato cobarde del funcionario, este acto solo puede ser condenado con términos fuertes. Añadió: “Este es otro acto hostil de los numerosos actos de terror contra los miembros de la comunidad diplomática alrededor del mundo, en violación de los estándares internacionales de conducta”.

La reacción en los círculos de gobierno y diplomáticos en Nueva York, fue contundente. Además de las descritas, el alcalde de la ciudad Edward Koch, expresó su condolencia directamente a los diplomáticos cubanos ante la ONU. En su llamada a la Misión expresó consternado: “Se tomarán medidas para garantizar la seguridad del personal diplomático y para detener a los asesinos”.

El Secretario General de la ONU, Kurt Waldheim, envió al Comandante en Jefe, un mensaje de condolencia fechado 13 de septiembre y en cuyo texto expresaba: «Deseo expresar a usted y a su gobierno mi más sentida condolencia por la trágica muerte de Félix García Rodríguez cuyo asesinato ha causado profunda indignación en las Naciones Unidas».

El Secretario de Estado estadounidense deploró el hecho y ofreció oficialmente sus pesares al Gobierno de Cuba. «Esto es una nación de Leyes», dijo y añadió: «Condenamos el terrorismo bajo todas sus formas y estamos enfrascados en su erradicación».

Hasta Donald F. McHenry, embajador de los Estados Unidos ante la ONU, calificó el atentado de «acto cobarde», añadió que ese hecho era “una mancha para Estados Unidos, mientras se ordenaba a todos los servicios de investigación, desde la policía de Nueva York hasta el FBI, buscar y capturar a los autores del crimen».

Un año después de la comentada nota cubana dirigida al Comité de Relaciones con el País Huésped, el 14 de octubre de 1980, una vez más la Misión cubana envió otra protesta, que en resumen reiteraba, por instrucciones del Gobierno de Cuba, la serie de actos hostiles contra la sede diplomática y su personal. Además de recordar que la inacción de las autoridades para preservar la integridad física de los diplomáticos es violatoria de convenciones internacionales, de los acuerdos entre la ONU y Estados Unidos previos a instalar la sede en la ciudad de Nueva York, precisó en detalles quince hechos violentos ocurridos entre el 28 de agosto y el 10 de octubre.

En adición, en el mes de septiembre la Misión cubana recibió seis llamadas amenazadoras que anunciaban la colocación de bombas y como colofón el asesinato de un diplomático. Se denunciaba, además, que personas desconocidas han estado siguiendo a los diplomáticos y sus familiares, cuando entran y salen de la Misión, de la ONU e incluso en sus lugares de residencia, lo cual es otra violación del derecho al seguro y libre movimiento que les asiste.

En  un informe oficial del FBI, fechado el 29 de octubre 1993,  se explica cómo en diciembre de 1980, poco después de una atentado ocurrido contra el consulado cubano de Montreal, Canadá, son interceptados mientras intentaban regresar a los Estados Unidos, los delincuentes de origen cubano Pedro Remón Rodríguez y Ramón Saúl Sánchez Rizzo. Los servicios de inmigración no detuvieron a los terroristas, pero sí informaron al FBI del acontecimiento.

Primero vincularon a Remón a Eduardo Arocena, que encabezaba la pandilla usando el nombre Omar, y sus cómplices Andrés García y Eduardo Fernández Losada. Se descubrió que Remón se encontraba «en frecuente contacto telefónico» con Arocena, muchas de sus llamadas fueron situadas en el momento de los distintos crímenes de Omega 7.

Más aún —y ahí aparece Remón conectado al caso de Félix García—: «chequeos y entrevistas en agencias de alquiler de autos del Aeropuerto Internacional de Newark revelaron que Arocena y Remón alquilaron vehículos poco antes de varios crímenes de Omega 7».

Y se determinó que uno de estos autos recibió una notificación de infracción de parqueo justo frente a la Misión cubana ante la ONU, el propio día del asesinato de Félix García. El colmo: Arocena pagó la multa con un cheque de su cuenta personal.

Con tal impunidad actuaban los terroristas contra los diplomáticos cubanos al amparo de la retórica de las autoridades estadounidenses. Las agresiones siguieron en una saga mortal.

Continuará…

Notas 

(1) En un documento oficial del juicio contra Arocena Pérez, se significa que la hora de muerte fue a las 18.40 horas y como resultado de dos tiros en la cabeza. En otro significa que fue a las 18.46.

(2) Según un documento del juicio, también se produjo una llamada a la agencia estadounidense UPI a las 20.00 horas, una persona en inglés con acento hispano, se adjudicó el acto a nombre de Omega-7.

(3) Para másinformaciónconsultar, Cuban attache at U.N. is slain from ambush on Queens Road, Robert D. McFadden, The New York Times, 12 septiembre,  p. 83.

RL/ Foto de portada: Miriam Arocena, esposa de Eduardo Arocena, con la campaña por el indulto presidencial en EEUU/ Nuevo Herald/ Archivo.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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