Boca de Samá: A casi medio siglo de un ataque infame

Por José Luis Méndez Méndez.

Mientras en el mundo se evoca el 12 de octubre, como el llamado Día de la Raza, del falso descubrimiento de América y el manipulado encuentro entre dos culturas, costumbre que aunque sigue siendo popularmente utilizada en la actualidad, el nombre oficial suele ser diferente en cada país, siendo llamada Fiesta Nacional o Día de la Hispanidad en España; en Argentina, Día del Respeto a la Diversidad Cultural, también como Día del Encuentro entre Dos Mundos en Chile y Día de la Resistencia Indígena en Nicaragua y Venezuela, por mencionar algunos ejemplos, en Cuba hace cuarenta y nueve años, se conmemora con indignidad renovada el brutal ataque contra el humilde poblado de pescadores de Boca de Samá, en la localidad de Banes, en la provincia de Oriente.

El artero asalto había sido planificado durante meses, el 14 de septiembre de 1971, un grupo de nueve terroristas se infiltran por la Caleta de Tío Basilio a siete kilómetros del poblado de Boca de Samá al norte de Banes, en la costa norte de Oriente, todos son capturados. Entre sus planes estaba el estudio de la bahía, que sería atacada.

El 18 de octubre de 1971, el contrarrevolucionario José Elías de la Torriente Ajuría, declaró en el Club Nacional de Mujeres Republicanas, en la ciudad de New York, que comenzaría una guerra contra Cuba. En esta ocasión, el cabecilla explicó en detalles la agresión contra el poblado oriental, calculó que los atacantes habían causado, entre 12 y 15 bajas mortales a miembros del Ejército cubano. En realidad las personas muertas y heridas fueron menos, en su mayoría civiles, incluyendo a niños y adolescentes. 

A este nuevo engendro agresivo se le denominó: “Plan Torriente”, que consistió en un frustrado y fraudulento esfuerzo de unidad de los contrarrevolucionarios cubanos en Miami, que terminó después de numerosas pugnas internas por el control del dinero recaudado, el 14 de  abril de 1974, cuando su principal gestor y timador fue asesinado de  varios disparos en la cabeza, mientras miraba la televisión en la sala de su casa. Intentó unificar a todos los grupos violentos, al final no lo logró, pero se quedó con los fondos recaudados y eso le costó la vida.

En junio del propio año, el terrorista Orlando Bosch dijo sobre la muerte de Torriente: «Su asesinato fue una buena lección para la comunidad de exiliados, a nadie se la ocurrirá venir con teorías falsas para robar a la gente» (1). Bosch negó tener relación con la muerte pero huyó de Miami evitando su detención por ser uno de los principales sospechosos.

En un acto que se celebró el 14 de abril de 1974 en Union City, New Jersey donde estuvieron presentes varios terroristas, Uno de los oradores, Arturo Rodríguez Vives, sobre la muerte de Torriente dijo: «No es hora de llorar la muerte de nadie. Debemos recordar que en la antigüedad los griegos mataban a los traidores«. Días después, este criminal fue asesinado en su casa.

Otra organización terrorista, el Movimiento Nacionalista Cubano, por medio de uno de sus voceros sentenció: “Torriente es el máximo responsable de la decadencia de la contrarrevolución, él asesinó la fe del exilio».

Era una fresca noche, había luna llena y aparente calma, eran alrededor de las 10 de la noche, y los 85 pobladores del humilde caserío de pescadores y agricultores, se disponían a descansar, cuando un comando de catorce terroristas irrumpió en dos lanchas artilladas, provenientes de un buque madre, que aguardaba a corta distancia.

La agresión fue la única acción realizada por el citado Plan Torriente, esfuerzo unitario que durante meses recaudó fondos millonarios para, según anunciaba, ejecutar una invasión a Cuba, que sería definitiva ya que contaba con el respaldo de las autoridades estadounidenses. El llamado Comando Unitario Invasor y el Ejército Libertador Cubano, eran los brazos armados para invadir.

La única tienda del lugar fue saqueada por un grupo, mientras que el otro abrió fuego sobre la escuela y las casas de madera de los pobladores. El pueblo presto les hizo frente, y los terroristas, asustados por la resistencia encontrada, se retiraron de regreso a las embarcaciones, pero mientras abandonaban el caserío hacia la nave principal, comenzaron a ametrallar todo el poblado. El ataque mercenario duró largos minutos, suficientes para que la mayoría de las casas fueran impactadas, la tienda, la escuela, todo quedó impactado por los proyectiles. Llevaron, además, bombas incendiarias de cristal, novedosas en esa época.

El objetivo del asalto tenía el propósito de regresar a Miami, Florida después y exhibirlo como una victoria militar, con fines prosélitos y propagandísticos, que incentivara la recaudación de fondos y justificara las colectas, que durante meses se había realizado en medio de la emigración cubana. Llegaron a anunciar que disponían de tres millones de dólares. El tiempo pasaba,  no se producía ninguna acción y la desconfianza inspirada en pasados timos en este tipo de colectas presionaban a los organizadores de la esperada invasión.

Perdieron la vida en la agresión, Lidio Rivaflecha Galán, combatiente del MININT y Ramón Arturo Siams Portielles, auxiliar de Tropas Guarda Fronteras, de 32 y 24 años respectivamente, resultó herido, Carlos Andrés Escalante Gómez, jefe del puesto fronterizo local, cuando se enfrentaron a los atacantes, que en su retirada fueron apoyados desde una lancha rápida con el fuego ametralladoras de alto calibre. También fueron heridos, Jesús Igarza Osorio, obrero agrícola y las hermanas Nancy y Ángela Pavón Pavón, de 15 y 13 años.

La estructura y composición de los atacantes tenía larga data de nexos con las incursiones marítimas de la CIA, disponían de un buque madre, que transportaría las lanchas rápidas artilladas, que pasarían a la bahía para desembarcar a los asaltantes. Se concibió someter a la resistencia que pudiera producirse e instalarse en esa porción del territorio cubano.

El jefe de las operaciones marítimas del Plan Torriente, era el agente de la CIA, Gustavo Villoldo Sampera, uno de los asesinos del Comandante Ernesto Guevara de la Serna en Bolivia. Este declaró al periodista Tim Elfrink, del diario Miami New Times, haber recibido “luz verde de un viejo contacto CIA” en Washington y haberse puesto “de inmediato a recaudar  fondos, añadió haber recaudado cerca de $350 mil dólares” y “buscar hasta unos cincuenta participantes” para luego salir “de la zona costera de Key Biscayne con dos lanchas rápidas y una fragata de 177 pies de eslora”.

Los integrantes tenían experiencia en esos actos de terror. El capitán del buque madre fue Juan José Cosculluela Iduate, alias Calígula; su jefe militar Antonio Iglesias Pons, exoficial del ejército de la tiranía de Fulgencio Batista; Ramón Cala Charbonier,  que pertenecía a la organización terrorista Alpha-66; Roberto Carballo Díaz, mercenario de la derrotada Brigada 2506 y Ramón Orozco Crespo, entre otros.

Sobre la participación de Villoldo, el agresor Cosculluela Iduate, dijo que no había estado en el ataque. “Villoldo, planificó y supervisó”, mientras otro de los atacantes, José Rodríguez, añadió “Villoldonos abandonó a todos”.

El agresor Cosculluela Iduate, narró así el ataque: «El combate duró desde la medianoche hasta las tres de la mañana. Todos dormían en el pueblo. Desembarcaron y lograron ocupar la capitanía del puerto y un centro laboral. En la operación murió un miliciano y tres civiles fueron heridos, incluyendo dos niñas menores de edad».

El terrorista Andrés Nazario Sargent, cabecilla principal de Alpha 66, se atribuyó la autoría del ataque, cuando en realidad fue obra del mencionado Plan, con la participación de agentes veteranos de la CIA, esto ha causado confusión y se ha insertado erróneamente en la memoria histórica de las agresiones contra Cuba. El propósito de la manipulación era ganar protagonismo en el medio violento de la emigración y aumentar la recaudación de fondos.

El 14 de julio de 1999, ante el Tribunal Provincial Popular de Ciudad de la Habana, en el proceso conocido como Demanda del Pueblo de Cuba al gobierno de Estados Unidos por Daños Humanos, Nancy Pavón Pavón, natural de Boca de Samá, Holguín, declaró: “Esa noche yo me encontraba durmiendo, cuando sentí un tiroteo. Mi papá era auxiliar de Guardafronteras y fue a presentarse. Mi mamá empezó a llorar porque había muchachos chiquitos en la casa. Él dijo que iba a asomarse a la loma para orientarse». “No pudo bajar y viró rápido a la casa.  Le dijo a mi mamá: – Pancha, llama a las muchachitas que parece que es un desembarco».

Mi hermana, Ángela Pavón, se quedó en la cama, y fue herida, Yo me tiré por encima de ella, y me agaché a coger los zapatos, cuando me paré, ella dijo: – Mami, me mataron y yo dije: – A mí también. A ella la bala calibre 50 le cogió la pierna y a mí, los dos pies».

“Mi papá dice: Tengan fuerza, no lloren, que nadie que matan habla».

“El pie para caminar lo tenía cortado en pedacitos, el pie derecho y el otro como si me hubieran  dado un machetazo».

Yo me quedé abajo de la mesa del comedor aguantándome los dos pies, porque era mucha la sangre que estaba botando. Abajo de los tiros tuvimos que salir de la casa».

“Cuando mi papá me sienta en el camino, ya no había peligro, fue a buscar a mi mamá que no encontraba a mis hermanos. Yo me paré y salí corriendo con los dos pies desbaratados y mi hermana detrás de mí».

“Cuando llegó mi papá con mi mamá y mis hermanos, dijimos: Vamos a meternos en una cueva. Mi papá no quiso y trató de llegar a la casa para buscar sábanas para trancarnos la sangre, y cuando iba llegando a la casa tiraron un mortero y estremeció la casa. Cuando él iba a bajar para ver lo que sucedía en el tiroteo, entrando en la sala le entró una bala por el lado derecho y lo dejó aturdido».

Salimos a buscar el camión, que era cinco kilómetros para llegar a la carretera. Mi papá me cargó a mí y ella iba apoyándose en el hombro de él. Llegamos. “Mi papá dijo: – Vayan a ver si se meten en una casa para yo adelantar con las muchachitas».

Venía un yipi de Cañadón con gente para  ver qué sucedía en la Boca y rápido dice: – Las muchachitas, mira cómo las traigo, me las hirieron».

“El chofer viró con nosotros para Banes, donde nos dieron los primeros auxilios. Me operaron el otro y me amputaron el pie derecho. Me ponían muchas transfusiones, pero se me iban porque tenía hemorragia. Cuando nos trasladaban para el hospital militar de Santiago de Cuba en un helicóptero, tuvo que aterrizar antes en Holguín, para llegar al Hospital Lenin, porque tenía mucha hemorragia”.

Cuando llegamos al hospital, el médico dijo que había que llevarnos directamente al salón, por la infección con tierra y piedra y era posible que cogiera gangrena. ‘Tenemos que salvarle aunque sea el calcañal’. La atención fue maravillosa. Luchó y me salvó el calcañal».

“Me pasaron después para el Hospital Frank País, en La Habana. El doctor Rodrigo Álvarez Cambra me hizo seis operaciones, injertos que me daban temblores, cada vez que me decían de una nueva operación. Estuve 19 meses ingresada hasta que me empezaron a hacer las prótesis y empecé a caminar”.

El otro pie, cuando aquello yo era joven y no me afectaba mucho, pero ahora sí porque es el peso del cuerpo todo en esa pierna”.

“Yo había cumplido 15 años, y el anhelo mío era que llegara el día de usar tacones. Nunca pude hacerlo, porque esos desgraciados me ‘chivaron’ mi juventud. Y por eso estoy  aquí, para demandar y apoyar todo lo que sea contra ellos. Nunca he sido feliz en mi vida por mi pie.”

Notas

(1) Dick Rusell, El Reino del Terror en la Pequeña Habana, en New Times, Miami, 29.10.76, p. 10.

RL/ Foto de portada: EcuRed.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: