Bolivia: Próximo golpe en la Mira

 Por Volker Hermsdorf

A dos semanas de las elecciones parlamentarias y presidenciales previstas para el 18 de octubre, el régimen golpista en Bolivia está intentando por todos los medios evitar que el «Movimiento al Socialismo» de izquierda (MAS) vuelva al gobierno. En los últimos días, varias encuestas habían pronosticado que el MAS tendría una clara ventaja sobre los partidos de derecha que habían formado un «gobierno interino» después del golpe de noviembre de 2019. Según las previsiones, el máximo candidato del MAS, Luis Arce, podría ser elegido presidente en la primera vuelta con más del 40 por ciento de los votos y la necesaria ventaja del diez por ciento sobre el conservador expresidente Carlos Mesa de Comunidad Ciudadana y el clerical fascista millonario Luis Camacho de Creemos.

Once meses después de su llegada al poder, los golpistas se enfrentan no solo a la derrota, sino también al peligro de que un gobierno elegido democráticamente inicie procesos penales por participar en el golpe y las consiguientes violaciones de derechos humanos. Con el apoyo de Estados Unidos y la Organización de Estados Americanos (OEA), que está dominada por Washington, los partidarios de los golpistas han desarrollado varios escenarios para evitar que la izquierda gane. La opción preferida es una solicitud presentada por políticos de derecha al Tribunal Supremo Electoral (TSE) para prohibir al MAS participar en las elecciones. El partido ha presentado una denuncia, que será escuchada el lunes ante el Tribunal Constitucional de La Paz. En caso de que fracasara el pedido de la derecha, sugiere un escenario similar al posterior a las elecciones de octubre de 2019, en las que el presidente del MAS, Evo Morales, fue elegido presidente.

El martes, el secretario de Interior de facto, Arturo Murillo, viajó a Washington para conversar con representantes del Departamento de Estado de Estados Unidos, donde también se reunió con el secretario general de la OEA, Luis Almagro.

Este escribió el miércoles en Twitter sobre la conversación que Murillo había descrito su «preocupación» de que pudiera haber un «nuevo fraude» en las elecciones. La OEA se ha «comprometido con el mayor esfuerzo posible para fortalecer la misión electoral de la OEA en Bolivia» y así garantizar que se cumpla la «voluntad del pueblo». Suena como una amenaza. Tras la elección de Morales, la OEA planteó el alegato de fraude electoral, que desde entonces ha sido refutado por varios informes periciales, y por lo tanto sirvió de modelo para las acciones violentas de los miembros de la oposición de derecha y el golpe. La UE, que ya envió observadores electorales a Bolivia, había adoptado sin control los reclamos de la OEA 2019.

Sumado a esto, paramilitares de ultraderecha vinculados al ejército aparentemente están preparando un «plan de emergencia» para una posible victoria electoral indudable del MAS. El diario comunista británico Morning Star citó el jueves de sus documentos disponibles que los terroristas de derecha quieren depositar explosivos en hoteles donde se alojan observadores electorales internacionales. Las explosiones planificadas para otros lugares deberían atribuirse a los partidarios del MAS. El objetivo de la acción es «iniciar un movimiento de masas por la anulación de las elecciones» con el fin de mantener a los golpistas en el poder con el argumento de que los atentados con bombas supuestamente organizados por el MAS impidieron el voto libre. Las revelaciones confirmaron «que el régimen golpista hará todo lo posible para evitar elecciones justas», advirtió un portavoz de la organización británica de solidaridad Amigos de Bolivia al Morning Star sobre un segundo golpe.

Tomado de Junge Welt / Foto de portada: Carlos García Rawlins / REUTERS

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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