Henry Reeve: Un general de brigada redivivo en un contingente médico en Cuba

Por Wilkie Delgado Correa.

Y para Henry Reeve, nuestro General de Brigada, tributo eterno por su heroísmo y sacrificio generoso, hoy y siempre redivivo en la actuación de un contingente médico solidario.

¿Quién es Henry Reeve? ¿Qué es el Henry Reeve? Estas dos interrogantes merecen respuestas que abarcan un largo periodo de 170 años de la historia de un personaje ligado como un hijo a la revolución cubana.

Ante la primera pregunta hay que remontarse al 4 de abril de 1850, en el lejano Brooklyn, Nueva York, Estados Unidos, lugar de nacimiento del destacado personaje histórico de nombre Henry Mike Reeve Carroll, generalmente conocido en la Cuba insurrecta como El Ingresito.

Después de participar en la guerra de secesión en las filas antiesclavistas del norte estadounidense, siendo muy joven, y después de incorporado al trabajo durante un periodo breve, se enroló en una expedición que se dirigía a apoyar a la guerra de independencia de Cuba que comandaba su compatriota el general Thomas Jordan en el vapor Perrit, que hubo de desembarcar el 11 de mayo de 1869 por la Bahía de Nipe en la provincia de Oriente. Reeve había cumplido 19 años un mes antes.

Pronto los expedicionarios fueron perseguidos por los españoles, librándose varios combates, hasta que en uno de ellos Reeve cayó prisionero junto con otros expedicioneros el 27 de mayo de 1869, los cuales fueron condenados a un fusilamiento en masa, del cual se salvó Reeve a pesar de recibir 4 balazos, por lo que pudo escapar.

Después de un largo peregrinaje a partir de su incorporación al Ejército Mambí bajo las órdenes de distintos jefes, con la participación en numerosos combates y, a la vez, sufriendo heridas en algunos, fue ascendiendo a distintos grados militares, ganándose la confianza y estima del mayor general Ignacio Agramonte, jefe militar del Departamento de Camagüey, librando combates célebres junto a él, incluyendo el de Jimaguayú, en el cual cayera mortalmente su extraordinario jefe. Reeve quedó durante unos días al frente de la división camagüeyana.

En julio de 1873 quedó subordinado al mayor general Máximo Gómez, designado por Céspedes, el presidente de la República en armas, como nuevo jefe de Camagüey. Gómez al conocerle hubo de apuntar en su diario: «el 6 (de julio): continúo hasta la Aurora, Cuartel de Caballería, fui recibido atentamente por este Cuerpo –su Jefe el Teniente Coronel Enrique Reeve, muy digno de ocupar puesto más elevado, su valor a toda prueba, infatigable constancia en el servicio de la causa le hacen un cumplido militar; que le adueñan de la justa consideración y simpatía de sus superiores y subalternos. No hago otra cosa más que justicia al mérito –tampoco hago mención de otras cualidades que posee»…»Reeve es de un carácter puramente militar, une a un valor probado, una rectitud y seriedad poco comunes en su modo de mando. De ahí que sus soldados a la vez de un respeto profundo le quieren como un padre».

Gómez nombró a Reeve el 27 de julio como jefe de la caballería de la primera división, y luego participarían juntos en las estrategias de lucha y combates tanto en Camagüey como en Las Villas.

En fin, es epopéyica la trayectoria de Henry Reeve, así como la historia de combates y huellas de heridas leves y graves sufridas en ellos, que tejieron una verdadera leyenda del Inglesito en las filas del ejército libertador cubano frente al enemigo español. Sus ascensos militares ocurrieron casi cada año, hasta su muerte por suicidio con un disparo en la sien para no caer capturado por el enemigo ocurrida en condiciones de heridas graves y desvalimiento. Tenía entonces 26 años de edad y había dedicado 7 años a la revolución cubana. Su final heroico fue el 4 de agosto de 1876 y ostentaba el grado militar de general de brigada del Ejército Libertador de Cuba, desde el 10 de diciembre de 1873.

Sin embargo, allí no acabó todo el legado que dejara la existencia y luchas de Henry Reeve. El pueblo cubano, agradecido por su entrega estoica a su libertad e independencia, continuó conservándole en su memoria inmortal.

Fue en agosto del 2005, precisamente en el mismo mes, pero 129 años después de su muerte, cuando su nombre emergió redivivo a nivel internacional y en una circunstancia especial en su país de origen, EE.UU., por la tragedia provocada por el Huracán Katrina en Nueva Orleáns. Fidel ofreció la solidaridad médica cubana con una brigada especializada con el nombre de «Henry Reeve», pero fue rechazada por el presidente estadounidense, G.W. Bush.

A la luz de este acontecimiento fue que Fidel, teniendo todo el precedente anterior de cooperación médica cubana con distintos países a lo largo de los años de revolución, decidió constituir el 19 de agosto una fuerza médica denominada «Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias «Henry Reeve», a fin de cooperar con los países del mundo en situaciones de desastres por ciclones, inundaciones, terremotos y epidemias, como una demostración concreta de que era posible enfrentar las tragedias del mundo, de que el ser humano podía y debía ser mejo y que con su conciencia y su ética ofrecer curación y vida en todas partes donde pudiera ser amenazada y aniquilada por tales fenómenos naturales y enfermedades epidémicas.

En este lapso de 15 años las brigadas del Contingente, integradas por médicos, enfermeros, tecnólogos y otro personal de la salud, en un número de miles de miembros, han prestado servicios en 46 países y 5 territorios no autónomos de América Latina y el Caribe, Asia y Oceanía, África Subsahariana, África del norte y Medio Oriente, y Europa.

En particular durante la pandemia de la COVID-19 han llevado a cabo su función humanitaria un total de 53 brigadas del Contingente «Henry Reeve» en 38 países, con la participación de unos 3 800 colaboradores internacionalistas.

Actualmente existe un movimiento de miles de propuestas de instituciones, organizaciones y personas a fin de nominarlo al Premio Nobel de la Paz. Pero lo verdaderamente cierto es que el Contingente Henry Reeve goza de un prestigio mayor y desempeña una labor más trascendente y altruista que cualquier Premio Nobel. Sus integrantes son profesionales solidarios normales del pueblo cubano y, a la vez, héroes por su disposición a arrostrar los mayores riesgos en aras de salvar vidas y aliviar o curar los dolores humanos en diversas situaciones adversas. Para cada uno de ellos hombres y mujeres y sus familiares, gratitud y honores.

Y para Henry Reeve, nuestro General de Brigada, el tributo eterno por su heroísmo y sacrificio generoso, hoy y siempre redivivo en la actuación de un contingente médico solidario.

Tomado de Aporrea/ Imagen de portada: FALCO. 

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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