La nota discordante de la raza humana

Por Cynthia Hernández Mayol

Evidentemente los efectos del nuevo coronavirus han dado mucho de qué hablar, pensar, preocupar, razonar, explicar, gritar, llorar, extrañar, asombrarse, estresarse, etc. No importan diferencias de edad, género, cultura, ideología, religión o continente. Los estados psicológicos producto de esta nueva vida son diversos y antagónicos y claro está que la larga estancia de la Covid-19 se ha encargado de sacarlos durante todos estos meses.

Las sensaciones varían según el tiempo y espacio, y asimismo en una misma persona, como también perduran sin modificarse así las circunstancias, con motivo de su evolución y desarrollo constante, ameriten de una actualización emocional. La mente humana como bien deviene un gran misterio, un planeta aun sin conocer completamente, llega a sorprender y emprende situaciones que en sus ciclos generan desbarajustes.

Por ejemplo, en nuestro caso, por tan solo mencionar, los fragmentos de ansiedad, temor, disgustos que se apreciaron además de por vía oral por publicaciones en las redes sociales, a raíz de los primeros casos de personas que arribaban a suelo cubano y resultaban positivos al virus, por lo cual algunos contactos se vieron infectados. El llamado a que los aeropuertos cesaran sus operaciones y no entraran más contagiados. 

Empero, tras tantos meses de agotamiento mental producto de semanas de distanciamiento físico y social, escuelas cerradas, centros laborales en pausa, otros mediante la modalidad de teletrabajo; el temor de que el país viviera un gran rebrote como a mediados de año se vio modificado por las sensaciones de algunos, seguro que no de todos, de que los viajes se reanudaran, incluso con EE.UU. y Europa en pura alza, pero de la enfermedad.

Cada uno es responsable de sus decisiones, tanto de lo bueno como de lo malo que puede arrasar con su accionar. Pero seguimos con más inconformidades: de que si hay quienes no quieren usar mascarillas aun cuando determinados gobiernos las exigen y su rechazo puede ser motivo de penalización. Otros subestiman estudios científicos de la permanencia del virus en superficies y por tanto evaden medidas de higiene y desinfección.

Las manifestaciones en contra del confinamiento y los nasobucos fueron percibidas en Europa y otras áreas. Cómo si la ciencia no fuera más exacta, objetiva y real como los números de enfermos y fallecidos en ascenso a causa de la pandemia. Algo inconcebible, bueno, digo yo, porque todavía existen personas que se mantienen así sin tregua. Una inconformidad tras otra, tantos puntos en revolución y la Covid-19 expandiéndose. 

También, ¿hay que entender?, a los que niegan la enfermedad: “eso es mentira, eso es campaña política, eso es para acabar con Donald Trump, eso se acaba cuando concluyan las elecciones en los Estados Unidos”. “¿Quién dice que el SARS-CoV-2 existe?”. ¿Y si se recurre a un equipo múltiple?, primero con el epidemiólogo, después con el psicólogo, y al siguiente paso con el psiquiatra, porque ya después no queda más que, ¿dejar fluir ese universo paralelo?

La pandemia existe; la pandemia es un invento. Las mascarillas funcionan; las mascarillas no sirven para nada. ¡Cierren los aeropuertos!; NO, ¡ábranlos todos y que los aviones vuelen desde todos los destinos hacia otros! Unos abogan por la vida bajo una nueva normalidad, pero otros dicen: “¿qué más da?, mejor seguir como si nada y como sea con la pandemia”. El sí y el no. ¿Por qué esto sí y aquello no? ¿Quién dice que sí y quién dice que no?

¿Y la vacuna? ¿Hace o no hace falta? ¿Me vacuno o no? Ya hay incluso quienes a su espera niegan hacerlo. “No voy a ser conejillo de Indias”, “eso me van a matar”, “eso es veneno puro”, “eso es contra los latinos y los negros” ¿Viviremos el fin de este desconcierto o acaso del nuevo coronavirus? De seguro la medicina del brujo llega al acierto.

Tomado de Cubasí /Foto de portada: M Dantas/AFP 

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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