No todo vale: Guerra en Sáhara Occidental

Este mes de noviembre, cuando todo el mundo miraba hacia otro lado, ha regresado la guerra al Sáhara Occidental. De momento, la disputa militar es de baja intensidad, pero si no hay una actuación de eso que se llama «la comunidad internacional» (ONU, Unión Europea…) la tensión puede seguir escalando. Aquí tiene un papel muy importante el Gobierno del Estado español. Primero, porque el Sáhara sigue siendo un territorio por descolonizar y la responsabilidad de este proceso recae sobre España, como potencia administradora. Segundo, porque un Magreb sumido en la inestabilidad y un Marruecos a la defensiva puede suponer graves problemas para este Gobierno: inmigración, terrorismo yihadista, tensión en Ceuta y Melilla…

De momento, el Frente Polisario mantiene acciones de guerra de baja intensidad, ataques a los enclaves militares marroquíes situados en el «muro de la vergüenza». Frente a esto, Marruecos ha optado por la estrategia del silencio: que parezca que no sucede nada para concluir que nada sucede.

El régimen marroquí apuesta por disimular que siguen apostando por el alto el fuego. Así, el mensaje que muchos medios de comunicación están lanzando es que ha sido el Polisario el que ha roto el acuerdo de alto el fuego que estaba patente desde 1991 hasta hace, tan solo, unos días. Desde cuartopoder, que venía organizando junto al grupo del Parlamento Europeo GUE/NGL unas jornadas para analizar causas y soluciones al conflicto saharaui, y también desde otros medios, estamos apostando por dar una información que rompa con el bloqueo informativo que se pretende imponer.

Que la actual situación del Sáhara es un asunto relevante se mide en la reacción de algunos medios del establishment y de algunas personalidades del mismo aparato de poder. Así, haciendo como que no pasa nada, se posicionan al lado de la estrategia marroquí de ahogar un conflicto en el silencio, la misma estrategia de hace décadas. Marruecos, que impone un férreo control en sus propios periodistas y los corresponsales que se encuentran en su territorio, pretende así controlar la información que se publique sobre el conflicto. Mientras, está aumentando la represión sobre saharauis que habitan en las zonas ocupadas. Por parte del Frente Polisario, cuyo gobierno está asentado en los campamentos argelinos de población refugiada, encuentran dificultades en llevar corresponsales de guerra en un momento en el que, por la pandemia, las fronteras están cerradas.

El diario conservador ABC, el pasado viernes, editorializaba culpando de la crisis migratoria en Canarias al vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, que el pasado domingo se manifestó, mediante un tuit, a favor del derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui tras algunos días de silencio sobre el tema. Esta idea de relacionar Sáhara e inmigración, además de unirla a la postura del Gobierno sobre el conflicto, se defiende desde la dificultad, pues la tensión migratoria canaria comenzó hace meses, mientras que la reanudación del conflicto bélico tan solo lleva días.

Otro personaje que ha salido a la palestra esta semana es el concejal del Consistorio de Barcelona Manuel Valls. El que fuera primer ministro francés acusaba en el programa de Antena 3, Espejo Público, al Polisario de «tráfico de armas, drogas y personas en el Sahel». La delegación polisaria en España ha pedido rectificación tanto al edil barcelonés como al programa conducido por Susanna Griso, advirtiendo de que se plantea acudir a los tribunales. No hay ninguna sentencia que verifique estas acusaciones contra el Frente Polisario. Tampoco investigaciones periodísticas o informes de organismos internacionales que lo prueben.

El movimiento de liberación saharaui es un movimiento armado, pero que, sin embargo, ha contribuido a la paz en la región desde el 1991. Aquel año, Marruecos y saharauis firmaron un alto el fuego bajo el auspicio de la ONU con el compromiso de que se celebraría un referéndum de autodeterminación en el que la población saharaui escogería entre independencia o integración en el Reino Marroquí. El Frente Polisario ha optado por la vía diplomática para conseguir sus objetivos y por la paz como bandera. Hace diez días declaraba el estado de guerra, pero cabe volver a citar que quien rompió el alto el fuego fue Marruecos: las fuerzas marroquíes entraron en una zona neutral, Guerguerat, para disolver una manifestación de civiles saharauis que bloqueaban una carretera construida ilegalmente, según las propias Naciones Unidas.

No todo vale. La maquinaria de mentira y silencio que se impone en España y Europa sobre el Sáhara Occidental solo es muestra de lo verdaderamente relevante que es este conflicto para el propio Estado español y Europa, pues son, también, sus empresas las que expolian los recursos naturales del territorio saharaui. El que personajes influyentes se conviertan en adalides de la propaganda marroquí es otra muestra de lo que hay en juego. Pero no todo vale.

Hace unos días, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero se posicionaba públicamente, en La Sexta, a favor de la tesis marroquí (autonomía para un Sáhara Occidental integrado en Marruecos). Una postura que contraviene, nada más y nada menos, que lo acordado en resoluciones de la ONU (referéndum de autodeterminación). Unos días más tarde, Valls. Solo falta por hablar Felipe González, sorprende que no lo haya hecho ya. Aquel que en 1976 prometió a los saharauis apoyarles «hasta la victoria final» y hace unos años vendía un solar en Tánger, Marruecos, a la realeza saudí para la construcción de un palacio. Un terreno que, previamente, había pertenecido a la familia real marroquí, según publicaciones en prensa. No todo vale.

Tomado de Cuarto Poder/ Foto de portada: EFE

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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