Operación Cóndor, 45 años después

José Luis Méndez Méndez /Especial para Resumen Latinoamericano

El 25 de noviembre se cumplirán cuarenta y cinco años de la reunión constitutiva de la Operación Cóndor, pero mucho antes esta transnacional del crimen operaba en países del Cono Sur de América Latina, con la participación de cuerpos represivos de las dictaduras que escalonadamente se instalaron en la región acorde con la estrategia política de posicionamiento de Estados Unidos.

Entre ese día y el primero de diciembre de 1975, delegaciones de las inteligencias del Ejército de Bolivia, Uruguay, Paraguay, Brasil, Argentina, aún en “democracia” y Chile, como auspiciador, se conjuraron en la reunión organizadora de lo que acontecía desde hacía años.

En un informe del 18 de septiembre de 2000, sobre las actividades de la CIA en Chile, preparado por el National Intelligence Council, agencia gubernamental de los Estados Unidos, que revisó decenas de documentos secretos atesorados en los archivos de esa agencia y estudió numerosos informes del Congreso de ese país, concluyó que: “Dentro del año posterior al golpe militar en Chile, tanto la CIA como otras agencias del gobierno norteamericano estaban al tanto de la cooperación entre los servicios de inteligencia de la región para rastrear las actividades de los oponentes políticos y, por lo menos en algunos pocos casos asesinarlos”. Este matiz suavizador final del texto, identifica la inclinación política de sus redactores, que no tuvieron en cuenta las cifras de los miles de desaparecidos que se registraron tras los largos años de represión.

Antes y en 1974, se incrementó la cooperación criminal en sus tres fases principales: intercambio de información, entrega de prisioneros entre los países miembros y la ejecución de acciones punitivas de limpieza con la participación de comandos integrados por represores de los países partes. En ese año fue asesinado en Buenos Aires, el general chileno Carlos Prats González, opuesto al zarpazo castrense.

Para la formalización de lo que ya acontecía, fue enviada una carta circular de convocatoria a la alianza homicida, por el entonces coronel Manuel Contreras Sepúlveda, en su condición de titular supremo de la DINA, Dirección de Inteligencia Nacional, también conocida bajo ese acrónimo, fue la policía secreta del régimen militar de Augusto Pinochet entre 1973 y 1977. La DINA fue responsable de numerosos casos de infiltración política, y violaciones de los derechos humanos entre los que se cuentan asesinatos, secuestro y tortura de personas. Fue reemplazada en 1977 por una versión similar y actualizada titulada Central Nacional de Informaciones, CNI.

El cuerpo represivo fue creado en junio de 1974, aunque ya funcionaba de facto desde fines de 1973, por el decreto ley N° 521 del 14 de junio de 1974, a cargo del teniente coronel de ingenieros Contreras Sepúlveda, apodado «Mamo». El proyecto fue aprobado por la Comunidad de Inteligencia, con el voto en contra del Jefe de Inteligencia de Carabineros de la época, general Germán Segundo Campos Vásquez, quien desaprobó el proyecto porque, según él, creaba una entidad ajena a todo control institucional, directamente ligada al mando superior, esto es, a las órdenes y mando directo del general Pinochet. El opuesto no quería sombra ni compartir el poder.

La creación criminal, tenía facultades omnímodas para detener, torturar, extraer información bajo apremios y confinar personas en sus centros operativos durante los estados de excepción, que eran permanentes. Como tal proceder tuvo duraron en toda la dictadura militar, la DINA tuvo estos predominios durante prácticamente toda su existencia.

En su misiva, fechada en Santiago de Chile en octubre de 1975, expresaba: “…tiene el alto honor de invitarle a una Reunión de Trabajo de Inteligencia Nacional, que se realizará en Santiago de Chile, entre los días 25 de Noviembre y el 01 de Diciembre de 1975. La reunión tiene un carácter estrictamente secreta, y se adjunta el temario propuesto y programa tentativo… se le solicita se haga acompañar de asesores, ya que se espera que esta reunión pueda ser la base de una excelente coordinación y un mejor accionar en beneficio de la Seguridad Nacional de nuestros respectivos países”. Esta epístola fue enviada al general de División Francisco Brites, Jefe de la Policía paraguaya. Según consta en el facsímil original con el código 143F 0011, en el Archivo del Terror en la Corte Suprema de Justicia de la República del Paraguay.

Esta carta de invitación para la constitución formal de Cóndor, fue entregada a sus homólogos paraguayos por el coronel chileno Mario Jahm Barrera, del llamado Servicio Exterior de la DINA. Este oficial, llega a Asunción el 2 de noviembre y se reúne con el Embajador chileno y el Agregado Militar. Jahm Barrera entregó la carta de invitación del general Contreras al mencionado general paraguayo Francisco Alcibíades Britez Borges, Jefe de Policía el 3 de noviembre de 1975. Ese día, el dictador Alfredo Stroessner, cumplía años. Ya antes el citado oficial había visitado, con el mismo fin, a homólogos en Brasil, Argentina, Bolivia y Uruguay, el dictador paraguayo, por ese motivo, se sintió relegado por haber quedado la entrega de su invitación para el final.

Los países en el área eran entonces desgobernados por dictaduras militares sangrientas. En Chile, el fascismo se había impuesto en septiembre de 1973; en Paraguay, imperaba el dictador Alfredo Stroessner desde 1954; en Bolivia, el gorila devenido en dictador Hugo Banzer tenía aterrorizada la nación; en Uruguay, Juan María Bordaberry, otro fascista, seguía las enseñanzas de los torturadores de la Agencia Central de Inteligencia, al estilo del ajusticiado agente, Dan Mitrione, precursor y maestro de la tortura en el país oriental. Es cierto que Cóndor se institucionalizó en la mencionada reunión, en realidad, dos décadas atrás ya los programas de contrainsurgencia se habían puesto en marcha. Uno de los países precursores fue Paraguay, seleccionado en 1956, conjuntamente con Guatemala, Bolivia y Colombia, para recibir los beneficios del “programa de entrenamiento policial”, auspiciado por Estados Unidos para promover los planes contrainsurgentes, que en su ejecución participaron contrarrevolucionarios de origen cubano, entrenados en Fort Benning, Georgia entre 1963 y 1964.

El Plan Cóndor, fue la siembra de las dictaduras que instaló Estados Unidos en la región, para satisfacer sus necesidades de dominio y promover una coordinadora criminal de las dictaduras del Cono Sur, con sus antecedentes y sus derivaciones posteriores.

Esto no sólo sucedió en los años setenta, también Estados Unidos, contaminó con sus enseñanzas en las academias militares norteamericanas a varias generaciones de represores latinoamericanos, de militares golpistas. Hizo más que convocar y aunar esfuerzos para reprimir, envió asesores, medios técnicos y manuales que perfeccionaron el suplicio sudamericano. Oficiales de la CIA y el FBI, fueron observadores atentos y activos de todo lo acontecido y utilizaron los canales informativos de la Operación Cóndor para sus propios intereses.

Este engendro, fue una de las manifestaciones más claras de la metodología de persecución perpetrada a través de las dictaduras del Cono Sur y de la falta de escrúpulos de quienes la consumaron que no tuvieron ni tienen reparos a la hora de diseñar operaciones represivas en defensa de sus intereses.

Esta operación desplegó a escala regional el terrorismo de Estado, aplicándolo en los distintos países de América del Sur en forma regular, organizada y sistemática. La brutal represión llevada a cabo en esta zona, en Argentina en particular, desarrolló prácticas terroristas sin precedentes, dejando un doloroso saldo de desaparecidos, asesinados, niños apropiados, presos políticos, decenas de miles de exiliados y otras cantidades similares de personas, que abandonaron sus lugares de residencia para refugiarse en parajes más seguros en el interior de sus países.

Hoy, en un contexto internacional de intento de avance de sectores de derecha, con las llamadas “estrategias blandas” de penetración y recolonización, que tienen la mirada puesta en los países que promueven reformas estructurales un poco más profundas de alcance social, se impone debatir reflexivamente sobre acontecimientos de la historia reciente que afectaron y afectan al conjunto de las sociedades latinoamericanas y caribeñas e inciden tanto sobre el presente como en su futuro a mediano plazo, amenazan además a pueblos que han reaccionado ante el avance neoliberal, han revertido el ciclo de la derecha y se han empoderado como en Argentina, Bolivia, lucha en Chile y se prepara en Ecuador, mientras en Perú y Brasil, se animan a la resistencia.

Los modelos económicos instalados y mantenidos mediante esta brutal represión generaron entonces una profunda desigualdad social. Las políticas neoliberales promovieron un achicamiento de la intervención del Estado en la economía, la desindustrialización, la reducción del gasto público en salud, educación, seguridad social, etc., y las consecuencias inmediatas de esta situación fueron el desempleo, la precarización laboral y la imposibilidad de millones de personas de acceder a los servicios básicos, vulnerando así sus derechos humanos más elementales.

La historia reciente latinoamericana, las características y particularidades de la metodología represiva, no son parte solo del pasado, puesto que se reciclan y reactualizan tomando nuevas formas en su implementación.

El análisis y la reflexión sobre estas circunstancias implican una construcción actual que fortalezcan las aspiraciones democráticas de nuestros pueblos. Pensar en el contexto histórico, político, social y económico, que a nivel internacional, hizo posible que un crimen masivo de estas características, como lo constituyó la Operación Cóndor, tuviera lugar cuarenta y cinco años atrás, invita a un profundo debate, para que nunca jamás se repita y tomar conciencia acerca de una realidad que nos involucra a todos, honrar la memoria histórica, renovar la enorme convicción y la determinación de proteger una vida digna, así como alcanzar y defender un mundo mejor.

Nota: El autor ha investigado por más de veinte años la terrible Operación Cóndor, sus alcances e impactos. Ha escrito y publicado tres libros sobre este engendro criminal.

Foto de portada: Una carpeta que dice “Terroristas” en su portada, que forma parte de los “Archivos del Terror” se muestra en el Centro de Documentación y Archivo para la Defensa de los Derechos Humanos, en el Palacio de Justicia de Asunción. Los archivos que fueron encontrados en 1992 en una comisaría de Asunción, contienen la documentación más importante del intercambio de información de inteligencia y presos entre los regímenes militares de la región conocida como “Operación Cóndor”. Los expedientes sirvieron para ordenar la detención del ex dictador paraguayo (1954-89) Alfredo Stroessner y proporcionaron herramientas para numerosos juicios contra represores argentinos, chilenos y uruguayos. Fue tomada por Norberto Duarte / AFP / Getty Images

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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