Una conducta diferente (Parte IV)

Por José Luis Méndez Méndez.

El camino de la investigación se estrechaba y las pruebas eran abrumadoras, se centraron en el maletín encontrado, que contenía la evidencia del delito: los explosivos y dentro restos que implicaban a los encartados.

El maletín, llevado a la casa de la madre de Hurtado, fue traspasado a su hermana, quien lo entregó a su sobrino Francisco Arrocha, quien, a su vez, lo dejó a la panameña Luz Ermila Murillo. Cuando la policía allanó la casa de Murillo, esta declaró que lo había dado a la custodia de su vecina, Concepción Figueroa Rojas, quien lo enterró en el lugar donde fue encontrado. Murillo dijo a los investigadores que pensó que dentro del maletín había drogas.

Lavalija fue hallada en el Sector No. 3 de Belén, Tocumen, Los Pinos, Mañanitas. En su interior contenía los artefactos explosivos. Durante la inspección ocular efectuada el 19 de noviembre con la participación de Hurtado y de su cómplice, la panameña Concepción Figueroa Rojas, se ubicó, en un terreno baldío, al lado de la empresa de materiales El Sobrino, cerca de una palma de coco pegada al muro allí existente.

Al ser desenterrado, se comprobó que se trataba de un maletín negro, con un logo de pez espada blanco y verde aqua; con la frase “la quinta temporada de los delfines” en blanco con verde aqua y el número 5 TH. En el otro lado se leía “SEASON” sobre un fondo blanco con negro; “The Miami Herald”, en letras negras; “el Nuevo Herald”, en blancas. A un costado, “Marlins”, en fondo aqua.

Revisado el contenido del maletín se encontraron: cinco radios Marine Band Radio, marca Hummin, color amarillo con base gris, modelo VHFS, con sus respectivas antenas; un sistema de control remoto, marca Futaba, modelo Skysport 4, de 72.910 MHZ, que en su interior tenía una placa que decía: FCCID:AZAPT4VF-72, Futaba, Made in Taiwán, con su respectiva antena; cinco cargadores negros, uno marca Futaba, serie E124311, modelo FBC-8B; una fuente de poder con dos baterías de litio, marca Duracell; un estuche pequeño con su broche; diez envoltorios o cartuchos plásticos en cuyo contenido se aprecia una masa de color crema, la cual se describe así: un cartucho con rayas verticales blancas y rojas, que en su interior contenía ocho pedazos de una masa amarillosa de forma redonda e irregular; cinco bolsas plásticas transparentes con cierre hermético y la expresión “ZIPLOC BRAND”, en las cuales se observó un material pastoso de color crema; dos bolsas plásticas que contenían una pasta cremosa; una bolsa plástica de fondo blanco, que en su interior contiene una pasta cremosa; una regla de siete tomas; una caja negra de plástico, de la cual sobresalen unos cables; en uno de los extremos, cables de color rojo y negro; en otro costado, cables blancos con su enchufe; y en su tapa, una luz pequeña de color rojo y un botón blanco. De este último artefacto, los peritos en explosivos determinaron que se trataba de un aparato de sistema de disparo.

De acuerdo con la Sección de Química de la Policía Técnica Judicial, la cantidad de explosivos ocupados fue en total de 33.44 libras: 30.34 libras, de C-4; y 3.10, de RDX y PETN.

Los explosivos se encontraron en bolsas plásticas que, a simple vista, podrían parecer irrelevantes para el proceso. Sin embargo, la inscripción que aparece en ambas bolsas delata su origen y cómo Jiménez Escobedo las introdujo. Versaba la advertencia: “Esto no es un juguete, para evitar peligro de sofocación mantenga esta bolsa plástica fuera del alcance de bebés y niños. No la use en cunas, camas coches y encierros. No deje abandonados sus niños en lugares como bancos, supermercados, tiendas, etc. Y lo más incriminatorio, la desaparición de niños es frecuente en Costa Rica.” Otros detalles confirmaban que la procedencia de las bolsas era Costa Rica, lugar desde donde ingresaron a Panamá.

Dentro del maletín había también una toalla blanca con manchas de color chocolate, negro y amarillo; y otra del mismo color con manchas chocolate y gris, con una etiqueta con el nombre de Martes, Made in USA, en azul y con un dibujo. En ambas, la Sección Forense del Departamento de Criminalística de la Policía Técnico Judicial estableció, el 30 de noviembre, la presencia de PETN y RDX, es decir, Pentrita y Ciclotrimetilenitramina (explosivo plástico militar). Las toallas fueron utilizadas en la elaboración de la mezcla explosiva.

Las sustancias color crema fueron analizadas por la Sección de Química Forense del Departamento de Criminalística de la Policía Técnica Judicial de Panamá, entidad que emitió su dictamen el 21 de noviembre suscrito por José Ortega y Jorge Batista. En una de las conclusiones se expresa: “El análisis de los indicios identificados produjo resultados positivos para la presencia del explosivo C-4, (Explosivo plástico de tipo militar).”

El informe conclusivo, realizado el 23 de noviembre, estableció la presencia en las muestras o indicios identificados del explosivo plástico C-4, Este explosivo tiene un poder destructivo 25 por ciento superior que el clásico TNT. Su velocidad de detonación es de 8 000 metros por segundo; y desarrolla una temperatura superior a los 4 200 grados centígrados. Con solo 150 gramos se puede partir una viga de acero de línea férrea, además de la presencia, en una muestra, de PETN y RDX.

Se identificó, también, un elemento que sería relevante en el proceso jurídico. En la muestra de PETN y RDX[1] se halló fibra de color verde, e indicio de tipo tricológico, es decir, pelos humanos y de animales. Este hallazgo estableció la necesidad de practicar pruebas para determinar si alguno de los ADN de los terroristas capturados coincidía con los indicios encontrados, lo cual determinaría o no un sólido nexo entre los explosivos y los encausados. Sin embargo, hasta marzo del 2004, se habían negado a ser sometidos obligatoriamente a la prueba que los exoneraría de esta relación, y que podría influir decisivamente en el final del juicio. Evidentemente, los terroristas temían que aparecieran pruebas que revelasen su participación directa en este intento terrorista.

Las declaraciones de los agentes, Trinidad Madrid y Ricardo A. Cárdenas Núñez, esclarecieron que el maletín estaba enterrado en un saco de henequén y con dos bolsas plásticas negras que lo cubrían. Esta forma de embalaje sugiere que Concepción Figueroa no solo procedió a deshacerse del mismo, sino que lo protegió para preservar su contenido y posible recuperación y devolución posterior.

Los especialistas dictaminaron que la carga principal explosiva no estaba preparada ni había detonadores, aunque significaron que así debía ser ya que ambos elementos no deben estar juntos en un mismo lugar. Esto confirma que los dueños del maletín eran profesionales y conocían su oficio.

La fuente de energía estaba separada. Solamente el sistema de disparo con su dispositivo estaba preparado y el control remoto. Los radios no mantenían la antena puesta. Al analizar los explosivos afirmaron que eran de alto poder y tenían la capacidad de destruir cualquier medio blindado, edificios o puertas de acero. La onda expansiva de esta calidad y clase de explosivo puede alcanzar hasta doscientos metros; y su alcance dependerá de su confinamiento y de la cantidad que se use. A una persona, a la distancia de doscientos metros, le afectaría los sentidos, le causaría hemorragias internas; y si estuviese en el centro de la explosión, incluso dentro de un auto blindado, no sobreviviría.

Agentes de la Sección de Explosivos de la Policía Nacional de Panamá, que estuvieron presentes en la recuperación del maletín y en el análisis de su contenido, declararon que todos los artefactos encontrados eran componentes para fabricar una bomba. Finalmente, los peritos afirmaron que los explosivos no eran de venta comercial sino de uso militar; y que las personas que confeccionaron lo encontrado son expertas. El artefacto podía ser accionado a distancia con control remoto cuando el ejecutor lo deseara, sin ser visto. La distancia del alcance del transmisor dependerá de las interferencias artificiales y naturales, el estado del tiempo y el lugar donde esté ubicada la antena utilizada por el receptor.

Los técnicos en explosivos describieron al receptor de señal de control  remoto y el emisor de señal, que son utilizados para activar a distancia la bomba. Especificaron que en el momento en que se pone a funcionar el emisor se activa el receptor, que recibe la señal que transmite el primero. Son operacionales entre sí.

Los peritos valoraron que los medios encontrados habían sido preparados con ingenio y profesionalidad. Los dos sistemas de iniciación, para garantizar la detonación, así lo indican. Si la bomba era colocada por tiempo y alguna persona intentaba desactivarla, podía ser iniciada a control remoto mediante el aparato emisor.

Con todos los elementos encontrados se podía elaborar un artefacto explosivo con dos sistemas de iniciación para hacerlos detonar: uno de tiempo, a través del conmutador que está en el aparato receptor; y otro, de control remoto, a través del interruptor del aparato emisor. Estaba ausente un elemento importante, la denominada cápsula detonante. Esta nunca debe viajar junto a los otros componentes por razones de seguridad, para evitar un accidente. La cápsula en sí constituye un peligro en manos de cualquier persona, pues puede ocasionar daños de consideración.

El Rector a.i. de la Universidad de Panamá certificó, mediante la nota No. 110-2001 del 24 de enero del 2001, que el acto de solidaridad efectuado con la participación del Presidente Fidel Castro comenzó a las 8:30 p.m., duró dos horas y media con la participación de mil quinientas personas aproximadamente.

Con el amplio testimonio dado por Hurtado Vivero, la policía realizó una inspección ocular del recorrido de este, Novo y Jiménez. Se llevó a cabo el 22 de noviembre, desde el inicio hasta el Centro de Convenciones, el hotel Caesar Park y la Universidad. También se verificó, el 25 del propio mes, la estancia de los terroristas en Chiriquí, destacándose el encuentro con Remón y Jiménez en el punto fronterizo de Paso Canoas y la reunión en la finca Jacú, de José Valladares.

En el allanamiento al lugar se encontraron varios medios para la elaboración de bombas, entre ellas, una sustancia identificada por los peritos como Phostoxin o Fosfuro de Aluminio, que al ser mezclado con agua produce una explosión letal.

Sobre la presencia de los terroristas en su casa dijo: “Ellos fueron a mi casa, durmieron en mi casa, comieron en mi casa, usaron los baños de mi casa, son mis amigos, serán mis amigos, son mis hermanos…”.

El implicado Valladares agregó que desconocía quién o quiénes habían introducido en el país la cápsula detonante y los explosivos. Seguidamente, dio un testimonio revelador y esclarecedor sobre lo conversado por los conjurados en su casa: “No sé, la opinión mía era que lo mataran, [Fidel Castro] pero no así, porque a Kennedy lo mataron con un rifle de mira telescópica, y uno solo. Yo dije que si hubieran traído unos rifles con mira telescópica lo hubieran matado y no estuviéramos en estos problemas”. Como se sabe, Posada Carriles era un experto tirador. Valladares aportó evidencias sustanciales para el esclarecimiento del caso.

Para que los investigadores no dudaran de su capacidad para la violencia, Valladares indicó que había ingresado al Ejército de Estados Unidos en 1963. Terminó con el grado de segundo teniente en Fort Benning, Georgia; estuvo en los campamentos de la CIA en Centroamérica en 1964, donde se realizaban operaciones comandos, con hombres ranas, explosivos, todo para “desembarcar en Cuba y eliminar a Fidel Castro”.

Sobre sus nexos con los terroristas, dijo haber conocido a Remón durante la visita a su casa, “pero si está preso por matar al hijo de puta ese de Fidel Castro, es mi hermano”.

Valladares reconoció haber matado, haber puesto bombas, haber originado incendios, haber estado alzado en Cuba en las bandas de criminales que se opusieron a la Revolución; todo dicho, con tal orgullo, que los investigadores dudaron de su capacidad mental y decidieron valorarlo psicológicamente. Evaluado se dictaminó que sus signos vitales estaban dentro de los límites normales, su estado de salud era bueno, y sus facultades mentales eran plenas.

También lo analizó el psiquiatra forense del propio Instituto, quien concluyó que Valladares no presentaba alteración de sus facultades mentales, no tenía trastorno mental y mostraba total discernimiento de sus actos y capacidad de comprender la naturaleza lícita o ilícita de los mismos, y, por lo tanto, era imputable.

Nuevamente interrogado acerca de a quién se refería cuando dijo que si hubieran traído rifle con mira telescópica lo hubieran matado y no estuvieran en esos problemas, respondió: “A Fidel Castro”. No obstante la peligrosa agresividad expresada por Valladares y su motivación para asesinar al Presidente de Cuba, se le impuso, por las autoridades, la medida cautelar de casa por cárcel. Se tuvo en cuenta su limitación funcional de poder andar, por tener amputado el pie derecho.

Se determinó que Remón, al llegar a la capital, rentó un auto, que resultó ser el Mitsubishi Galant, también tenía como fecha de devolución el 18. El único vehículo mandado a lavar, para eliminar las posibles trazas de explosivos, fue el rojo, que transportó a Jiménez con su equipaje y donde fue hallado el maletín.

Se inició el juicio, que parecía expedito y con un desenlace en contra de los delincuentes, ante el cúmulo de pruebas, pero otra sería la historia y el final.

RL/ Foto de portada: Getty Images.

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cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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