Doctrina del capital: Las ganancias son las que importan

Por Manuel Valdés Cruz 

Todo parece indicar que las lecciones emanadas de la catástrofe mundial que ha significado para el mundo la COVID-19, no han sido asimiladas por la mayoría de las naciones más desarrolladas, las que se encuentran envueltas en la batalla por acaparar el mayor número de vacunas y medicamentos contra la letal enfermedad.

Cuando debieran imperar la solidaridad y la cooperación internacional, el egoísmo se impone. Organizaciones no gubernamentales advierten que nueve de cada diez habitantes en países pobres podrían no ser vacunados contra la COVID-19 en 2021, debido a que las naciones ricas han comprado más dosis de las que realmente necesitan, según informó Reuters.

People’s Vaccine Alliance, una coalición que incluye a organizaciones no gubernamentales como Oxfam, Amnistía Internacional y Global Justice Now, señala que los países ricos, que albergan el 14 % de la población global, han comprado el 53 % del total de dosis de las vacunas más prometedoras.

La Oxfam, una confederación internacional formada por 19 organizaciones no gubernamentales, afirmó que la Unión Europea (UE), EE. UU., Canadá, Reino Unido, Japón, Suiza, Australia, Hong Kong, Macao, Nueva Zelanda, Israel y Kuwait, han adquirido la mayoría de estas dosis potenciales.

Estados Unidos ha garantizado cien millones de dosis de Pfizer, con la opción de comprar 500 millones más, y 200 millones de Moderna, con unos 300 millones adicionales en oferta. También ha hecho una combinación de pedidos anticipados por 810 millones de dosis con AstraZeneca, Johnson & Johnson, Novavax y Sanofi, según refiere The New York Times.

El presidente de EE. UU., Donald Trump, firmó una orden ejecutiva donde declaró que, en cuanto el Gobierno federal determine que hay un suministro suficiente para los estadounidenses, les facilitará el acceso internacional de sus vacunas «a los aliados, socios y otros».

Las grandes empresas farmacéuticas han aumentado los precios de 245 medicamentos, sobre todo, los que se usan comúnmente en las unidades de cuidados intensivos (UCI) para tratar la COVID-19, que son esenciales para mantener a los pacientes con vida, o que se están probando para combatir la enfermedad, indicó un informe de Patients for Affordable Drugs.

Pero no solo pasa con los tratamientos para la COVID-19, también con los medicamentos para el cáncer, para la salud mental, fármacos sin receta como el tylenol y otros que pueden usarse para tratar los síntomas del coronavirus en el hogar.

La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) indicó que la morfina, fentanilo y ketamina (usados para tratar a los pacientes de la COVID-19 que están sedados y con respiradores), han subido de precio en aproximadamente un 10 %.

Remdesivir, que recibió aprobación de emergencia para tratar a los pacientes hospitalizados con coronavirus, cuesta más de 3 000 dólares por enfermo, al menos un 33 % más de lo que costaba con anterioridad.

En este contexto, el azote de la pandemia ha supuesto retos notables para Cuba, y los esfuerzos del país para combatirla se han visto sensiblemente limitados por las absurdas sanciones del bloqueo estadounidense.

El carácter genocida de esta política se ha reforzado en medio del enfrentamiento al nuevo coronavirus, pues el bloqueo ha sido utilizado para privar a Cuba de ventiladores pulmonares mecánicos, mascarillas, kits de diagnóstico, gafas protectoras, trajes, guantes, reactivos y otros insumos necesarios para el manejo de la enfermedad.

Por solo poner un ejemplo, la empresa Medicuba contactó a 50 compañías estadounidenses para indagar sobre las posibilidades de importar medicamentos, equipos y otros insumos necesarios para nuestro sistema de Salud Pública. La gran mayoría no reaccionó y tres de estas (Waters Corporation, Dexcom y la filial estadounidense de Royal Philips N.V.) respondieron argumentando que no podían establecer vínculos comerciales con entidades cubanas debido al bloqueo.

Entre abril de 2019 y marzo de 2020 se contabilizan daños en el sector de la Salud Pública en Cuba, por un valor aproximado de 428 894 637 dólares.

A los dueños del imperio no le preocupa que no pocas personas estén condenadas a una posible muerte por falta de atención, existiendo solución.

No importa que miles mueran si las ganancias aumentan. Las grandes transnacionales ven la pandemia como una oportunidad para ensanchar sus arcas, el mercado es quien decide y no las políticas de los Estados. Los países pobres estarán en desventaja por las condiciones económicas y sociales acrecentadas por la enorme deuda que cargan sobre sus espaldas.

Queda demostrado, una vez más, hasta dónde llega la hipocresía de administraciones como la de EEUU, supuestas «defensoras de los derechos humanos», quienes, sin embargo, cambian la vista cuando derechos fundamentales, como el derecho a la vida, se interponen en sus ganancias.

Son cosas que no pueden entender aquellos que, parados en la cerca, sueñan con un capitalismo ideal, mientras se benefician del socialismo, el mismo que se reafirma como el camino para alejar a la humanidad de su total destrucción, no por las bombas atómicas, sino por el propio egoísmo de los hombres.

Tomado de Granma / Foto de portada: Freepik

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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