Estados Unidos: La batalla electoral y la fractura en las fuerzas imperialistas globales

La contienda no está cerrada. Trump avanza para controlar el Pentágono y sobre ejecutar en, mienda constitucional. Los medios formaron ya la opinión de que ganó Biden. Se juega la refundación del país bajo el dominio de las cúpulas financieras.

Las batallas electorales presidenciales de Estados Unidos (EEUU), de 2016 y de 2020, pusieron de manifiesto de manera nítida las contradicciones entre distintas fracciones de capital y el enfrentamiento entre los diferentes proyectos estratégicos que se encuentra hoy en un nivel de confrontación tal que ninguno puede perder. Es la contienda entre los llamados Globalistas, los Americanistas Continentalistas y los Patriotas Industrialistas Nacionalistas.

Esta contienda se desarrolla en el medio de una profunda crisis y polarización social, agravada por la Covid-19. El 10% de la población (21,3 millones de personas) viven hoy en situación de extrema pobreza y 95 millones están en riesgo de caer en la misma, lo que implica que casi el 50% de los norteamericanos están en los límites de la subsistencia. Actualmente, ya son 43 millones las personas que acceden a la comida a través de “cupones de alimento” que otorga el gobierno.

Lo que aparece en el plano manifiesto es una gran de crisis de representación de los partidos políticos con descomposición de sus históricas alianzas sociales de clase. Y lo que queda a la vista es que la conducción no está en las formas institucionales: se resquebraja el andamiaje del sistema institucional y lo que se pone en juego es el poder real, que trasciende y es mucho más profundo que la gobernabilidad, revelándose el espectro del llamado gobierno en las sombras.

Los Globalistas, asentados en Bolsas y Bancos Globales y en el sector tecnológico GAFAM impulsan criptodivisas, las energías alternativas y dan rienda suelta a los derechos individuales de diversidades de minorías, de diversidades, de género y de migrantes. Buscan imponer un nuevo orden-estado global. En EEUU participan en el Partido Demócrata (Clinton, Obama, Biden) y en Europa sus representantes participan principalmente en el Laborismo Ingles.

Los Americanistas Continentalistas luchan por conservar el viejo orden en torno del papel mundial del Dólar. Se asientan en el complejo Militar y petroquímico y en la banca norteamericana, y su representación partidaria son los Republicanos: Bush.

El proyecto de los Patriotas Industrialistas Nacionalistas, contiene a las fracciones retrasadas principalmente del complejo energético del carbón–petróleo y las siderúrgicas acereras norteamericanas y es representados por los Republicanos: Trump.

Donald al gobierno

La llegada de Donald Trump al gobierno de EEUU en el 2016, pese a la intensa campaña de desprestigio mediático (supremasismo blanco, machismo, xenofobia), significó el desalojo de la posición de gobierno (pero no del estado profundo) de los grandes y poderosos intereses Unipolares Multilateralistas del Globalismo Financiero.

Trump, con un proyecto nacionalista industrialista, proteccionista y antiglobalista, sancionó decretos contra el libre comercio y sostuvo una posición anti-TLC, anti TTP, anti Trasatlántico generando rupturas de viejas alianzas internacionales con su postura anti-OTAN y anti acuerdos de París por el cambio Climático. Todo, en sentido contrario de las fracciones Unipolares dominantes: los globalistas financieros y los guerreristas petroleros.

Su proteccionismo se basa, por ejemplo, en lo la destrucción de empleos ocurrida en los grandes estados industriales del llamado cinturón del óxido. Entre 2001 y 2015, Pensilvania, Ohio, Michigan y Wisconsin, perdieron 7,5 millones de puestos de trabajo manufactureros. La caída obedece al traslado de las transnacionales estadounidenses hacia el mundo emergente (outsourcing), en búsqueda de menores costos laborales, y a los efectos de la revolución tecnológica de la robotización y la digitalización.

La administración Trump caracterizó particularmente además, por el uso de instrumentos para la guerra comercial (como el bloqueo de la red bancaria Swift), aranceles y sanciones, donde se observa que estas herramientas son utilizadas contra los intereses Multipolares, contra Irán (por el desarrollo de su programa nuclear y sus acuerdos con Europa y China) y contra Rusia (por la situación de Ucrania y Medio Oriente).

Por la red Swift circula la mayor parte de las transacciones financieras de todo el mundo hechas en dólares estadounidenses. Tiene sede en Bélgica pero que es controlada y sería como el brazo militar del Departamento del Tesoro de EEUU.

Muchas de las medidas del llamado trumpismo, con las sanciones a Irán-Rusia-China-Turquía, repercutieron también sobre intereses del proyecto estratégico que impulsaba la Unión Europea (UE) con las grandes multinacionales alemanas-francesas.

La jugada de los estrategas británicos con un Brexit no acordado con la UE, es que el Reino Unido se abra al mundo y se convierta en el centro del comercio entre Europa y el globo. Trump tomó posición a favor de esa salida y propuso firmar un tratado de libre comercio con Inglaterra. Estas acciones deben ser leídas en la misma clave de debilitamiento del eje alemán-francés.

Además, alegando problemas de seguridad nacional, la guerra comercial de aranceles y sanciones contra China y sus grandes tecnológicas, se transformó en su bandera de lucha antiglobalista y sosteniendo el estandarte de América Primero. Había tomado nota de que China tiene un proyecto claro para desarrollar al máximo las fuerzas productivas y de esta manera aspirar a ser una superpotencia capitalista o poscapitalista con el Socialismo de Mercado con características chinas.

La respuesta globalista

Derrotados en las elecciones norteamericanas de 2016 y debilitados por el Brexit de Inglaterra, los Globalistas financieros vieron reducida la posibilidad de imponer su proyecto del estado red global reducida. El enfrentamiento interno entre fuerzas en pugna se agudizó aun más y se vieron obligados a usar todos los métodos en poder del Deep State (estado profundo): la comunidad de inteligencia y los grandes medios de comunicación y sus redes sociales (The New York Times, Bloomberg, CNN, GAFAM, etc.) con operaciones de espionaje e inteligencia CIA–FBI, campañas de desprestigio y denuncias mediáticas, movilizaciones y presentaciones en la justicia para intentar un impeachment, el uso de la justicia para poder desalojar y dar golpes de mano para subordinar a los intereses más aislacionistas y proteccionistas del gobierno de Trump. Allí están los nuevos dispositivos de guerra con la potenciación-amplificación del debate de la luchas de migrantes, diversidades, género y anti raciales, que fueron las más violentas en las calles por la muerte de Floyd a manos de la policía.

Todo esto en un escenario en que los Globalistas veían pocas posibilidades de ganar en las elecciones presidenciales del 2020. Con la pandemia en un marco de una crisis social, económica, financiera y sanitaria, pudieron retomar su iniciativa con su proyecto estratégico de los grandes fondos de inversión y las tecnológicas de las plataformas digitales.

Esto es lo que puso como cuestión central la batalla electoral en Estados Unidos 2020 que se transformó en el principal frente de combate, donde las acciones fueron muy agudas y de alta intensidad entre los proyectos estratégicos.

Trump aumentó su retórica contra la cima de los Grandes Fondos financieros que controlan las plataformas digitales globales y que diseñan su plan desde Wall Street y la City de Londres para imponer una gobernanza global.

Por esta situación quedó en evidencia que las principales Tecnológicas del complejo GAFAM y el monopolio de los medios (CNN, The New York Times, Bloomberg), empezaron una gran cruzada contra Trump y trataron desde un primer momento de imponer fácticamente a su candidato Joseph Biden, primero en las elecciones internas contra otros candidatos Demócratas y luego en las generales, invirtiendo para ello 11.000 millones de dólares en la campaña.

Lo nuevo

Estos intereses trascienden la división partidaria tradicional y hoy son representados por las cúpulas de los demócratas y un sector de republicanos que se ha convertido en el partido de las finanzas, las plataformas y guerra, con su llamado programa de fachada progresista verde y de identidades diversas.

Pareciera que con Biden se viene la “Red de Bancos Centrales y Supervisores para Enverdecer el Sistema Financiero” con su candidato a ocupar la cartera climática, John Kerry, para volver al acuerdo de París y por una agricultura verde y energías renovables. Los grandes Fondos como BlackRock se ocuparan de la dirección de la economía, mientras que la defensa y la inteligencia va estar a cargo de los Halcones Guerreristas, con lo que podemos anticipar que ya no sólo van a existir guerras en escenarios secundarios por “cambio de régimen”, o para controlar bienes naturales como las llevada adelante por Bush y Obama, sino que se corre riesgo de una guerra de nueva generación de tipo Integral de dimensión global.

La administración Trump, por estos días post elecciones, está arremetiendo contra un sector del complejo militar industrial en el Pentágono. Según datos de la revista Foreign Policy, fueron despedidos los ex secretarios de Estado Henry Kissinger y Madeleine Albright, el ex jefe de Operaciones Navales, Almirante Gary Roughead, Jane Harman, quien fuera la demócrata de mayor rango en la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes y Rudy De León, quien fuera el principal oficial operativo del Pentágono. El Departamento de Defensa confirmó la decisión en una declaración: “Como parte de una serie de cambios considerados desde hace tiempo, podemos confirmar que varios miembros de la Junta Política de Defensa del Departamento han sido despedidos (…) Estamos muy agradecidos por su servicio y dedicación, compromiso y contribuciones a nuestra seguridad nacional. Próximamente se darán a conocer los nuevos miembros de la Junta”.

Luego de sacar a Mark Esper del Ministerio de Defensa, Trump ordenó retirar la mayor parte de las tropas de Afganistán y de Iraq. El pasado martes 1º de diciembre clausuró la unidad “anti EIIS” del Pentágono y declaró que ya se ganó la guerra contra el Estado Islámico de Iraq y Siria (EIIS). El Partido Demócrata calificó el despido de Esper de «imprudente» e «infantil» y sospechan que la decisión de Trump vaya encaminada a llenar de incondicionales las instituciones estadounidenses con el fin de impulsar controvertidas acciones judiciales antes de abandonar en enero la Casa Blanca.

Refundación

El 14 de diciembre debería reunirse el colegio electoral para elegir al nuevo presidente que asumirá el 20 de enero del 2021. La estrategia de Trump y sus intereses se centra hoy en denunciar que hubo un fraude descomunal en la últimas elecciones, la censura en los medios de prensa y que la justicia no le da lugar a dichas denuncias. Asevera que va a proteger los intereses de sus ciudadanos evitando que el gobierno sea tomado por asalto, alegando una cuestión de seguridad nacional. Según sus dichos, el resultado electoral estaría viciado producto de la intervención de potencias extrajeras -especialmente China que habría intervenido el software electoral llamado Dominion-.

Trump quiere sembrar dudas para justificar la anulación de electores en algunos estados importantes, de tal modo nadie reuniría los electores necesarios y esto le permitiría declarar la emergencia electoral respaldado por la Duodécima Enmienda a la Constitución Nacional, para implementar la llamada elección contingente que le podría dar la presidencia.

Si este escenario ocurriera, agudizaría la escalada de enfrentamiento entre proyectos dentro del territorio de EEUU: cada cual va a alistar a sus representados y fracciones del pueblo norteamericano para transformar ese territorio en un gran caos y una posible guerra civil, con el agravante de que se trata de una sociedad donde gran parte de su población se encuentra armada.

Tomado de Resumen Latinoamericano Argentina/ Fuente: El Megafonox/ Foto de portada: AP.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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