Bolivia: El Mallku seguirá viviendo en la lucha anticolonial

Por Carlos Aznárez/ Resumen Latinoamericano.

Ha muerto en su ley Felipe Quispe, a quienes los y las de abajo apodaron El Mallku. O sea, «espíritu de las montañas» o «el señor de gran altura».

Ha partido uno de los líderes más potentes de la Bolivia rebelde, un país donde no faltan ejemplos de luchadores y luchadoras que han puesto el cuerpo contra el coloniaje y sus prácticas depredadoras y esclavistas.

Revolucionario internacionalista, Quispe entregó su sabiduría en las filas del FMLN en El Salvador y en Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) de Guatemala.  En la Bolivia de los 80 fundó la organización política Ayllus Rojos y dirigente de la Federación de Trabajadores Campesinos. Guerrillero aymara que hizo honor al legado de sus ancestros proclamó la vía de la lucha armada para que las masas indígenas alcanzaran el Gobierno que permanentemente les había sido negado por la minoría blancoide. En 1990 tomó las armas junto a otros campesinos integrando las filas del Ejército Guerrillero Túpac Katari. Esa patriada insugente no fue exitosa y a El Mallku le costó cinco años de prisión.

Jamás cejó en su empeño de pelear por las y los más humildes de su pueblo. Como uno de los máximos dirigentes de la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), como miembro del Movimiento Indígena Pachakuti o como combatiente raso, no dejó de practicar la acción directa u organizar la respuesta necesaria, tanto a las dictaduras militares como a los gobiernos de derecha. Odiaba a los nuevos colonizadores y a quienes los cortejaban, y en eso fue implacable con quienes infiltraban en las filas populares, el veneno de enseñanzas y prácticas que poco tenían que ver con rescatar la sabiduría de la Pachamama.

Durante el mandato de Evo fue un duro crítico de ciertos vaivenes a los que caracterizó de reformistas, poniendo el acento de su enojo, como ocurriera con el Comandante Chato Peredo, en la gestión, entre otros, de su excompañero de la guerrilla katarista, Alvaro García Linera.

El Mallku fue y será siempre una especie de Che indio, que nunca le dio la espalda a la pelea y que le demostró a propios y extraños, durante la última dictadura cívico-policial-militar de Añez y sus esbirros, que la pelea se gana peleando. Por eso, con su buena cantidad de años encima no dudó de lanzarse a la calle para organizar las barricadas del pueblo y dar ánimo a quienes produjeron los nuevos levantamientos. Proclamado Comandante por los Ponchos Rojos, recorrió el país agitando la lucha y enfrentando a los tímidos y trenceros de la politiquería, que se refugiaban en entornos de élites pseudo progresistas. Desde esa posición de clase insubordinada proclamó a los cuatro vientos que ya es hora que gobiernen los que llevan resistiendo más de 500 años, sus hermanos de sangre y las valientes mujeres de pollera. Hubiera preferido asaltar los cielos avanzando hacia el gobierno con el pueblo insurreccionado y no por la vía electoral, pero sin embargo no retaceó su apoyo al binomio de Lucho Arce y su hermano David Choquehuanca.

Ahora, cuando todo indicaba que podía hacerse con el gobierno de La Paz en las próximas elecciones subnacionales, la maldita muerte salió a enfrentarlo con todo, pero como dicen los más ancianos de la nación aymara, no podrán vencer sus ideas ni enterrar su legado, que enredado en los múltiples colores de la Wiphala, serán recogidos por otros y otras, para que nadie intente torcer lo que tanto le costó sembrar a este revolucionario integral que las nuevas generaciones recordarán como El Mallku.

Tomado de TeleSUR/ Foto de portada: Archivo La Razón.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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