Cuba: Raíces de la solidaridad cubana

Por María Inés Álvarez Garay

En este enero glorioso, lleno de victorias, una vez más los cubanos auténticos y dignos rendimos homenaje a un Martí que cada día 28 renace entre las antorchas elevadas hasta lo más alto por las manos de quienes, 168 años después de su natalicio, siguen sus inmortales pasos y sus brillantes ideas, valores y principios.

Y ahí está, presente hasta en el más recóndito de los lugares de este planeta, y nosotros los colaboradores cubanos evocándolo, porque ahora están más vigentes que nunca sus ideales, sueños y alertas.

A través de sus obras y acciones cotidianas, el Héroe Nacional cubano, José Martí, patentizó el gran valor que le atribuyó a la solidaridad entre los seres humanos, sin diferencias de razas, credos, edades o sexos.

Desde muy temprana edad evidenció ser de los hombres que sentían como propios el dolor de aquellas personas que sufrían vejámenes o eran víctimas de la explotación por la discriminación racial existente.

Un ejemplo elocuente de ello es uno de sus “Versos Sencillos”, en el que narró lo que había experimentado cuando aún siendo un niño, apreció a un esclavo colgado de un árbol.

En una parte de dicho poema manifestó:

Un niño lo vio; tembló

De pasión por lo que gimen

¡Y al pie del muerto, juró

Lavar con su vida el crimen!

Igualmente, en su texto “El Presidio Político en Cuba”, expuso claramente su concepto acerca de la solidaridad entre los seres humanos al patentizar:

“Si los dolores verdaderamente agudos pueden ser templados por algún goce, sólo puede templarlos el goce de acallar el grito de dolor de los demás. Y si algo los exacerba y los hace terribles es seguramente la convicción de nuestra impotencia para calmar los dolores ajenos”.

Y además añadió en forma contundente: “Yo suelo olvidar mi mal cuando curo el mal de los demás”.

Como hombre de gran sensibilidad, en el transcurso de su breve pero fecunda existencia, Martí dejó constancia en diversas ocasiones de los criterios que tenía en torno a la solidaridad, y en ese sentido, a través de diversas formas trató de influir en quienes le rodeaban.

Injusta la vida y sabio el destino que aquel 19 de mayo de 1895 lo puso de cara al Sol en Dos Ríos. Solo hoy podemos comprender cuál era realmente su encomienda: convertirse en el fuego ardiente, la llama inextinguible que iluminará por siempre a su pueblo.

El Apóstol cubano resucitó en el líder de la Generación del Centenario, nuestro eterno Fidel Castro, quien señaló que Martí fue el autor intelectual de la gesta del 26 de julio de 1953, y retomó su ideal con el que abanderó la última etapa de esas luchas por “la segunda independencia” del imperialismo, tarea histórica inconclusa señalada en el siglo XIX por el Héroe Nacional antillano para los pueblos de Nuestra América.

El 29 de enero de 2003, con motivo del sesquicentenario del natalicio de Martí celebrado en La Habana en la Conferencia Internacional “Por el Equilibrio del Mundo”, Fidel aseguró: “Más allá de Cuba, ¿qué recibió de él el mundo? Un ejemplo excepcional de creador y humanista digno de recordarse a lo largo de los siglos”.

“¿Por quienes y por qué? Por los mismos que hoy luchan y los que mañana lucharán por los mismos sueños y esperanzas de salvar al mundo, y porque quiso el azar que hoy la humanidad perciba sobre ella y tome conciencia de los riesgos que él previó y advirtió con su visión profunda y su genial talento”.

Hoy Martí transita impetuoso por los senderos de la historia que lo abrazó en la eternidad, para seguir palpitando con el mismo coraje independentista y dar latidos de esperanza a la invicta Revolución cubana.

Esa frase del Apóstol de que «Patria es Humanidad”, enarbolada por los cubanos, ha salvado la vida de millones de personas en más de 160 naciones del mundo a lo largo de seis décadas, durante las cuales los profesionales de la salud de la mayor de las Antillas han combatido el Ébola en África, y el cólera en diversas regiones, han acudido al llamado de pueblos y gobiernos afectados por inundaciones, terremotos y otros desastres naturales, y en estos momentos enfrentan al Covid-19 en todos los continentes.

Toda esa hermosa historia resume lo que durante los últimos 60 años nuestro pueblo ha sostenido: el principio de compartir lo que tenemos y no lo que nos sobra. Eso se ha logrado educando a nuestros compatriotas bajo el principio —enarbolado por nuestro Comandante en Jefe— de que la solidaridad no es más que el pago de nuestra deuda con la humanidad, algo que se ratifica día a día en la actualidad para vergüenza de quienes nos atacan.

Ser solidarios es ser generosos, dadivosos, desprendidos; reciprocar actitudes y acciones que en lo más profundo de cada cual engrandecen el espíritu y el paso por la vida de cualquier persona.

Por nuestra sangre corre la herencia altruista, humana y solidaria de nuestros inmortales Martí y Fidel, raíces de la solidaridad cubana.

Hemos demostrado al mundo que en épocas de crisis, de pandemias, temores y desconfianzas, Cuba sigue ofreciendo su mano solidaria, porque esa en la esencia de su sociedad, su conciencia y sus principios.

“Las cosas buenas se deben hacer sin llamar al universo para que lo vea a uno pasar. Se es bueno porque sí; y porque allá adentro se siente como un gusto cuando se ha hecho un bien, o se ha dicho algo útil a los demás. Eso es mejor que ser príncipe: ser útil.”

José Martí

María Inés Álvarez Garay. Profesora y colaboradora de la Brigada Médica Cubana en Gambia

Tomado de REDH-Cuba / Foto de portada: Minrex

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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