Cuba: ¡Sesenta y dos y pa’lante!

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Por Penélope Orozco Ortega

Sesenta y dos años de Revolución y victorias está celebrando Cuba, hoy. Meses de aislamiento, incertidumbre y grandes sacrificios ha vivido el pueblo cubano en este 2020. La fecha marca una jornada simbólica: por más de medio siglo Cuba ha sido el símbolo de la resistencia ante Estados Unidos, el ícono de la soberanía política latinoamericana y la esperanza de un modelo alternativo para el caótico orden mundial.

Los rebeldes empezaron la Revolución siendo un puñado de valientes, solo unos pocos sobrevivieron al desembarco del Granma donde viajaban 82 hombres. Los revolucionarios fueron emboscados y masacrados por el ejército apenas desembarcaron, una Revolución victoriosa que terminaron unos centenares de mujeres y hombres.

Una guerrilla con pocos soldados y no muy bien armada, consiguió sus armas arrebatándoselas a las tropas contra las que combatían. Fue capaz de vencer completamente a un ejército moderno y conseguir la rendición incondicional de la dictadura, un poderío apoyado y financiado desde «el país más poderoso del mundo», los EEUU.

Cuando la Revolución cubana comenzó, todavía Dwight Eisenhower era presidente de Estados Unidos; Adolfo López Mateos gobernaba México y la Unión Soviética era la segunda potencia del mundo. Sesenta y dos años después, Eisenhower, López Mateo y la URSS son apenas recuerdos en libros de historia, pero el proceso que inició Fidel Castro en la mayor isla del Caribe, todavía sigue dando de qué hablar y sembrando simpatías y detractores a lo largo del mundo.

Hagamos un poco de historia. No hubo un solo camino de llegada a la Revolución; cada uno representaba una tradición diferente, potencialmente revolucionaria (martiana, marxista, nacionalista), pero un único y fuerte hilo las enhebraba: la indignación ante la injerencia del imperialismo, es decir, ante la no consumación de la independencia nacional y ante la injusticia social, que se asociaba a la corrupción, aunque estas compartían las mismas raíces.

Fue precisamente Batista quien cerró toda posibilidad de lucha electoral en 1952, con su golpe de Estado. Los «indignados» de entonces acudieron a las armas. El discurso de autodefensa de Fidel Castro en el juicio del Moncada sirvió de documento programático para una generación que se proponía rescatar a José Martí, uno de los más profundos y radicales pensadores anticolonialistas de Nuestra América, en el centenario de su natalicio. El vínculo histórico era (es) de tal magnitud, que al triunfar la Revolución un gran poeta resumió en una frase el sentir popular: «Te lo prometió Martí, y Fidel te lo cumplió».

«El cuento de la isla desconocida» de José Saramago, cuya recaudación estaría destinada a los damnificados por el huracán Mitch en Centroamérica — a donde también fueron las brigadas médicas cubanas, para revitalizar el internacionalismo que el derrumbe del llamado socialismo en Europa del Este había descartado — podría verse como una fiel alusión a la trayectoria revolucionaria cubana.

La imagen de una isla convertida en barco que navega por mares tormentosos en busca de una isla, suena a Cuba. Una isla buscada y otra que buscaba, que eran de repente una sola: el ideal, la utopía, que se hallaba y se construía a sí misma. El cuento ofrece todas las metáforas necesarias para la recreación: el destino buscado, el movimiento perenne, la vida de a bordo siempre aventurada, con espléndidos amaneceres y días de tormenta, con escasas provisiones y la vista puesta en el horizonte.

La vida de la mayor parte del pueblo cubano, ha transcurrido a bordo de esta nave de esperanza, de fe, de constancia, y también de hallazgos y realizaciones. Para impedir que la Isla siga buscando nuevas islas, algunos han intentado retirar del puente de mando los mapas que nos orientan. Mapas de expediciones previas, y de corrientes de pensamiento que trazan la línea imaginaria de las constelaciones que nos guían, un entramado que conforma la ideología de la Revolución.

Esa ideología desató la ira imperialista, y propició el rápido aprendizaje ideológico de los revolucionarios cubanos. No hubiese sido posible enfrentar la escalada agresiva del imperialismo si el pueblo no hubiese estado dispuesto a avanzar hasta el final y a asumir la consigna de Patria o Muerte. De no ser por el apoyo masivo de la población a los «barbudos» de Fidel Castro y a la Revolución, este hito histórico hubiese sido imposible. La mayor parte de los soldados no tenía «espíritu combativo», sin embargo, el pueblo cubano si no apoyaba a los revolucionarios, como mínimo los miraba con simpatía.

La unidad ideológica alcanzó su plenitud después del triunfo revolucionario, y permitió que la ética sobre la que se sustentaba y se sustenta pudiera avanzar hasta vislumbrar sus fines. Desde luego, unidad, aunque no siempre lo hayamos entendido así, no significa unanimidad: existen, y es saludable que existan, divergencias, criterios encontrados, en un propósito ideológico común. La palabra consenso apunta al hecho de que la unidad emerge, como acto consciente, de la diversidad.

El discurso contrarrevolucionario pretende hoy torcer esa unidad ideológica. Se proclamaba anticastrista y cifraba todas sus esperanzas en la desaparición física de nuestros líderes. Actualmente es diferente. Necesita destruir la ideología de la Revolución, sacar el concepto de socialismo de su sentido revolucionario, desosar al Partido; oponer o distanciar sus fuentes: a Marx de Lenin, a Martí de Fidel, y a los dos primeros de los segundos. La nueva contrarrevolución critica a la Revolución por supuestamente apartarse de la Revolución y a la vez, la empuja a que se aparte.

Sin embargo, gracias a la sensibilidad y a la consecuencia de la Revolución, a la genialidad del líder histórico, cada una de las seis décadas revolucionarias ha tenido características propias. La isla se ha movido, ha construido y descubierto nuevas islas, a pesar del bloqueo económico, comercial y financiero y de los errores y desvíos propios, señalados valientemente por Fidel y por Raúl en cada momento, y discutidos con el pueblo:

Cuba Socialista invadió desde entonces con médicos el tercer mundo, abrió sus universidades a todos los pueblos oprimidos, los médicos saharauis lo saben bien.

Nuestra Cuba Socialista no ha permitido nunca que un solo niño cubano durmiese en la calle.

Fue capaz de dar educación universal y gratuita a todo su pueblo.

Tiene una sanidad gratuita y de calidad, tiene el mayor porcentaje de médicos por cada mil habitantes.

Cuba es un país sin desahucios, sin desnutrición infantil.

Cuba soporta un bloqueo de más de 50 años y cumple con su deber internacionalista y solidario con los pueblos: exporta médicos, no armas.

Cuba es un país sin fosas comunes, sin cargas de antidisturbios, es una terrible dictadura solidaria que invierte en sanidad y educación.

Como dijo Fidel: «Cuba, una pequeña isla y una gran revolución».

Que en Cuba no ha desaparecido ni la prostitución, ni la corrupción, ni el burocratismo, es cierto, pero los cubanos sabemos que si el capitalismo neocolonial regresa, esos flagelos se harían crónicos.

Los seguidores de la «nueva religión» — la del capitalismo — pretenden hoy desorientar al lector u oyente acusando a los revolucionarios de protectores de consignas y paradojas. Cuando escuchan la palabra ideología desenfundan el machete, quieren que entendamos su significado con infalibilidad. No somos revolucionarios porque adoptemos una ideología revolucionaria, sino porque estamos dispuestos a entregar la vida en defensa del pueblo, de la Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes.

Sesenta y dos años después, todavía a bordo, volvemos a festejar, un aniversario más de la Revolución Triunfante. Esta vez sin la presencia física de su líder histórico, pero con similar ímpetu navegador. Entretanto, en las calles, ¿el cubano común llega al nuevo cumpleaños de la Revolución con una falta generalizada de bienes imprescindibles?, SÍ, ¿los artistas seguirán en vilo por lo que pasará con un decreto que consideran que limita su libertad de creación?, al parecer, también SÍ. Pero, sin duda alguna, los cubanos y cubanas hemos demostrado en cada día de este incierto 2020 la decisión de resistir y vencer, sin importar cuáles sean las adversidades o los adversarios. Cuba continuará su paso por la historia, como referente y fuente de inspiración para quienes se oponen a la dominación imperialista. ¡Sesenta y dos y pa’lante!

Tomado de Alma Mater

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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