Cuba: Una inclusión infame

José Luis Méndez Méndez /Especial para Resumen Latinoamericano

La perversa e injusta intención de volver a incluir a Cuba en la infame lista de los llamados países patrocinadores del terrorismo fue advertida por el avieso laqueado saliente en la voz del Secretario de Estado el pasado 30 de diciembre, la cual se sumaría al “goteo” de medidas punitivas de la agonizante administración republicana contra la Isla.

Esta indigna la denominación de un país, que no representa amenaza alguna, no es nueva. Un informe del Pentágono en 1998, reconoció que Cuba no significaba una amenaza militar para la seguridad nacional de Estados Unidos. Cada año el 30 de abril el Departamento de Estado publicaba su informe sobre el comportamiento global del terrorismo, del cual se excluye.

Esta no sería una sanción espuria más, ya que a los países calificados como patrocinadores del terrorismo les son aplicadas un conjunto de renovadas medidas punitivas. Codificaría, si esto pudiese ser posible, más el bloqueo genocida y toda la guerra económica de más de seis décadas, tendría que eliminarse primero la inclusión infame para después determinar cuáles son los resquicios de las numerosas leyes estadounidenses que han endurecido la madeja bloqueadora.

Desde hace una década los cubanos que viajasen desde Cuba a los Estados Unidos, después se eliminó a Cuba de la oprobiosa lista y ahora volverán a ser sometidos a controles extraordinarios. Resulta irónico, ya  que desde el territorio norteamericano han partido en más de sesenta años, cientos de incursiones contra el territorio cubano, con la participación de miles de terroristas, se han gestado actos de terror, que han ocasionado la muerte de 3 478 personas, heridas y secuelas en otras 2 099 y millonarias pérdidas materiales, daños y perjuicios, así como indelebles huellas en la memoria histórica nacional. 

Sus autores han regresado a sus bases en Florida y en otras ciudades norteamericanas sin ser molestados, allí han tenido refugio seguro, tolerancia y capacidad para actuar. En la actualidad invocan con libertad la violencia para alcanzar sus quiméricos objetivos políticos y ejecutan peligrosos actos de terror como el no esclarecido ataque contra la Embajada de Cuba en Washington.

Tampoco escapan de estas medidas de seguridad, sostenibles a largo plazo, según la nueva normativa, una más, de la Administración para la Seguridad en el Transporte, TSA, estadounidense, aquellos ciudadanos que provengan o hayan pasado por los países “certificados”, incluidos sus nacionales, quienes ya tienen restringidos sus derechos ciudadanos por la prohibición de poder viajar a Cuba.

Las medidas comprenden un “férreo registro corporal completo y la inspección manual de sus efectos personales”, por medio de novísimas tecnologías de detección y de imágenes avanzadas. En el pasado no pocos incidentes internacionales y de soberanía ocasionó la exigencia de fotografiar pasajeros de numerosos países, que recibió la reciprocidad de algunas autoridades que decidieron ejercer esta medida contra los ciudadanos norteamericanos.

También las aerolíneas, estadounidenses o no, estarán sometidas al intenso control, más la advertencia a sus ciudadanos del supuesto peligro, que representa viajar hacia o desde un país calificado como patrocinador de terrorismo. El registro histórico de los actos de terror realizados por los grupos extremistas de cubanos asentados en Estados Unidos, muestra que han atentado contra aviones de 12 líneas aéreas norteamericanas y contra sus aeropuertos civiles en 6 ocasiones. Ninguna aeronave estadounidense, ha sido afectada por autoridades o ciudadanos cubanos.

Sucesivas administraciones norteamericanas han declarado una aparente disposición y voluntad de enfrentamiento al terrorismo, que pudiera parecer justa y con la que se podría concordar, si tales valores fueran expresión honesta de la voluntad política de sus autoridades y se aplicaran consecuentemente. Pero, los intereses políticos y la retórica han primado en la diferencia entre lo proclamado y la realidad.

Ha sido una incongruencia el pretendido liderazgo que intenta asumir e imponer Estados Unidos en su aparente lucha mundial y nacional contra el terrorismo y la práctica sistemática de permitir el accionar de grupos terroristas de origen cubano en su propio territorio, incluso en contra de la manipulada y no respetada Ley de Neutralidad.

En la Ley de Administración de Exportaciones de 1979 se estableció la presentación por parte del Departamento de Estado de un informe anual al Congreso sobre el terrorismo (Título 22, Código de los Estados Unidos, Sección 2656ª), y en 1981 se publicó el primer Informe Anual sobre Terrorismo Internacional, elaborado por la Oficina del Coordinador de Contraterrorismo del Departamento de Estado. Cuba se incluyó en el listado de países promotores de actividades terroristas  en el informe anual del siguiente año, 1982, en esa ocasión se argumentó que: “La recepción sistemática por parte de Cuba de enormes cantidades de armas soviéticas durante 1981”. Desde el inició la argumentación esgrimida ha sido falsa y uno de los pretextos básicos para mantener las acciones de guerra económica contra Cuba.

Durante estas décadas, con manidos pretextos, se ha continuado la inclusión de Cuba en las certificadoras listas norteamericanas, que ignoran a organizaciones y terroristas de origen anticubano basificados en su territorio, no obstante haber ejecutado estas más de 400 actos de terror en su territorio, que han afectado intereses y a nacionales de más de 35 países, en primer orden al país que los concibió y ha protegido.

Es válido mencionar un antecedente, que avala la firme voluntad histórica de Cuba de enfrentar al terrorismo. En 1973, cuando no existía la colaboración regional para enfrentar al terrorismo y la piratería, Cuba suscribió acuerdos eficaces para combatir esos flagelos con Estados Unidos, Colombia, Venezuela, México. La firma del convenio entre las autoridades cubanas y norteamericanas se produjo el 15 de febrero de 1973, y estuvo vigente hasta el 17 de abril de 1977, cuando fue denunciado por la parte cubana por la actitud cómplice de la administración republicana de Gerald Ford con los terroristas anticubanos, que se conjuraron y derribaron en pleno vuelo un avión civil cubano, que explotó el 6 de octubre de 1976 en las aguas cercanas a Barbados.

Esta consecuente y responsable actitud del gobierno cubano fue evaluada por la Agencia Central de Inteligencia como el paso más efectivo dado en el enfrentamiento al terrorismo en la región.

Durante la administración de Ronald Reagan y las sucesivas, Cuba continuó siendo incluida en las mencionadas listas, aunque se aclaraba que no había participado en ningún acto de terror, pero —según ellos— daba refugio a organizaciones de países calificadas por Estados Unidos como terroristas.

Paradójicamente cuando las autoridades cubanas conocieron que se gestaba un plan magnicida contra el presidente Ronald Reagan, trasladó de forma certera, oportuna y concreta datos a las norteamericanas que permitieron eliminar esa amenaza contra el mandatario, dando una muestra tangible de colaboración antiterrorista. 

El ex funcionario del gobierno estadounidense y analista del tema, Wayne Smith, expresó en el 2007 que, “si el elemento principal que motivó la inclusión de Cuba en el informe en 1982 fue que la misma venía apoyando el terrorismo mediante su ayuda a las guerrillas para derrocar los gobiernos militares opresores de El Salvador, Guatemala y otros países de Latinoamérica, entonces Estados Unidos debía ser catalogado igualmente como terrorista por su apoyo al grupo militar conocido como “Los Contras” en sus esfuerzos para derrocar el gobierno nicaragüense”. 

El 22 de enero de 1988 le fueron negadas sus visas a los profesores cubanos Consuelo Castañeda y Arturo Cuenca, por primera vez el Departamento de Estado alegó que eran empleados de un gobierno calificado como terrorista.

En 1990, en el mencionado informe anual sobre el terrorismo en el mundo reconoce la “incapacidad” de Cuba de participar o apoyar actos terroristas. En 1993, se fabrican y aparecen nuevos argumentos, aparece que supuestamente la Isla da abrigo a personas calificadas por las autoridades norteamericanas como terroristas.

Entre 1994 y 1997 se reiteran los gastados argumentos de los informes anteriores sobre el tema, se esgrimen sin fundamento la presencia de fugitivos de la justicia norteamericana supuestamente residente en Cuba.

Tal vez sea necesario actualizar que entre Estados Unidos y Cuba existen dos acuerdos de extradición, uno firmado en 1904 y otro en 1926, no fue Cuba, quien dejó de honrarlos. Como consecuencia de los profundos cambios políticos acontecidos a partir del 1 de enero de 1959, escaparon del país criminales, malversadores, connotados torturadores y asesinos, todos encontraron refugio en Estados Unidos. Con sólidos argumentos y pruebas irrefutables las autoridades cubanas desde el 7 de enero de 1959 solicitaron las extradiciones, pero el Departamento de Estado negó reiteradamente el pedido e hizo más, les dio protección argumentando que algunos de estos sujetos habían denunciado supuestas irregularidades en Cuba.

Desde entonces y hasta el presente, criminales, secuestradores, terroristas y quebrantadores de las leyes cubanas han tenido en el Sur de la Florida, una madriguera protegida, no solo para cobijarse, sino para actuar desde allí, la tolerancia no es más que un incentivo para continuar su actuación.

Foto de portada: Ernesto Mastrascusa/ EFE

 

 

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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