El telescopio empañado de Iñaki Anasagasti

Por José Manzaneda – Asociación Euskadi-Cuba

Cuba parece haberse convertido en la nueva obsesión política del ex senador vasco Iñaki Anasagasti, habida cuenta de sus cuatro escritos sobre el tema en solo dos semanas (1) (2) (3). A algunos elementos del último, titulado “Iñaki Anasagasti responde a los `marginales´”, publicado en Gara el 15 de enero de 2021, responderé en este texto (4) (5).

Este texto ha sido publicado el 27 de enero de 2021 en Naiz (edición digital del diario vasco Gara)

¿Cuentas o fuentes equivocadas?

Iñaki Anasagasti afirma que, en el barco que, el 1 de enero, celebró por la ría de Bilbao el aniversario de la Revolución cubana, había “cinco cubanos” (6). O su telescopio estaba empañado o alguien le mintió descaradamente. Porque allí había, exactamente, 15 cubanas y cubanos, inscritos con nombres y apellidos, la mitad exacta del aforo permitido (treinta) debido a la pandemia, que se agotó al poco de abrir la convocatoria, a pesar de su coste (catorce euros).

¿En Cuba no hay debate y contraste?

Anasagasti asegura que “Cuba no es una democracia. Es una dictadura”, porque hay “una jerarquía no elegida tras debate y contraste”, producto de “un mundo ideológico dogmático, cerrado y totalizador”.

¿De verdad en Cuba no hay debate y contraste? ¿En qué país se han realizado, Sr. Anasagasti, 130.000 reuniones ciudadanas para debatir y modificar el texto de su Constitución, previo a su aprobación en referéndum, como hizo Cuba, durante tres meses, en 2018 (7)? ¿Qué gobierno ha llevado a discusión, en 163.000 asambleas, desarrolladas en todos y cada uno de los centros de trabajo y estudio del país, el programa de reformas económicas (“Lineamientos de la política económica y social”), cuya propuesta inicial fue modificada en un 68%, como hizo el de la Isla entre 2010 y 2011 (8)? ¿En qué lugar se ha vivido un proceso participativo masivo como la discusión, en 2016, del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030 (9)? ¿O quizá sea más democrática la imposición, sin previo aviso, de reformas constitucionales, laborales o paquetazos económicos que, curiosamente, jamás se anuncian en periodo electoral? Cuba no presenta al mundo, como modelos a imitar, ni su sistema electoral ni sus mecanismos de participación democrática. Tampoco lo son, de ninguna manera, las democracias liberales occidentales, que Vd. impone como única alternativa posible en un mundo con situaciones y culturas políticas dispares.

¿Pleitesía a EEUU o mentalidad neocolonial?

“Me dolía que habiendo estado el presidente norteamericano Obama en La Habana y pactado una serie de medidas democratizadoras con Raúl Castro no se habían cumplido ninguno de los acuerdos”, leemos. Es falso que Cuba “pactara” con EEUU ninguna “medida democratizadora”. Al contrario: quizá por primera vez en su historia, la Casa Blanca tuvo que tragar su prepotencia y aceptar un diálogo entre iguales. En las conversaciones de ambas delegaciones, entre 2015 y 2016, se habló de democracia y derechos humanos, sí, pero en ambos países (10). La Habana, por ejemplo, fustigó “la brutalidad y abuso policial” con patrón racista, “las limitaciones al ejercicio de los derechos laborales y libertades sindicales”, “la tortura, las ejecuciones extrajudiciales con uso de drones”, “el espionaje y vigilancia extraterritorial” y tantas otras violaciones flagrantes de derechos humanos por parte de Washington.

Es curiosa la pleitesía de Iñaki Anasagasti a la mayor plutocracia del mundo, a la potencia que más invasiones, guerras y golpes de estado ha encabezado o instigado. Así como su mentalidad neocolonial. Al parecer, Cuba debería obedecer las exigencias imperiales para aprovechar, con Joe Biden, “la gran oportunidad de levantar ese bloqueo”. Es la misma propuesta de “mover ficha”, que le planteó con soberbia José María Aznar a Fidel Castro, meses antes de que la Unión Europea, a iniciativa del español, aprobara la Posición Común contra la Isla, un segundo bloqueo que, tras su fracaso rotundo, está siendo felizmente sustituido por un nuevo Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación (11). La diplomacia quid pro quo es legítima para las relaciones internacionales horizontales, simétricas, no entre una superpotencia y un pequeño país bloqueado del Sur. Porque ¿qué sanciones -qué bloqueo- impone Cuba a empresas o ciudadanía estadounidenses?, ¿qué territorio ocupado -qué “Guantánamo”- tiene Cuba en EE.UU.?, ¿con cuántos millones financia Cuba a medios de comunicación, partidos o candidaturas “disidentes” en EE.UU. para imponer un orden constitucional socialista?

¿Petróleo gratuito venezolano?

Nos dice el ex senador, también, que Venezuela es el “vital y gratuito suministro petrolero” de Cuba. ¿Gratuito? El Convenio Integral de Cooperación Venezuela-Cuba, esquema ejemplar de intercambio bilateral Sur-Sur, incluye, ciertamente, el suministro estable de petróleo venezolano a la Isla aunque, debido a las sanciones a Caracas y a la persecución de las navieras por parte de la Casa Blanca, tiene un cumplimiento irregular en los últimos años (12). Pero, en contrapartida, Cuba aporta –cifras a día de hoy- 22 mil profesionales de la salud, que trabajan en consultorios y clínicas populares, Centros de Diagnóstico Integral, Salas de Rehabilitación Integral y Centros de Alta Tecnología Médica de la Misión Barrio Adentro, atendiendo y salvando vidas en comunidades que, hasta 2003, estuvieron marginadas y olvidadas en materia de salud (13). Además, decenas de programas de educación, cultura y deporte comunitario, en todo el país, son llevados a cabo por especialistas de la Isla. El “petróleo gratuito” es uno más de los mitos que alimentan el odio anticubano en ciertos sectores de Venezuela.

¿Logros sociales debidos al “ordeno y mando”?

Cuba “puede tener logros en algún sector basado este en la eficacia del ordeno y mando”, escribe Anasagasti. ¿Se debe a “la eficacia del ordeno y mando” que, según UNICEF, Cuba sea el único país sin desnutrición infantil severa de la región (14); que, según la FAO, sea el de menor grado de subnutrición; según la UNESCO, el único que ha cumplido el 100% de los “Objetivos de la Educación para Todos” (15); según el Banco Mundial, el que más porcentaje de su PIB invierte en educación de todo el mundo (16); o, según la OMS, el de menor cifra de mortalidad infantil de la región (17), o la primera nación del mundo en eliminar la trasmisión materno-infantil del VIH-SIDA (18)? Su afirmación, Sr. Anasagasti, no es seria.

¿Excusatio non petita?

Finalmente, Anasagasti nos asegura -¿excusatio non petita, accusatio manifesta?- que no es “sospechoso de ser Trumpista”. Frase que, estoy seguro, firmaría, en estas horas de tránsito en la Casa Blanca, su “presidente encargado” de Venezuela, Juan Guaidó. Quien, mientras impide que el oro venezolano, retenido ilegítimamente por el Banco de Inglaterra, sea destinado a la adquisición de las vacunas contra la COVID-19 (19), tal como Caracas firmó con el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) (20), no me extrañaría nada tuviera el desparpajo de declarar –como hace, en relación a Cuba, Iñaki Anasagasti- que “rechaza” y “adversa” el “boicot o bloqueo comercial” a Venezuela.

Tomado de Cubainformación / Foto de portada: Ignacio Gil/ ABC

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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