Ciberacoso en números, los otros riesgos del aislamiento

Por Ania Terrero / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano

Ciberacoso, chantajes, manipulaciones y espionaje cibernético: en la medida que crece el acceso a Internet, varían también los modos en que se ejerce la violencia de género. En tiempos de pandemia, marcados por cuarentenas y confinamientos que han incrementado aún más el uso de redes sociales y otras plataformas digitales, este tipo de prácticas invasivas del espacio del otro se vuelven más frecuentes y peligrosas.

Según el informe “Violencia de Género Digital”, resultado de un estudio realizado durante los últimos meses por BTR Consulting, el 60 por ciento de las usuarias de redes sociales experimentaron algún tipo de abuso «online» durante la crisis sanitaria provocada por el nuevo coronavirus.

La investigación también confirmó que las mujeres continúan siendo las principales víctimas de este tipo de agresiones en la red. Tras entrevistar a 3 mil personas, la consultora internacional de ciberseguridad informó que el 47 por ciento de ellas se sintieron acosadas por un tercero en algún medio digital. De ese total, el 56 por ciento corresponde a mujeres y el 44 por ciento a hombres.

El informe confirma una realidad alertada: las agresiones en el ámbito tecnológico pueden ser dirigidas a cualquier persona, pero las enfocadas hacia las mujeres son más comunes y de un carácter mucho más violento. Según estudios de ONU Mujeres, a nivel mundial ellas tienen 27 veces más probabilidades de ser atacadas en Internet que los hombres.

En los últimos meses, Facebook, Instagram, WhatsApp, Twitter y TikTok, en ese orden, fueron las plataformas donde se dieron la mayoría de los ataques. Por supuesto, no fueron las únicas. El acoso, la extorsión, la desacreditación pública y el espionaje, entre otras prácticas violentas, ganaron cada vez más espacio en correos electrónicos, sistemas de mensajerías, redes sociales y otros escenarios donde resulta más difícil determinar consecuencias legales para los agresores.

Otros datos del estudio marcan alertas importantes. Casi la mitad de las niñas y adolescentes fueron amenazadas con violencia física o sexual en redes sociales. El 39 por ciento de las encuestadas manifestaron que recibieron ataques a través de Facebook, seguido por Instagram con el 23 por ciento, WhatsApp 14 por ciento, Twitter 10 por ciento, TikTok 6 por ciento y otras plataformas un 10 por ciento.

A partir de esos números, los expertos en ciberseguridad señalaron que esta problemática cobrará mayor relevancia entre adolescentes. «Encontramos instagramers difundiendo fotos «sugerentes» o con escasa ropa de adolescentes, ofreciendo «nudes» de intercambio, conseguidas a partir de peticiones abusivas y extorsión. El medio digital se convirtió en una herramienta poderosa para quienes están detrás de este negocio, donde hay redes de trata», apuntaron.

La investigación de BTR Consulting confirma que Internet y sus redes sociales se han convertido en sitios de preferencia para replicar patrones machistas de comportamiento, con la amenaza agregada de que permiten novedosas y efectivas formas de dominación y control. Los estereotipos y la violencia de género se transmutan y perpetúan y Cuba no escapa a ello.

En la medida que incrementa el acceso a Internet, la presencia de internautas del patio se consolida en YouTube o Instagram, aunque Facebook sigue liderando el ranking de acceso. Es lógico suponer, por tanto, que comencemos a experimentar muchos de los fenómenos que se dan en esas y otras redes.

En su conceptualización más general, el ciberacoso implica el uso de las tecnologías de la comunicación y la información como plataformas de una conducta intencional, repetida y hostil de una persona, o de un grupo, para hacer daño, atemorizar, enfadar o humillar a otras. Abarca delitos telemáticos como la suplantación de identidad en las redes, el grooming (acoso a menores) o el ciberbulling.

En el caso de las mujeres, víctimas mayoritarias como ya vimos, el ciberacoso que sufren es una extensión de la violencia sistemática que han vivido a lo largo del tiempo. Las agresiones de siempre se agudizan a través de Internet, que no es un mundo aparte, más bien la extensión de este. Allí se perpetúan roles de género, se juzgan nuestras diferencias y se intenta silenciar a aquellas que defienden sus criterios y derechos.

Esta nueva expresión de violencia de género apareció al principio en formas sutiles, pero rápidamente creció y se convirtió en ataques abiertos en línea, en revelación directa de información íntima a través de teléfonos celulares o redes sociales, en hacer que fotos y vídeos se vuelvan virales y en la creación de sitios web para vengarse de anteriores parejas, mediante la publicación de materiales personales que habían sido cedidos con confianza y sin consentimiento para compartirlos o divulgarlos.

Son frecuentes además los ataques a políticas, periodistas y otras mujeres públicas a quienes se les ofende o se les descalifica por el hecho de ser mujeres, usando argumentos que reproducen estereotipos clásicos como aquel que reza “las mujeres están mejor en casa”.

De hecho, varias investigaciones confirman que una mujer con una voz fuerte en los espacios públicos, que cuestiona conceptos y tradiciones, es sujeto de una violencia virulenta, en particular si habla de machismo o de derechos de la mujer. El objetivo es silenciarla, atacando sus relaciones personales, su aspecto físico, entre otros temas.

Resulta preocupante también la existencia de manifestaciones de dominación en las redes sociales disfrazadas de “preocupación” o “muestra de amor”, con lo cual quedan invisibilizados sus riesgos. El hecho de que las parejas compartan perfiles y contraseñas de redes sociales como un signo de confianza resulta apenas un disfraz del control que se traslada del mundo “real” al “virtual”

Las posibilidades de las TICS como herramientas para el desarrollo son infinitas. Por tanto, hay que apostar cada vez más a ellas. Pero, en paralelo, urge analizar y educar para prevenir este tipo de violencias.

En Cuba el escenario se torna más complejo; porque si bien el fenómeno aún no se aprecia en grandes dimensiones –básicamente por la tardía llegada a los entornos digitales- también nos cuesta identificarlo. Hace falta, también allí, visibilizar las desigualdades de género que dan lugar a la violencia, en el mundo real y en el virtual, aún más en tiempos de pandemia.

(*) Periodista cubana. Columnista de Cubadebate.

Foto de portada: Getty Images

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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