Crónica de Mauricio, una distinción al mérito de valor histórico

Por Joaquín Sosa.

Siendo un adolescente meinscribíen las Brigadas de Alfabetización «Conrado Benítez» para contribuir a cumplir la promesa de Fidel de convertir a Cuba en 1961 territorio libre de analfabetos. Estuve en el campamento de Varadero preparándome, tenía unos 16 años, era la primera vez que me separaba de mis padres y que salía de La Habana.

Junto a unos 30 compañeros nos designaron para la provincia de Pinar del Río. Viajamos en ómnibus por la Carretera Central hasta esa ciudad, atrás iban quedando las poblaciones de Matanzas, Cotorro, Bauta, Caimito, San Cristóbal, Los Palacios, Consolación del Sur y San Juan y Martínez hasta llegar casi de noche a ISABEL RUBIO a varios kilómetros de Varadero y casi llegando al Cabo de San Antonio, donde por Occidente, se acaba la Isla de Cuba.

Nos ubicaron en la Base Aérea Militar de “San Julián” en el Municipio de Guane para alfabetizar a soldados y reclutas y comenzamos nuestro trabajo. La Base, además de la defensa, fungía como escuela para milicianos, con numerosos oficiales del Ejército y alumnos que requerían también ser alfabetizados.

Era a mediados de Diciembre de 1961, no recuerdo con exactitud, pero  el 12 o el 13 llegó en un helicóptero el Comandante Ernesto “Che” Guevara, ya habíamos terminado la campaña y todos nos encontrábamos preparando el Acto para  declarar la Base como «Territorio Libre de Analfabetismo».

El compañero Francisco Xene como Comisario Político había mandado a confeccionar y ya tenía consigo unas Medallas para reconocer a cada uno de los Brigadistas. El día siguiente de la llegada del Che el Sargento del Ejército Rebelde Edilberto Girón, nuestro Jefe en la Base, me dice: “Ponte el mejor uniforme que tengas y ven conmigo”.

Llegamos a la oficina donde estaba el Comandante Guevara y el Sargento me dice: “Entra y pídele que sea él quien presida el acto y haga la Declaración de Territorio Libre de Analfabetos”. No me dio tiempo a pensar, pues prácticamente me empujó e introdujo a la oficina.

El Che estaba sentado detrás del Buró, me miró, no pareció sorprendido, tampoco dijo nada, yo muy nervioso y asustado empecé:

«Comandante, nosotros quisiéramos que usted nos hiciera el honor…», no me dejó terminar, me interrumpió y me dijo algo así: «Un momento muchacho, de lo que me vas a pedir seguramente el honor va a ser mío, ahora dime».

Le expliqué y de inmediato me dijo: «Ves que el honor era para mí, pero preparen rápido el acto pues ya me tengo que marchar«.

Seguramente fui escogido para hacer la propuesta al Che pues además de fungir como Jefe de los Brigadistas, había integralmente cumplido bien la tarea y por ello poseía los méritos suficientes.

El 15 de diciembre de 1961 se celebró el Acto y los Brigadistas allí destacados recibimos de manos del Guerrillero Heroico la Medalla. Para mí en lo personal, aún hoy y después de casi 60 años, todavía es un alto honor, imborrable de mis recuerdos personales.

Esta Crónica surgió cuando el inexorable paso de los años me indujeron a sentarme y escribir “Mis Memorias” y a la vez con tiempo para ello por estar en casa para evitar la Covid-19, pero sucedió que al tratar de insertar en ellas lo antes narrado, no recordaba ni tenía la fecha exacta ni sabía dónde obtener el dato lo cual logré gracias al compañero Froilán González, lo escueto de lo encontrado fue lo que me motivó a compartirlo ante la posibilidad de lo inédito.

Foto de portada: Juventud Rebelde/ Archivo.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: