El Fondo desfonda a Latinoamérica

Por Hedelberto López Blanch/ Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano

Finamente y con mucha delicadeza el presidente argentino Alberto Fernández se refirió al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a la deuda que bajo el mandato de Mauricio Macri contrajo su país con ese organismo.

Fernández, durante una videoconferencia ante el Foro Económico Mundial de Davos 2021, recordó la responsabilidad del FMI a la hora de aprobar el megapaquete de deuda a favor del gobierno del exmandatario.

Seguidamente indicó que no hay más lugar para ajustes irresponsables, imposibles de cumplir y a la par que rechazó las recetas de ajustes, se mostró a favor de la disciplina fiscal.

Su puntual exposición fue bien sopesada pues la deuda de Argentina asciende a 44 000 millones de dólares, herencia dejada por el gobierno de Macri, que el actual gobierno espera cerrar lo antes posible y para lograrlo necesita llegar a acuerdos beneficiosos para ambas partes.

En graves tiempos de pandemia se ha puesto de manifiesto que el FMI aprovechó la grave crisis económica, monetaria y social que ha provocado la Covid-19 en la mayoría de las naciones de América Latina y el Caribe, para afianzar su control financiero sobre los países de la región que le solicitaron empréstitos.

Solo en nueve meses, de marzo a noviembre de 2020 el Fondo entregó a varias naciones latinoamericanas, 63 740 millones de dólares, la región del mundo donde más se concentró el financiamiento de emergencia de ese organismo.

Informes del FMI resaltan que seis de cada 10 dólares de los 102 150 millones que entregó en el año, fueron hacia esos países, los cuales en su mayoría no se concentran en mecanismos de suspensión o alivio de la deuda por considerarse de ingresos medios.

En la región, 21 naciones obtuvieron un préstamo durante el mes de mayo del pasado año y tres de estos concentran el 80 %. A Chile le aprobaron 23 930 millones de dólares; a Colombia 16 948 millones y Perú 11 000 millones de dólares, todos por la vía de créditos flexibles.

Además de estas tres naciones, el Fondo entregó empréstitos mediante el método de financiamiento rápido a Ecuador por 6 000 millones; República Dominicana, 650 millones; Guatemala, 594 millones; Jamaica, 520 millones; Panamá, 515 millones; Costa Rica, 508 millones; El Salvador, 389 millones; Bolivia, 327 millones; Paraguay, 274 millones y Bahamas, 250 millones. Con menos de 100 millones aparecen, Barbados, Santa Lucía, Granada, San Vicente y las Granadinas y Dominica

América Latina fue testigo en los años 80 y 90 del siglo pasado de las duras condiciones que imponía el FMI a cada gobierno de la región que accedía a sus préstamos. En esta ocasión, en el contexto de la pandemia, no se ven los efectos inmediatos pero la historia será otra a medida que avancen los plazos de flexibilización de los préstamos.

Las potencias occidentales, encabezadas por Estados Unidos han tenido a su disposición desde finales de la Segunda Guerra Mundial mecanismos financieros, económicos y propagandísticos que utilizan para impedir que surjan gobiernos progresistas o tratar de derrocarlos cuando estén en el poder.

En esa línea, el FMI y el Banco Mundial surgieron en 1944 en la ciudad estadounidense de Bretton Woods como mecanismo de dominación de los países capitalistas que han ejercido el control financiero sobre las naciones pobres del mundo, con empréstitos injustos, y como consecuencia han incrementado ese flagelo en el orbe.

Las dos organizaciones financieras internacionales tienen numerosas historias negativas pues en vez de ayudar, han puesto en crisis económica y social a decenas de naciones, tanto en desarrollo como desarrolladas.

Para explicarlo de una forma más clara, la ecuación de los acuerdos es simple: el FMI da dinero al país para pagar las deudas con los acreedores externos y nada para reflotar la economía interna, o sea, la ayuda se dirige hacia las entidades financieras y a partir de ese instante, las deudas del país son con el FMI (bilaterales) y no con los inversores privados, que han recuperado todo su dinero con sus correspondientes intereses.

A continuación el gobierno que se halle en graves apuros, deberá imponer un conjunto de medidas que afectarán el bienestar de la población para que el FMI recupere con creces (por los altos impuestos) el dinero entregado.

En 1985 se estimaba que en América Latina el pago de intereses por la deuda ascendía a 40 000 millones de dólares anuales, mientras que la fuga de capital neto estaba calculada en más de 55 000 millones de dólares y la deuda total en más de 360 000 millones de dólares.

En 2012, el endeudamiento de los gobiernos de la región se cifraba en 29,4 % del PIB, en 2017 se elevó a 43,3 % y se proyecta que para 2023 sea de 55,7 %.

Los gobiernos en varias de esas naciones, utilizarán los empréstitos para ayudar a las grandes empresas y negocios a solventar la crisis y no los destinarán a resolver los graves problemas de la población.

Por eso cada día tienen más vigencias las palabras del líder cubano Fidel Castro Ruz cuando en agosto de 1985 en el evento realizado en La Habana sobre la Deuda Externa de América Latina y el Caribe enfatizó que “…no hay nada más parecido a un cáncer que la deuda externa…El imperialismo ha creado esa enfermedad…y tiene que extirparse quirúrgicamente, totalmente, no le veo otra solución”.

(*) Periodista cubano. Escribe para el diario Juventud Rebelde y el semanario Opciones. Es el autor de «La Emigración cubana en Estados Unidos”, «Historias Secretas de Médicos Cubanos en África» y «Miami, dinero sucio», entre otros.

Foto de portada: AFP

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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