El Maidán de bolsillo o la feria de las vanidades

Por Raúl Antonio Capote

Según plantea Gene Sharp, a quien se atribuye la estrategia de las revoluciones de colores, una de las primeras acciones recomendadas para comenzar una revuelta «no violenta» es ocupar las plazas públicas.

También se inscriben entre las orientaciones de los gurús de esta estrategia, la focalización de la protesta en un espacio reducido, para concentrar los medios de prensa convocados para la acción y aprovechar al máximo los recursos humanos, utilizar grupos musicales y danzarios, acciones plásticas, y construir tribunas públicas para la intervención de oradores «improvisados», con el fin de que no decaiga la asistencia.

Detrás de este tipo de acciones hay siempre una bien planeada maniobra de relaciones públicas, donde intervienen verdaderos emporios del arte de mentir y falsificar la realidad. Detrás de estas armas de combate, como bien las define el coronel retirado del Ejército de EE. UU., veterano de la agresión a Vietnam y estratega del golpe blando, Bob Halvey, están los expertos en guerra sicológica, los magos de la percepción, los fabricantes de la «verdad».

El «arte» de Tania Bruguera y compañía empalidece, hasta desaparecer en la nada, ante los performances que pueden crear estos señores.

En el encuentro que Fidel sostuvo con artistas e intelectuales los días 16, 23 y 30 de junio de 1961, escenario de sus conocidas Palabras a los intelectuales, en la Biblioteca Nacional, convocó a los creadores revolucionarios a desarrollar su obra dentro de la Revolución. El Comandante en Jefe previó el combate en el cual nos veríamos implicados en los años por venir, frente a la maquinaria de propaganda imperial. Viajó al futuro y nos alertó.

Lo que ocurrió el 27 de enero frente al Ministerio de Cultura, no pasa de ser una feria de vanidades, un show de egos sublimados, donde la ignorancia sentó cátedra. Que alguien se autoproclame artista no lo convierte en uno. Se necesita talento, trabajo, estudio y sacrificio de años.

Ha sucedido que quienes se creen dueños de este mundo, con el fin de utilizarlos para oscuros intereses, han fabricado artistas generosamente calzados con premios, becas y emolumentos capaces de comprar almas y aprovechar las virtudes del arte para influir y manipular conciencias.

El arte debe servir para enriquecer el alma de los seres humanos, también para cuestionar, para increpar; debe combatir, transgredir, debe atreverse a cruzar fronteras, romper esquemas, debe emocionar, alegrar, estremecer, elevar… pero cuando el arte se adocena al servicio de la infamia, cuando se pone a disposición de los peores planes de los poderosos de este mundo, cuando obedece al dinero y se inclina ante el egoísmo, cuando se entrega como arma en manos de quienes pretenden mancillar a un pueblo, deja de ser, se convierte en triste espectáculo de feria barata.

Debe ser triste bufonear en los salones del imperio, a cambio de un rinconcito en su Parnaso; allí donde la vergüenza y el vacío desalma a más de una sombra que pudo, en cambio, ser y pervivir en la memoria de su pueblo, pero que eligió la apostasía.

Tomado de Granma/ Foto de portada: Facebook

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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