Explosión del acorazado Maine en La Habana, el inicio del tenso vínculo entre EEUU y Cuba

Por Miguel Fernández.

 De las incontables agresiones perpetradas contra Cuba por Estados Unidos en poco más de un siglo, la explosión en el puerto de La Habana del acorazado Maine, el 15 de febrero de 1898, fue quizás la primera más importante, lo que provocó la intervención militar y ocupación de la isla por tropas estadounidenses.

A 123 años de este macabro hecho, que costó la vida de 260 tripulantes —dos oficiales y 258 marineros—, todavía los historiadores e investigadores se cuestionan si el desastre naval fue fortuito, o si la causa de la explosión fue un sabotaje, un accidente o una negligencia.

Lo único que quedó claro fue que el hundimiento del acorazado en la bahía habanera, fue la excusa que necesitaba Washington para intervenir en la guerra de independencia que por 30 años los cubanos sostenían contra la metrópoli colonial española, postergando el sueño de soberanía de los isleños.

De esta forma, el Gobierno de EEUU acusó a España de «atacar» al buque militar estadounidense anclado en Cuba, y le declaró la guerra a Madrid, ocupando las excolonias españolas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

Antecedentes de la intervención

En el año 1896, el presidente estadounidense Stephen Grover Cleveland (1893-1897) hizo público su rechazo a una eventual independencia de Cuba y desconoció las casi tres décadas de luchas emancipadoras de los cubanos.

Su sucesor en la Casa Blanca, William McKinley (1897-1901), defendía la compra a España de la isla caribeña.

Por su parte, Theodore Roosevelt, en ese momento secretario adjunto para la Armada, y más tarde presidente de EEUU (1901-1909), apoyaba acciones más enérgicas contra las posesiones españolas en el Caribe insular, y aprovechó la explosión y hundimiento del acorazado Maine en Cuba para acusar a España, apoyado por William Randolph Hearst, un importante publicista y dueño de periódicos.

La prensa estadounidense, principalmente los diarios The New York Journal, propiedad de Hearst, y The New York World, de Joseph Pulitzer, desplegaron numerosos artículos de carácter sensacionalista, acomodando a la opinión pública en EEUU respecto a una eventual intervención en Cuba.

Uno de los corresponsales de Hearst en La Habana, Frederic Remington, un dibujante contratado para ilustrar el estado de guerra en la isla, envió un mensaje al publicista en enero de 1897, confirmando que en Cuba «Todo está tranquilo. No hay problemas. No habrá guerra. Deseo volver».
La respuesta de Hearst fue inmediata y contundente: «Por favor, manténgase allí. Usted proporcione las imágenes y yo proporcionaré la guerra».

Y por más de un siglo, así ha sido.

La verdad oculta en el fondo del mar

Hasta hoy, varias comisiones de investigadores han hurgado en restos y documentos vinculados al acorazado Maine, para encontrar la verdad que aclare las verdaderas circunstancias en que estalló el buque de guerra.

En 1898 el gobierno de España, intentado demostrar su inocencia ante las acusaciones de EEUU, creó una comisión investigadora integrada por el capitán de navío Pedro del Peral, y el teniente de navío Francisco Javier de Salas, pesquisa que no fue tomada en cuenta por Washington. 

Esta comisión solo pudo inspeccionar los restos del Maine no sumergidos, ya que los militares de la Armada de EEUU les impidieron acceder al buque siniestrado.

En 1911, a 13 años de la tragedia, un tribunal de investigación encabezada por el almirante estadounidense Charles Vreeland inspeccionó los restos del Maine, y llegó a la conclusión de que una explosión externa había provocado el estallido de las almacenes de municiones, sosteniendo la acusación contra España.

La verdad sale a flote

Casi seis décadas después, el almirante estadounidense Hyman G. Rickover, acompañado de un grupo de expertos, llegó a la conclusión de que la explosión en el barco militar fondeado en La Habana fue interna, planteando varias posibilidades, entre ellas, un incendio en una carbonera, sabotaje, accidente con armas, o una bomba colocada por un visitante.

Este resultado puso en entredicho la afirmación defendida por el Gobierno estadounidense durante 78 años, y dejó abierta la puerta a pensar en una auto agresión para justificar la guerra contra España y la posterior ocupación de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

Sea cual sea la verdad, la voladura del acorazado Maine fue el inicio de una agresiva expansión militar de EEUU por los mares del mundo, que 123 años después, sigue siendo un peligro para estabilidad de la paz mundial.

Tomado de Sputnik/ Foto de portada: 

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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