La demoniocracia colombiana

Por Hedelberto López Blanch* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Las administraciones estadounidenses aseguran que Colombia es una verdadera democracia que cumple con todos los preceptos del derecho nacional e internacional aunque tiene algunos huecos oscuros.

Las afirmaciones fueran ciertas si no hubiera en el país hechos de asesinatos masivos como las cerca de 100 masacres reportadas a lo largo de 2020 y en lo que va de 2021 que han dejado alrededor de 480 víctimas.

Washington dice que Colombia es una democracia pero eso no se corresponde con la situación de inseguridad y precariedad en diversos territorios como Nariño, Antioquia, Putumayo, Tumaco, Buenaventura, Chocó, Catatumbo, Valle del Cauca, Caquetá, la Guajira donde hombres y mujeres jóvenes están siendo objeto de las mayores agresiones por parte de los grupos armados y las mafias debido a la crisis y condiciones deplorables en medio de la pandemia según denunció Camilo González Posso, director del Instituto de Estudios para el Desarrollo de la Paz (Indepaz).

Washington refiere que Colombia es una democracia, aunque en esa nación andina el gobierno no ha respetado los Acuerdos de Paz firmados en La Habana y desde que fueron suscritos en 2016, (violados por Bogotá) han sido asesinados más de 900 líderes sociales y 248 ex guerrilleros desmovilizados de las FARC.

Washington asegura que Colombia es una democracia y la afirmación se contradice con el informe anual que realiza la Organización de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc) donde se expresa que más del 70% de la cocaína que se comercia en el mundo es producida en ese país y que Estados Unidos es el mayor consumidor.

El documento calcula que cerca de 450 000 familias están en las zonas de producción sin ningún tipo de alternativa a la siembra ilegal, bajo amenaza constante de grupos mafiosos quienes se benefician por la venta de droga.

Washington dice que Colombia es una democracia aunque aparece como el segundo país más desigual de América Latina, el 10% de la población más rica gana cuatro veces más que el 40% más pobre.

El hambre y la miseria junto a los altos índices de criminalidad y difícil acceso a la educación y a la salud son hechos cotidianos para la mayoría de la población. De los 43 millones de habitantes, 22 millones están en condiciones de pobreza y el desempleo se sitúa en 18% (alrededor de 3,5 millones).

Reafirma Washington que en Colombia se realizan verdaderas elecciones democráticas. De todas formas, se ha denunciado en reiteradas ocasiones que el actual presidente Iván Duque, y otros como Álvaro Uribe, llegaron al poder mediante extorsiones, compra de votos, pérdida de urnas y hasta asesinatos de opositores para inducir miedo a la población.

La derecha colombiana tiene una larga historia de compra de votos, pérdida de urnas y hasta asesinatos de opositores para inducir miedo a la población y por tanto hacer lo imposible por mantenerse en el poder con el apoyo directo de la OEA y el pleno respaldo de Estados Unidos.

Se hace completamente previsible que La Casa Blanca considere a los gobernantes de Colombia como verdaderos demócratas porque lo tiene como su principal bastión contra la República Bolivariana de Venezuela y otros gobiernos progresistas de la región.

En 2009, el régimen de Álvaro Uribe firmó con el ex presidente estadounidense Barack Obama un controvertido plan mediante el cual Washington instaló centros de operaciones militares en siete unidades dispersas en todo el territorio del país andino. Esas bases son Palanquero, Apiay, Malambo, Cartagena, Tolemaida, Larandia y Bahía Málaga.

El entonces presidente venezolano, Hugo Chávez denunció ese programa militar al detallar que era solo una fachada para la legalización de la presencia norteamericana con la mirada fija en amenazar e intimidar a los gobiernos de Venezuela y de Ecuador (este último bajo la dirección del presidente Rafael Correa).

Indiscutiblemente, la demoniocracia bogotana esta fuertemente apoyada y sustentada por Estados Unidos y su brazo colonizador, la Organización de Estados Americanos (OEA). Solo el pueblo colombiano podrá cambiar esa simbiosis.

(*) Periodista cubano. Escribe para el diario Juventud Rebelde y el semanario Opciones. Es el autor de «La Emigración cubana en EEUU» e «Historias Secretas de Médicos Cubanos en África».

Foto de portada: Getty Images.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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