Los peones del veneno: María Elvira Salazar y Frank Calzón

Por Iroel Sánchez

Muchas han sido las personas, entre ellas líderes de opinión de la sociedad cubana, que se han solidarizado con quienes en días recientes han sufrido el doloroso y repudiable envenenamiento de sus mascotas.

También se ha reclamado el necesario esclarecimiento de esos hechos y una legislación –sobre la que se han publicado noticias halagüeñas en medios de comunicación oficiales acerca de su próxima puesta en vigor– que sancione el daño a las especies con las que convivimos, incluyendo aquellas que nos acompañan en nuestro entorno más cercano.

Leyendo varias de las publicaciones a raíz de estos hechos, incluida una en este diario, llama la atención el rechazo a la idea que «responzabiliza a la Seguridad del Estado de la muerte de los canes, como represalia ante el activismo de sus dueños».

Esa tesis, que ha reproducido el sistema de medios privados financiado desde Estados Unidos, cuya trayectoria de noticias falsas y manipulaciones sobre Cuba no es corta, por más descabellada que sea, no debemos dejar de preguntarnos de dónde salió.

La internet permite ver la primera vez que alguien dijo algo sobre un asunto: si usted busca en la red Twitter, encontrará que fue la congresista estadounidense, integrante de la mafia anticubana, María Elvira Salazar, quien el 2 de febrero, cuando nadie había lanzado la teoría que culpa a las autoridades cubanas del envenenamiento de mascotas, al citar un tuit de uno de los dueños de medios privados que, desde EE. UU., es parte de las campañas mediáticas contra Cuba, dio la primicia de la oportunista calumnia.

Nada raro. Una mirada rápida al perfil de la señora Salazar permite comprobar que está repleto de llamados a más bloqueo contra Cuba, y de posiciones contrarias a que el nuevo Gobierno estadounidense retire a la nación caribeña de la espuria y absurda lista de patrocinadores del terrorismo, algo que perjudica a todos los que vivimos en esta Isla, independientemente de cómo piensen políticamente: «¡Rechazo enérgicamente cualquier intento de esta administración de remover al régimen asesino de Cuba de la lista de países que patrocinan el terrorismo!», tuiteó, hace pocos días.

El 6 de febrero, a raíz de un segundo caso de envenenamiento, el mismo autor del tuit que replicara María Elvira Salazar, hace suya la tesis de aquella, y es retuiteado nada menos que por Frank Calzón, con largo historial en organizaciones terroristas patrocinadas por la CIA contra Cuba, como Alpha 66 y Abdala, y que se recicló en «las luchas por los derechos humanos» financiadas por el Gobierno estadounidense a través de la Usaid, dirigiendo un proyecto  de propaganda anticubano desde Freeedom House, entidad que Washington utiliza, desde el siglo pasado, en su estrategia contra  países y organizaciones que les resultan incómodos.

No pocas personas se han preguntado, a raíz de esos envenenamientos, a quién conviene enrarecer el diálogo entre instituciones estatales y los grupos que en Cuba abogan por mayor protección hacia los animales, cuando está a punto de darse un paso como la deseada normativa del bienestar animal. La respuesta es bastante obvia: a gente como Calzón y Salazar, a los mismos que no tienen escrúpulos para lanzar cualquier mentira, con tal de que eche agua al molino del malestar y la división entre cubanos.

Ojalá cese para siempre ese tipo de prácticas brutales contra seres que motivan cariño y solidaridad, que se establezcan las normativas y se promueva la cultura que contribuya a impedirlo, pero no vendrán de la mano de personas como María Elvira Salazar y Frank Calzón, verdaderos peones del veneno. La solidaridad es lo contrario del odio. La justicia y la verdad nunca nos las traerán quienes piden más bloqueo, y no cesan de fabricar mentiras que justifiquen su sueño de una Cuba ensangrentada por la violencia.

Tomado de La Pupila Insomne / Foto de portada: Granma
 

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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