Violencia lastra Acuerdos de Paz en Colombia

Por Orlando Oramas León/ Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano

El Acuerdo de Paz para Colombia, firmado en 2016 en La Habana, supuso el inicio del fin de la violencia en el país sudamericano, una meta que la cruda realidad insiste en desmentir.

Baste para tal conclusión acudir al último reporte anual de la Oficina de la Alta Comisionada de Derechos Humanos de la ONU para comprobar que el fin de la guerra con las FARC-EP dio paso a otra confrontación de exterminio y de proliferación de grupos armados irregulares.

Según la ONU, en Colombia ocurrieron 76 masacres y 292 asesinatos el año anterior. Ello significa la mayor cifra y casi el doble las 36 matanzas registradas en 2019.

En 2020 hubo «una intensificación de la violencia y un aumento en el control territorial y social por parte de grupos armados no estatales y grupos criminales», refrenda el documento, que alude a una violencia endémica en esa nación.

«Desde el 2018, el número de masacres ha incrementado constantemente, siendo el 2020 el año con la cifra más alta registrada desde 2014», dijo la representante en Colombia de la Alta Comisionada, Juliette Rivero, en su exposición a los medios, previo a la presentación del documento en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra.

«La tendencia de asesinatos de defensores es muy preocupante y el Estado tiene la capacidad y la posibilidad de ajustar sus políticas para prevenir estos casos de violencia», consideró la representante de la Alta Comisionada, la chilena Michelle Bachelet.

Además, la violencia también provocó el desplazamiento masivo de más de 25 mil personas, sobre todo en los departamentos de Antioquia (noroeste), Chocó (oeste) y Nariño (suroeste), y casi 75 mil personas sufrieron confinamientos impuestos por grupos armados.

El informe del organismo internacional da cuenta del incremento de los crímenes contra líderes sociales y desmovilizados de la insurgencia. Solo en 2020 perdieron la vida de forma violenta 73 exintegrantes de las FARC.

Y aquí entra a jugar el papel del Estado colombiano en garantizar el cumplimiento del Acuerdo de Paz, incluida la seguridad ciudadana.

«La ausencia de una presencia integral del Estado en algunas regiones del país limita la capacidad para cumplir con su deber de protección de la población, incluyendo el derecho a la vida, los derechos económicos, sociales y culturales, el acceso a la justicia y la participación de las personas y grupos más vulnerables», subrayó Rivero a la prensa en Bogotá..

Ante este aumento de la violencia la ONU considera que lo «más importante es poner el acuerdo de paz en el centro de la respuesta del Gobierno y reforzar los mecanismos creados por el acuerdo para dar respuesta a esta situación», añade el informe.

Pero las expectativas creadas con la firma del acuerdo aquel 24 de noviembre de 2016 entre el gobierno de Juan Manuel Santos, en representación del Estado, y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP), en función de una paz estable y duradera, parecen descarrilarse.

Según avanza el tiempo se diluye entre su débil implementación, los desplazamientos forzosos, la creciente cifra de asesinatos de líderes sociales, defensores de derechos humanos y exinsurgentes, así como el protagonismo de grupos armados vinculados al narcotráfico y otras actividades ilícitas.

Si bien el proceso negociador que culminó con el documento de La Habana resultó una derrota para los sectores guerreristas ligados a la oligarquía, la vida demuestra que tales intereses siguen vivos y atentan contra el proceso de pacificación.

Resultan los mismos que lucraron con el conflicto armado más largo en el tiempo en el continente, y los principales oponentes al proceso de diálogo y negociación que sellaron de manera histórica en la capital cubana el entonces presidente Juan Manuel Santos y el comandante guerrillero Rodrigo Londoño, alias Timochenko.

(*)  Periodista cubano, autor de los libros “Raúl Roa, periodismo y Revolución”, “Pohanohara, cubanos en Paraguay” y “Cuentos del Arañero”.

Foto de portada: S Barros/  Nur Photos

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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