Argentina: A 45 años del genocidio

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José Luis Méndez Méndez (*) / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano

Cuatro décadas y media nos separan del comienzo organizado del genocidio, que truncó la vida de parte de una generación de mujeres y hombres en Argentina, gestores de ideas nacionalistas, patrióticas, progresistas, empeñados la mayoría en alcanzar la justicia social.

Hoy, se recuerdan algunos aspectos caracterizadores de los antecedentes esenciales e inmediatos anteriores al golpe militar del 24 de marzo de 1976, que explican el proceso que lo gestó y devino en esa página oscura de Argentina. Suceso que fue la máxima expresión de todo el intenso y turbulento contexto político de ese país, durante ese segmento del siglo XX, cuando el conflicto social fue tal, que desbordó y superó las estructuras jurídicas y políticas para encauzarlo.

En los 53 años que transcurrieron desde el primer golpe de Estado en 1930, hasta que cayó la última dictadura en 1983, los militares argentinos gobernaron durante 25 años, imponiendo 14 dictadores con el título de “presidente”. En ese período todas las experiencias de gobierno elegidas democráticamente (radicales, peronistas y radical-desarrollistas) fueron interrumpidas mediante golpes de Estado. En Argentina se produjeron seis golpes de estado durante el siglo XX, en 1930, 1943, 1955,

Todos estos procesos ocurridos hasta 1983 se autodenominaron como revolucionarios. Así tenemos la Revolución del 43, originada en el golpe del 4 de junio de 1943, un confuso proceso político durante el cual diversos grupos, muchos de ellos sin protagonismo anterior en la historia argentina, se disputaron el poder. Todos estos grupos militares que lucharon por dominarlo eran marcadamente anticomunistas y mantenían relaciones fuertes con la Iglesia Católica, que recuperó una sólida presencia, sobre todo, en el ámbito de la educación. Las luchas intestinas desencadenaron dos golpes internos, sucediéndose en el poder tres dictadores: Arturo Rawson, Pedro Pablo Ramírez y Edelmiro Farrell.

La dictadura finalizó con una convocatoria a elecciones democráticas realizadas el 24 de febrero de 1946, que fue aceptada por todos los sectores. En la misma triunfó Juan Domingo Perón, quien asumió el 1 de mayo de 1946, y sería derrocado por el golpe del 16 de septiembre de 1955, antes de finalizar su segundo mandato. Este atentado a la democracia derrocó a un gobierno constitucional para instaurar una dictadura que anuló los derechos civiles, asesinó obreros, arrasó con los sindicatos y las leyes laborales, entregó la economía a las transnacionales y preparó el retorno al coloniaje.

El golpe del 55, conocido como Revolución Libertadora, llevó al poder a los generales Eduardo Lonardi en primer término y posteriormente, por un golpe interno, a Pedro Eugenio Aramburu, quienes fueron los dos autócratas de este proceso gestado para derrocar a Juan Domingo Perón, entre el 16 y el 23 de septiembre.

El gobierno de facto instaurado contó con una Junta Consultiva integrada por la mayor parte de los partidos políticos tradicionales: Unión Cívica Radical, Partido Socialista, Partido Demócrata Nacional, Partido Demócrata Cristiano y Partido Demócrata Progresista.

La llamada Revolución Libertadora impuso la proscripción del peronismo, representado en el Partido Justicialista y la persecución de sus simpatizantes, proscripción que se mantendría por 18 años. También durante ese tiempo, se producen hechos sin precedentes en la historia argentina moderna: se fusiló a opositores al régimen militar impuesto, en algunos casos en forma pública y en otros clandestinamente.

Los fusilamientos de 1956 rememoraron la bomba del 13 de abril de 1953 que, en el seno de una concentración obrera y popular en Plaza de Mayo, asesinó a nueve trabajadores dejando heridos a decenas de manifestantes.

Otro antecedente de lo que fue después el accionar terrorista de la dictadura iniciada en 1976, se produce el 16 de junio de 1955, cuando la Plaza de Mayo fue bombardeada por aviones de la Marina, que sembraron de cadáveres y heridos la histórica plaza en pleno mediodía. En ella quedaron más de 200 muertos y centenares de heridos.

En 1958, la Revolución Libertadora convocó a elecciones limitadas y controladas por las Fuerzas Armadas, como se dijo, con proscripción del peronismo. En ellas triunfó la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), un sector de la fracturada Unión Cívica Radical liderado por Arturo Frondizi, quien había realizado un pacto electoral y político con Perón con el fin de obtener el apoyo para su candidatura, del decisivo voto peronista. El Presidente Frondizi sería a su vez derrocado por los militares cuatro años después.

Así fue con el golpe militar del 29 de marzo de 1962, el cual estuvo liderado por el general Raúl Poggi, tuvo características peculiares, que determinaron que no fuera un militar, sino un civil, José María Guido (el único dictador civil de la serie de golpes de Estado en Argentina), quien accediera al gobierno luego de derrocar al Presidente Arturo Frondizi.

El hecho que precipitó este golpe fue la amplia victoria del peronismo en las elecciones realizadas once días antes, en diez de las catorce provincias, incluyendo la estratégica provincia de Buenos Aires, donde triunfó el dirigente sindical textil Andrés Framini. Para esas elecciones, Frondizi había habilitado al peronismo, tras su proscripción en la Revolución Libertadora, aunque manteniendo la prohibición a Juan Domingo Perón de volver al país y presentarse como candidato. Tras el triunfo peronista, Frondizi inmediatamente intervino las provincias en las que había ganado, pero el golpe era imparable.

Producido el levantamiento militar en 1962, el Presidente Frondizi, fue detenido por los militares en la Isla Martín García, se negó a renunciar. Eso llevó a interminables movimientos, amenazas y gestiones que agotaron a los líderes de la insurrección, quienes se fueron a dormir antes de asumir formalmente el poder. En la mañana del 30 de marzo, el general Raúl Poggi, cabeza de la insurrección victoriosa, se dirigió a la Casa Rosada para hacerse cargo del gobierno, y se sorprendió con el hecho de que los periodistas le comentaban que un civil, José María Guido, había jurado como presidente en el palacio de la Corte Suprema de Justicia.

El político Guido era un radical intransigente, que presidía provisionalmente la Cámara de Senadores, debido a la renuncia del Vicepresidente Alejandro Gómez. Teniendo en cuenta esto, la noche del golpe, algunos abogados relacionados con la Corte Suprema de Justicia de la Nación, entre ellos Horacio Oyhanarte, toman el derrocamiento de Frondizi como un caso de acefalía y asume la presidencia Guido por encontrarse en la línea sucesoria.

Entre incrédulos, sorprendidos e indignados, los militares golpistas terminaron aceptando a regañadientes la situación y convocaron a Guido a la Casa Rosada para comunicarle que sería reconocido como presidente, en tanto y en cuanto se comprometiera por escrito a ejecutar las medidas políticas indicadas por las Fuerzas Armadas, siendo la primera de ellas anular las elecciones ganadas por el peronismo. Guido aceptó las imposiciones militares, firmó un acta en la que dejaba constancia de ello y recién entonces fue habilitado por estos para instalarse con el título de “presidente”, pero con la obligación de clausurar el Congreso Nacional e intervenir las provincias.

Efectivamente Guido cumplió las órdenes militares: anuló las elecciones, clausuró el Congreso, volvió a proscribir al peronismo, intervino todas las provincias y designó un equipo económico de derecha, del cual formaron parte los siniestros personajes Federico Pinedo y José Alfredo Martínez de Hoz.

Finalmente, en 1963 volvió a convocar a elecciones limitadas, con proscripción del peronismo, en las que resultó elegido presidente Arturo Illia, de la Unión Cívica Radical del Pueblo, saliendo segundo el voto en blanco que muchos peronistas utilizaron como forma de protesta. El Presidente Illia asumió el 12 de octubre de 1963 y también sería derrocado por un golpe militar el 28 de junio de 1966.

Este nuevo y posteriores golpes castrenses internos llevan a sucesivos mandatos a los generales Juan Carlos Onganía; Roberto Marcelo Levingston y Alejandro Agustín Lanusse, dentro de un proceso dictatorial que se denominó Revolución Argentina y se presentó, no como en los anteriores, con un carácter provisional, sino que estableció un sistema permanente, lo cual ocurrió también con golpes similares en otros países de la región, como Brasil, Chile, Uruguay, Bolivia y Paraguay, este último instalado desde 1954.

La Constitución fue sustituida por un Estatuto con nivel jurídico superior y que, en 1972, incorporó reformas constitucionales, algo que también la distinguió de las dictaduras anteriores. En la práctica, la Revolución Argentina adoptó una ideología fascista-católica-anticomunista, que fue respaldada por los Estados Unidos y países de Europa.

Este proceso político y social fue altamente conflictivo, generó luchas intestinas entre diversos sectores militares, se sucedieron dos golpes internos y la instauración de tres dictaduras militares: Onganía, (1966-1970), Levingston, (1970-1971) y Lanusse, (1971-1973).

Durante el mandato del general Lanusse se prefigura lo que vendría luego con el golpe de 1976. Lanusse reforma el código procesal penal e instaura un procedimiento especial para los delitos definidos como subversivos; derogando garantías, llenó las cárceles de presos políticos como nunca antes. En el medio de ese proceso de llenar las cárceles y vaciarlas, ocurre entre el 19 y el 22 de agosto de 1972, la expresión de mayor unidad de las organizaciones armadas argentinas, el intento de fuga de presos políticos cuyo fracaso da lugar a la masacre de Trelew, en la que son asesinados un grupo de jóvenes que habían participado de un fallido escape, producido el 15 de agosto de 1972.

En el marco del desgaste político, de pugnas económicas de grupos de poder insatisfechos y una creciente reacción del pueblo por medio de una insurrección popular generalizada, la dictadura organizó una salida electoral, en 1973, con la participación del peronismo pero sin Perón de candidato. En ella triunfó, el candidato peronista Héctor J. Cámpora, quien asumió el 25 de mayo de 1973.Ese mismo día, la flamante Presidencia decreta la amnistía a los presos políticos.

El electo Cámpora renunció para permitir elecciones libres. Ganó, entonces, Juan Domingo Perón, pero murió antes de cumplir un año en el poder. El gobierno peronista, en manos de la Vicepresidenta María Estela Martínez de Perón fue derrocado por el golpe militar de marzo de 1976, denominado Proceso de Reorganización Nacional, el cual impuso una Junta Militar integrada por tres militares, uno por cada fuerza, que a su vez elegía dentro de sí, un funcionario con el título de “presidente”, con funciones ejecutivas y legislativas.

En este golpe militar, que como describimos brevemente sería el sexto y se prolongaría por ocho largos años, el poder Estatal se aplicó sin límite alguno, dando lugar al concepto de Terrorismo de Estado. Su estudio no se puede simplificar o reducir a su forma de manifestarse por medio de hechos aberrantes ejecutados por psicóticos, pues estos hechos son solo los efectos de causas multifactoriales mucho más complejas.

Este horrible episodio nacional dio un vuelco total a la sociedad argentina, que no por esperado y anunciado durante los meses anteriores del agonizante gobierno de María Estela Martínez, minimizó su impacto en todos los órdenes. Ocasionó la desaparición de más de 30 mil personas, y además secuelas y daño psicológico irreversible en millones de personas, entre otros efectos.

El cisma en la sociedad argentina, significó la pérdida para sus ciudadanos de las principales garantías a las que cualquier ser humano tiene derecho aún en los más terribles estados de emergencia, en particular, el derecho inalienable a la vida y a su seguridad e integridad físicas. Otros derechos inherentes a su calidad de ciudadanos, como no sufrir condiciones inhumanas de detención y que no se le niegue el acceso a la justicia o a no sufrir un proceso o ejecución sumaria, fueron violados de una manera sistemática por la represión que se inició en ese momento.

En 1982, el gobierno militar de turno emprendió la llamada Guerra de Malvinas contra Inglaterra. La derrota sufrida aceleró la caída de la tercera Junta Militar y, meses más tarde, la cuarta llamó a elecciones para el 30 de octubre de 1983. En ellas triunfó el candidato de la Unión Cívica Radical, Raúl Alfonsín, quien asumió el 10 de diciembre de 1983.

Los golpistas militares fueron enjuiciados y condenados, y muchos de ellos llevados a prisión, en complejos y dilatados juicios, no todos los involucrados ni beneficiados durante el proceso fueron llevados ante la justicia. El Proceso de Reorganización Nacional fue la última dictadura en Argentina. Aunque entre 1987 y 1990 se produjeron varias intentonas militares, ninguna logró derrocar a los gobiernos democráticos.

Para el pueblo argentino la convicción del Nunca Jamás, está arraigada, permanece alerta en su memoria histórica donde no hay espacio para el olvido.

Redactado con información del libro del propio autor Operación Cóndor contra Cuba, Buenos Aires, 2012

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: Horacio Villalobos/ Getty Images 

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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