Brasil: La reelección de Bolsonaro

Por Frei Betto. 

Sé que el título suena a pesadilla, pero debemos afrontar la posibilidad con realismo. La derecha, incluidos los barones del mercado financiero, sabe lo difícil que es tener un candidato capaz de llegar a la segunda vuelta. Lo que les interesa es engordar sus arcas. Poco le importan las diatribas de Bolsonaro, las milicias, el genocidio pandémico, la explosión del desempleo y la miseria. Sólo interesan los índices de la bolsa y el tipo de cambio.

El centro -un título de mera retórica-, ha puesto las barbas en remojo al sorprenderse de que Lula sea elegible. Todo el castillo de naipes que se estaba montando alrededor de Moro, Doria, Mandetta y Ciro, ahora se derrumba ante la inevitable polarización entre Bolsonaro y Lula.

Sólo los ingenuos pueden pensar que la amalgama de votantes de centro vayan a dar su voto a Lula. Sospecho que ni siquiera Ciro Gomes lo hará. Todos acabarán echándose en masa a los brazos de Bolsonaro, aunque algunos le vuelvan la cara.

Visto desde hoy, la coyuntura apunta a un único candidato capaz de derrotar a Bolsonaro en la segunda vuelta: Lula. Pero no es una conclusión inevitable. Mucha agua fluirá bajo esta polarización. Es posible que Lula ni siquiera llegue a la segunda vuelta si la oposición no articula un Frente Amplio y disputa las elecciones presidenciales pulverizada en varios candidatos sin un programa de gobierno consistente.

Bolsonaro tiene a su favor, además del 30% de votantes devotos, la maquinaria del ejecutivo, la mayoría del Congreso y del poder judicial, las Fuerzas Armadas, la policía y las milicias que aterrorizan al electorado. Y aun le queda el recurso a recalentar la narrativa antipetista y la demonización de todos los que defienden agendas identitarias y de costumbres.

Se puede objetar: ¿cómo va a explicar el medio millón de muertes por la pandemia? ¿Y las acusaciones de corrupción que pesan sobre sus hijos y amigos cercanos?

Bueno, la primera pregunta ya tiene respuesta. Bolsonaro culpa a los gobernadores y alcaldes, en los que la Justicia ha delegado el poder de iniciativa, por el número de muertos. Y sabe que algo asombroso ocurre hoy en Brasil: como él, la mayoría, se ha acostumbrado al genocidio. Hemos naturalizado la muerte temprana por asfixia y la falta de camas.

A pesar de los llamamientos de los médicos y los científicos, de la fanfarria diaria de los medios de comunicación, de los miles de familias desconsoladas, no se respetan las medidas elementales, como el uso de mascarillas y el distanciamiento social. No se evitan las aglomeraciones, y los colores implantados por los estados y municipios (fases naranja, rojo, morado, negras) son restricciones inocuas.

Todo el mundo sabe que sólo un lock-down (confinamiento), de 20 o 30 días, siguiendo el ejemplo de otros países, podría reducir la escalada de muertes. Pero, ¿cómo decretarlo si el comercio se enfrenta al efecto dominó de las quiebras y la presión del poder económico intimida tanto a los que fueron elegidos a su costa?

Si Brasil tuviera una compensación de las arcas públicas por las pérdidas en el sector de los servicios, el cierre sería factible. Pero ni siquiera se evitan las aglomeraciones en el transporte público. En resumen, es poco probable que la narrativa del genocidio sensibilice a los supervivientes.

¿Y qué hay de la corrupción? Pues bien, Bolsonaro se encarga de blindar a todos aquellos que, bajo su sombra, se involucraron en chanchullos. Se inmiscuye en la Policía Federal y en el poder judicial y cuenta con la complicidad descarada del silencio de las Fuerzas Armadas.

También debemos recordar el poder de movilización de las redes digitales, las fake news y el fundamentalismo religioso. En las elecciones de 2022, la cuestión de las costumbres volverá a los discursos que tanto le cuesta a la oposición hacer apetecibles a las clases populares. Temas como el kit gay, el aborto, el asesinato de criminales, la responsabilidad penal, son temas muy apetecibles para las narrativas de los bolsonaristas.

¿Llegará Lula a la segunda vuelta si, en la primera, la oposición se divide entre varios candidatos? Y quienes en la primera vuelta votaron por candidatos de derecha y centro que se oponen a Bolsonaro, ¿votarán por Lula en la segunda?

Lula sólo será elegido si tiene de su lado, además de los votantes, una amplia movilización popular.

El pueblo brasileño necesita salir de este letargo de quienes esperan que mañana ocurra un milagro para detener la pandemia. ¿Esperar el auxilio de emergencia, que la gasolina llegue a 10 reales el litro, que la inflación se dispare, que el desempleo aumente y que, como en Ecuador, los cadáveres se amontonen en las calles por falta de espacio en los cementerios?

Es hora de que la oposición debata, no quién será el candidato en 2022, sino cómo sacar al pueblo brasileño de la inercia y qué proyecto de Brasil presentarle.

Tomado de Resumen Latinoamericano Argentina / Foto de portada: Correio da Cidadania.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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