Cifra engañosa: Hambre que se dispara

Por Arnaldo Musa 

Hace seis años, América Latina y el Caribe se convirtió en la primera región del mundo en alcanzar las cifras internacionales propuestas para la reducción del hambre en el 2020, con un estimado hiperconservador de 32 millones de personas que aún la padecían en la región.

Pero hoy día, con el azote de la COVID-19, el mal manejo de algunos gobiernos al respecto, las faltas de solidaridad en la entrega de insumos para contenerla, el no alivio de las políticas neoliberales y el incremento de las ganancias de la oligarquía y las transnacionales a costa de quienes menos tienen, han hecho aumentar la cifra a cerca de 230 millones, la tercera parte de la población de la región.

Parece una exageración, pero no lo es, cuando comprobamos los estragos del mal, asociados a desastres naturales que han dejado amplias zonas hambreadas en Centroamérica, principalmente en El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, aunque esta última nación, con una mejor atención oficial.

Asimismo, la alta cifra caribeña se concentra en Haití, la nación más pobre del continente, y en el cono sur es abrumador el incremento en países donde se aplica el neoliberalismo, la forma más salvaje del capitalismo, como en Brasil, Chile y Ecuador, siguiéndole Paraguay, Perú y Argentina, a pesar de los esfuerzos en este último del gobierno kirchnerista. Capítulo aparte merece el bloqueo de Estados Unidos a Venezuela, para hacer morir de hambre a su pueblo.

Los objetivos del 2015 fueron establecidos en el 2000, mediante el Programa de Desarrollo del Milenio, establecido por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO).

Hay que señalar que las personas que sufren hambre no están incluidas entre las que están subalimentadas, por lo que el espectro toma especial énfasis en Haití, donde el 75% de sus habitantes tienen esa condición, con problemas históricos profundos, relacionados con el colonialismo, la distribución de tierras y la desigualdad que se agudiza con los malos gobiernos.

La caída de gobiernos progresistas incidió en la pésima situación macroeconómica de los últimos años, lo cual hizo fracasar de antemano el plan del 2025.

Esto se ha debido a que en tan corto tiempo no se podrán mitigar los efectos del cambio climático, que afecta a la agricultura familiar campesina y a los grupos más vulnerables.

La mala gobernanza en general, los efectos de la explotación capitalista desmedida y la crisis global, además de la COVID-19, han hecho imposible de superar la etapa de estancamiento o de desaceleración económica que también afecta al mundo.

Y es que los peligros de retroceder siempre han estado latentes, porque quienes manejan mayormente las finanzas, los dueños de la mayor parte del capital, no tienen en cuenta que esta situación afecta a millones de personas en la región.

La FAO recordó que en América Latina y el Caribe el problema no es la falta de alimentos, sino que los más pobres no tienen recursos para acceder a ellos, y es que el hambre es mucho más que un plato de comida sobre una mesa, por lo que sigue siendo un problema que le incumbe a todos.

Francisca Quiroga, experta en Políticas Públicas de la Universidad de Chile, planteó a International Press Service que se debe realizar un cambio de modelo, y pasar del actual extractivista a uno capaz de establecer la calidad en las políticas y repensar las formas adecuadas de desarrollo.

Y es que muchas políticas sociales fueron focalizadas para cumplir índice o reducir las brechas a través de cifras, pero no se hicieron cargo de temas tan relevantes para la región como la desigualdad.

Tomado de Cubasí/ Foto de portada: Telam

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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