Correa en el camino de Lula

Por Liset García (*) / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano Corresponsalía Cuba.

En Brasil: No encontraron ni una prueba y Lula Libre. En Bolivia: Expresidenta de Facto Añez, presa por golpe de estado. En Argentina: Denuncia penal contra Macri por el préstamo del FMI. En Ecuador: Interpol dijo que No al influjo psíquico de Rafael Correa. El show se acaba. Así escribió un usuario en Twitter, nombrado Kost, @AP_Kost, que desató innumerables comentarios.

Son ingredientes del panorama actual que América Latina saborea, y puede convertirse en plato fuerte en próximos meses. Las condenas por presunta corrupción que pesaban sobre el exmandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva fueron anuladas por una corte, lo que puede repercutir en naciones como Ecuador donde se puso de moda la persecución y judicialización política, el llamado lawfare, de líderes como Correa.

Fausto Jarrín, su abogado, ha dicho que el caso de Lula se repetirá en Ecuador. “Sin lugar a dudas, todo esto se va reproducir en nuestros países, porque no hay manera de permitir que se repitan episodios tan vergonzosos» como el de Correa, la expresidenta argentina Cristina Fernández o el exmandatario Evo Morales en Bolivia, políticos progresistas acusados de supuesta corrupción, que han puesto en evidencia la falta de transparencia en la actuación judicial.

El letrado apuntó que en muchos casos ha habido «atropellos y arbitrariedades contra el debido proceso», con pruebas fabricadas, declaraciones falsas y jueces que se han declarado competentes cuando no lo eran para emprender una labor de brujas cazando inocentes.

Jarrín ha denunciado varias veces a quienes se han involucrado en el proceso contra Correa, por fraude procesal, asociación ilícita, tráfico de influencias, prevaricato, y al propio tiempo ha calificado de vergonzoso que a su cliente le hayan condenado a ocho años de prisión bajo el argumento de haber ejercido un “influjo psíquico” sobre funcionarios de su administración para que cometan actos delictivos.

Los medios hegemónicos que venden su alma al diablo, hicieron lo suyo al encargarse de hacer creíble el tejido de parecidas mentiras en el caso Lava Jato, imputado a Lula, y en el de Sobornos, llamado por el propio Correa como Bochornos, lo que le ha hecho llegar a la conclusión de que “a lo único que nos condenan es a vencer”, como ya sucedió con el expresidente brasileño.

El odio se ha convertido en idea fija entre los opositores del líder de la Revolución Ciudadana. Tanto es así que el país parece estar dividido entre los que están a favor de sus ideas y quienes lo adversan, tal como sucedió en Brasil con Lula; en Bolivia con Evo; en Argentina con Cristina. Muestran frustración por su demostrada incompetencia al tratar de borrarlos de la escena política. Su premio ha sido lograr el efecto contrario.

La cara de Bolsonaro al revelarse la trama urdida para inhabilitar a Lula y convencer al pueblo para que le diera su voto, lo dijo todo. En Ecuador, destruir el correísmo fue la tarea asumida por Lenin Moreno con lo que traicionó su propio legado como parte del gobierno de la Revolución Ciudadana.

Chantajes, corrupción, trampas mañosas lo han llevado al descrédito total. Cualquier semejanza con Bolsonaro parece ser pura coincidencia porque tomaron del mismo manual. Pero, los traidores, ya lo dice la historia, ganan la tarifa del despreciado, si acaso. En esa lista entran Áñez, Macri y otros peleles de similar calaña.

Al final hay que celebrarles su afán de destrucción de esos líderes, porque lograron acrecentar sus figuras y la obra que construyeron.

(*) Periodista cubana.

Foto de portada:  AFP / Kenzo Tribouillard.

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Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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