Cuba: ¿Cómo marcha el ensayo de intervención de Soberana 02 en La Habana?

Este lunes en la mañana amanecía tarde y con un poco de frío. Un año antes una brigada de médicos cubanos llegaba a Crema, el epicentro de una pandemia casi desconocida, donde días antes habían circulado por las calles carros militares transportando ataúdes con fallecidos por la COVID-19. “Ustedes son la luz porque ya lo que nos quedaba era el último suspiro”, les dijeron cuando llegaron. Este lunes en la mañana, Pestana, un hombre mayor que administra el comedor y la limpieza del Instituto Finlay se vacunaba con Soberana 02, el primer candidato vacunal en fase III de la región de las venas abiertas.

En el hospital Manuel Fajardo comenzó este 23 de marzo el ensayo de intervención de Soberana 02 al personal de salud. Pantristas, camilleros, telefonistas, son algunas de las 200 personas que este martes pasaron por dos de los vacunatorios preparados. A las 9:30 a.m. recibió la primera dosis una persona saliente de guardia. Estos, los que llevan 12 y 24 horas trabajando, dieron inicio al ensayo en esta institución en la que participarán 900 trabajadores.

Pablo Hernández es uno de ellos. Camillero del Cuerpo de Guardia, trabajó durante toda la pandemia en turnos de 24 horas. Tiene 63 años y lleva dos trabajando aquí. “Enfrentarse a lo que llegue de la calle, protegernos mucho, es un riesgo, pero no, no. Nunca, nunca tuve miedo. Hacerlo con todo el amor posible. Para estas cosas no se puede tener miedo”, dijo minutos antes de ser evaluado para pasar a la sala de Enfermería.

¿Has tenido COVID-19? ¿Te has vacunado recientemente? ¿Eres alérgico? Debes leerte este papel”, son algunas de las preguntas que se escuchan en la sala de evaluación y exclusión. Mientras a alguien le toman la presión, una de las doctoras abre la puerta y pregunta a la sala de espera: “¿ya todos tienen la planilla?”.
A unas cuadras del hospital Fajardo, el policlínico Plaza, entre San Pedro y Ermita, también inició el ensayo de intervención que llegará a más de 150 000 personas en La Habana. De igual modo, en el segundo piso se desarrolla la fase III de Soberana 02. Hoy recibieron su primera dosis las personas con comorbilidades de menos de 65 años.

 

Enfermeras y doctoras pasan con gorros azules y caretas. Dos hombres mueven las filas de asientos a la sala de espera. Siguen llegando personas. “Próximo paciente”, se escucha desde la sala de Enfermería. Yudith Valdés es la jefa de esterilización del policlínico. Hoy es la enfermera vacunadora. Ella y el resto de personas que están trabajando para que todo el personal participe de la intervención, serán los últimos en vacunarse. Pero ya Yudith conoce el tamaño y el tacto exacto del bulbo. Las manos de esta mujer de 49 años sostienen por estos días la vida y ella sabe cómo ponerla.

La próxima paciente entra. Se quita la bata. Una doctora anota sus datos: carnet, edad, ocupación… Yudith coge el algodón, alcohol, introduce la aguja en el bulbo, pinchazo, piel… “¿Ya?”. Para la fisioterapeuta Nathalie Hecheverría recibir este candidato vacunal ahora mismo “es algo muy grande”. En su casa tiene un niño de nueve años y lo más duro fue estar encerrada. “Ya hace un año de esto”.

En los primeros meses de la pandemia conocimos la novedad que significaba mirarnos, por primera vez, solo a los ojos. Cosas de la vida, hoy esa frase pareciera cobrar más sentido que nunca. Todos estos profesionales de la Salud se detienen en la puerta y sonríen. Es fácil detenerse en esos ojos. Contagian. Si en algún lugar “Patria es Humanidad” es en esta sala con batas blancas y olor a hospital.

“¿Derecha o izquierda? ¿No tienes tatuajes? Encima no puedo”, dice Yudith. Idolex Rivera es logopeda, lleva doble mascarilla y tiene 58 años. “Uno siempre confió en que la vacuna iba a aparecer lo más rápido posible”. Confianza es una palabra que se dice rápido, pero se cuece lento. Confianza es la palabra que se lee en sus rostros. Tan obvia e indescriptible.

A este laboratorio de vacunación, certificado por el Instituto Finlay, también llegan personas con miedo. Yoislel Noguera es una de ellas. La técnica en Fisioterapia de 22 años está fría. Le teme a las agujas. Bertha Hernández, quien coordina el proceso en esta sala, le toma las manos. Trabaja aquí desde el 90. Ella y sus colegas fueron de las primeras en realizar pruebas PCR, han ido a asilos, repartido Prevengovir, desinfectado casas, realizado test rápidos…

Dime que te dolió”, bromea Yudith. Ya la ha inyectado. “Nada, ni me lo sentí”, sonríe y responde. Ella es la novena persona en recibir Soberana 02 este martes 23 de marzo. Son las 9:48 am.

Después de esta sala los pacientes pasan a la de efectos adversos, donde deben permanecer una hora. “Hasta ahora no hemos tenido ninguno, ni grave ni leve”, puntualizó Natasha Barrio, responsable investigadora del estudio de intervención en el policlínico Plaza.

Con este ensayo se evaluarán los efectos directos e indirectos del candidato vacunal del Instituto Finlay, Soberana 02. En el hospital Fajardo, que recibe los efectos adversos de la capital y donde “hasta ahora todo ha marchado bien”, estarán vacunando a sus trabajadores durante tres o cuatro días.

Entre ellos se encuentra Bárbara Hernández, auxiliar de limpieza desde 1980. Con 67 años, trabaja en zona roja con pacientes positivos. María de la Caridad, por su parte, es pantrista y atiende a pacientes que tuvieron la COVID-19 y llegan al hospital con secuelas. 12 horas. Un día sí y un día no. Esta mujer de 57 años es diabética y tiene tres nietos en casa.

Hasta 150 000 se irán sumando en las próximas semanas en un ensayo de intervención autorizado en grupos de riesgo. Los entrevistados coinciden hasta ahora en que solo han presentado molestias en el lugar de la inyección. Un año después del inicio de una pandemia casi desconocida, Cuba tiene la vida en un bulbo y sabe cómo ponerla.

Tomado de Cubadebate/ Fotos: Irene Pérez.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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