Cuba: Cuatro enfermeras para Gael

Por Dailenis Guerra Pérez (*) / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano Corresponsalía Cuba.

Gael nació y no le vi el rostro. Escuché su llanto tardío; débil y tierno. Sentí también la presión de los ginecobstetras y pediatras, la tensión en sus rostros, la agitación en el salón.

Afuera esperaba la familia. Un padre con el pecho oprimido era consolado por medio cuerpo de enfermeras. Las puertas se abrieron y como centella salieron cuatro pediatras con mi bebé en una incubadora rumbo a la sala de neonatología.

Al llegar, a Gael le asignaron un médico y cuatro enfermeras, protocolo usado para los bebés que permanecen en terapia intensiva. Él, de experiencia sobrada y alma buena; ellas, maravillosas como las hadas de los cuentos.

Recuerdo la primera vez que crucé la barrera cristalina para ver a mi hijo. No me sentía las piernas entre los dolores de la cirugía y los nervios por conocernos. Sin embargo, al entrar, Ana Silvia Palmero Reyes me miró con ternura.

Sus primeras palabras fueron de aliento.

-¿Está bien mamá? ¿Se siente preparada?

Acenté temerosamente con la cabeza. Pero Ana, que después supe que ya son 31 los años que labora en la sala de terapia, se acercó y me dijo: «Mucha fuerza mamá; su hijo ha sido muy valiente». Me sobrepuse a todo.

Para mí, es la mejor de todas las enfermeras. Mezcla experiencia y sabiduría con la ternura y delicadeza que salen de sus negras manos. Se sienta al lado de la incubadora de Gael y como centinela vela sus sueños.

Es muy optimista, planifica cambios positivos en el niño y se alegra del progreso. Al hablar de su paciente le dice «mi niño»; como una vieja madre de 52 años. Conversa conmigo afablemente. Nunca mira a los ojos porque centra la mirada en los cuidados de mi criatura.

Tiene devoción por su hija. En cada turno me comenta algo nuevo, o me muestra sus fotografías. «Pasé mucho igual que tú», dice. «La noticia de mi embarazo llegó a los 40 años y tuve miles de complicaciones propias de la edad».

Me alienta con su historia. Cuenta cómo salió victoriosa de esa batalla y disfruta de la maternidad.

A Ana la relevan a las siete de la noche. Siempre espera a Lilianni Isabel Escamuchero Carralero, que es apegada a la puntualidad. Parecen madre e hija, porque Ana le dobla la edad.

Lily es dulce como la miel de abeja y tan delgada como la caña de azúcar. Su cabello dorado le roza la cintura, pero lo esconde tras un pañuelo verde.

Sorprende con la madurez y responsabilidad que asume su labor con solo 24 años y no ser madre. Visita con frecuencia la iglesia cristiana y me aconseja aferrarme a su Dios, pedirle el milagro de la sanación y nunca perder la fe.

Carga a mi bebé con suavidad y le habla de hombres valientes y generosos. Observa sus manitos y de vez en cuando le acaricia el rostro.

Es muy amiga de Yurima Castro González a pesar de las diferencias. Estudiaron juntas en la facultad, pero Lily escucha melodías q aluden a Dios y su compañera tararea el reguetón más escuchado en el momento.

Yurima es sin dudas la más alegre. Vive sonriendo y cuenta historias positivas de otros pacientes. Me enseña a sostener a mi hijo con paciencia y se adueña de él con el pretexto de tía adoptiva.

Leticia Pons Feliz es la cuarta enfermera. Con vasta experiencia vela por cumplir extrictamente con los protocolos. Observa cada paso que damos en silencio, con esa manera discreta, estricta y recelosa que tiene.

A las enfermeras de Gael no me permiten fotografiarlas; son protocolos de la sala. Son cuatro mujeres tenaces y delicadas. Con todas sus diferencias coinciden en que lo más gratificante de su profesión es ver a sus niños recuperados.

Son féminas que unen el compromiso con la ciencia y el humanismo. Disfrutan el placer de servir, de sanar los dolores de aquellas frágiles criaturas. Valoran el poder sanador de una caricia, una palabra dulce, una canción infantil. Son las hadas madrinas de mi Gael, hadas con verdes uniformes y holgados calzados.

Laboran con pasión y vocación. Son, más que enfermeras; la fuerza, confianza y esperanza de una madre desesperada. Son cuatro mujeres que al proteger a mi criatura alivian las tensiones de mi alma.

(*) Periodista cubana, Colaboradora de Resumen Latinoamericano corresponsalía Cuba.

Foto de portada: Sedene.

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Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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