Cuba: Elogio de Enriquito, rey sencillo de La Hata

Por Roberto Chile.

El 22 de marzo de 2017 a la edad de 99 años, fallecía en La Habana el sacerdote bantú Enrique Hernández Armenteros, conocido popularmente como “Enriquito el de La Hata”.

Nació en el pueblo de Encrucijada, antigua provincia de Las Villas, el 19 de febrero de 1918. Los primeros años de su vida transcurrieron en Santa Clara, más tarde se trasladó a La Habana y vivió en el Vedado, posteriormente en Marianao, hasta que, por azares del destino, llegó un día a La Hata. «Y en La Hata se quedó».

Hata en lengua es palma”, allí en La Hata, como en toda Guanabacoa, la religiosidad habita hasta en las piedras. En ese mítico sitio habanero en el que habían encontrado refugio los más vastos conocedores de las religiones cubanas de origen africano, fue donde Enriquito inició su camino definitivo a la religión.

Un hombre inmaculado, su padrino Francisco Machado Betancourt, “Panchito”, fue quien lo consagró en la religión de origen bantú y le transmitió los «códigos del más allá». Del peso de la impornta familiar en su predestinación religiosa, el propio Enriquito expresó: Tal parece que estaba puesto en mi camino, de acuerdo a lo que era mi abuela conga, que yo tenía que llegar al Palo Monte, que es la religión del Congo, de dónde mismo era ella. Mi segundo paso fue el Abakuá; después la Osha y finalmente el culto a Ifá: Soy babalawo”.

Había que oírlo disertar, con memoria privilegiada y envidiable lucidez, sobre su vida, sus avatares en la religión, su esposa Nica y los once hijos que le trajo al mundo. Dueño de una sabiduría innata y una elocuencia sorprendente, atraía por su carisma y gestualidad, convencía con su fe, hipnotizaba con su oratoria.

No vestía con atuendos ni portaba consigo atributos religiosos. “La religión se lleva por dentro”, decía, casi siempre arropado con su camiseta de botonadura de oro, su pantalón de anchos pliegues y sus escachadas, pero cómodas chancletas, como describe el difunto Marcos Alfonso, su inseparable ahijado y amigo, en su libro “Tata Nganga, el mundo mágico místico de la religión Bantú”.

En 1957 fundó la Asociación Cubana “Hijos de San Lázaro” que, desde el 17 de diciembre del 2001, sale en procesión por las calles de La Hata con la imagen del venerado santo milagroso, nombrado indistintamente, Babalú Ayé, Tata Pansua y Cubayende. Aunque ya no está entre nosotros -al menos físicamente- a las doce de la noche del 16 de diciembre, ante el majestuoso San Lázaro que posa a la entrada de su casa templo, resuena su canto: -¡Ah, Ah, Cubayende, va caminando, mi Cubayende!, y su saludo legendario: “Salud, fuerza, tranquilidad espiritual y vencimiento de todas las dificultades” consuela el alma de todos.

En una ocasión, justo al pie de su Sarabanda, refiríéndose a Fidel afirmó: “Fidel es un privilegiado de la Naturaleza que los Orishas lo protegen. Él vino aquí a este mundo para la misión que está cumpliendo. Ahora, haciéndome la idea como si le estuviera dando la mano al Comandante, le diría: -Salam Aleikum. Él me contestaría, Aleikum Salam. Entonces diría, -Que Sambia npungo te cutare pa mucho ndiami arriba ntoto. Que quiere decir, que Dios te acompañe por muchos años aquí en la tierra”.

Como el líder innato que fue, Enriquito ni desmayó ni claudicó. Con entereza y perseverancia defendió hasta el último suspiro sus raíces africanas y sus convicciones religiosas. En 2016, ya con dificultades para andar, lideró la última procesión de La Hata que lo tuvo presente de cuerpo y alma.

Hoy al recordarlo, me vienen a la mente las palabras de uno de sus ahijados cuando expresó: “Enriquito es grande, porque nació grande. Los reyes son así, son sencillos. Para mí Enriquito es un rey sencillo”.

A cuatro años de su ascensión a la posteridad, el cariño y la admiración que por él sentimos, permanecen intactos. Dedico pues, este modesto homenaje a Enriquito el de La Hata, privilegiado de Olofín, rey sencillo, y desde lo más hondo de mi alma le digo: ¡SOMOS!

El 19 de febrero de 1918, hace 103 años, nació en Encrucijada, Las Villas, Enrique Hernández Armenteros, conocido popularmente como “Enriquito de La Hata».
Caracoles
Defendió hasta su último aliento sus raíces africanas y sus convicciones religiosas, legado maravilloso que le heredó su abuela conga.
Fundó en 1957 la Asociación Cubana «Hijos de San Lázaro», que desde el año 2001, sale los 17 de diciembre por las calles de La Hata, Guanabacoa, con la imagen del venerado santo milagroso San Lázaro, Babalú Ayé, Tata Pansua y Cobayende.

Tomado de Cubadebate/ Fotos: de Roberto Chile.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: