Desde La Habana: Una reacción a las propuestas del Cuba Study Group

Por Jesús Arboleya 

El Cuba Study Group (CSG), la organización que quizás mejor representa a la llamada tendencia “moderada” en la comunidad cubanoamericana, recién ha publicado sus propuestas al presidente Joe Biden, respecto a la política que debe adoptar sobre Cuba.

Su importancia radica en que esta organización agrupa a destacados empresarios y activistas políticos de origen cubano, los cuales tuvieron participación e influencia en la política de Barack Obama hacia la Isla, la cual pueden recuperar en el nuevo gobierno demócrata.

Un mérito del documento del CSG es que se detallan con bastante minuciosidad las acciones que se proponen, las cuales abarcan una agenda tan amplia que deja pocos asuntos sin mencionar. El objetivo manifiesto del CSG es avanzar en la plena normalización de las relaciones entre los dos países, hasta eliminar los obstáculos que hoy lo impiden, como el bloqueo económico y otros temas en disputa, así como garantizar la resiliencia de esta política frente a las coyunturas electorales norteamericanas.

Aunque también se hacen recomendaciones al gobierno cubano, el CSG descarta la idea de condicionar las acciones norteamericanas a que Cuba cumpla con determinadas exigencias y coloca la iniciativa en manos de Estados Unidos. Vale reconocer que el escenario que propone alcanzar el CSG, quizás sea el mejor posible para la convivencia entre dos países, donde prima un alto nivel de antagonismo.

Aunque el CSG asegura que sus propuestas no aspiran a promover un cambio de régimen en Cuba, es difícil suponer que éste no es el interés real de la mayoría de sus miembros. De hecho, así lo descubre el propio documento cuando afirma: “Estados Unidos debe continuar destacando la ausencia de democracia en Cuba y apoyando a los actores de todo el espectro de la sociedad cubana que trabajan para garantizar más libertades económicas y cívicas en la isla”.

No fueron los “conservadores” cubanos los que, como dice el documento, de manera falsa y malintencionada, achacaron este interés a la política de acercamiento llevada a cabo por Obama. El entonces presidente, incluso el propio CSG, lo formularon de esta manera, “otros métodos para alcanzar los mismos fines”, cuando intentaban justificar los primeros pasos de esta política.

No vale la pena pretender negar que las propuestas de CSG están inspiradas en la oposición al régimen socialista cubano y que tratará de utilizar los recursos de influencia norteamericanos, así como los propios, para alcanzar el fin de derrocarlo o transformarlo, hasta que se haga irreconocible. No obstante, el principal valor del documento radica en plantear la posibilidad de un diálogo respetuoso, entre dos polos políticos y filosóficos tan opuestos.

Aunque no sería justo descartar los sentimientos de sus miembros hacia Cuba, la verdad es que estamos en presencia de una propuesta elaborada por activistas políticos norteamericanos, con el fin de satisfacer los intereses de ese país. Así lo deja saber el documento, cuando argumenta que el acercamiento a Cuba es la mejor manera que tiene Estados Unidos para “fomentar sus intereses nacionales, reafirmar su liderazgo mundial, conseguir reducir la resistencia a las reformas dentro del gobierno cubano y fomentar un futuro más libre y próspero para el pueblo cubano”.

Teniendo en cuenta esta premisa, de todas formas, vale la pena analizar las posibles virtudes de las propuestas del CSG para el mejor desenvolvimiento de las relaciones entre los dos países y sus posibles ventajas para el pueblo cubano, en comparación con la tremenda hostilidad mostrada por la política norteamericana hasta el momento.

Según nos dicen, el pueblo cubano ganaría si se cumplen los presupuestos planteados por el CSG para el país y estaría en condiciones de “ingresar en el siglo XXI”. Una propuesta cuestionable, si tenemos en cuenta la historia de la política norteamericana hacia Cuba y el desprestigio alcanzado por valores como democracia y derechos humanos en los propios Estados Unidos. Parece cierto que no estamos viviendo en el mismo siglo.

No obstante, también es cierto que, tanto en su contenido como en su forma, el proyecto de cambio de régimen para Cuba por el que aboga el CSG, es efectivamente muy distinto al que preconiza la extrema derecha. Mientras que la derecha patrocina la asfixia económica, la violencia y la promoción del caos social en el país, el CSG lo concibe como resultado inevitable de las propias complejidades que tiene que enfrentar el sistema socialista cubano de cara a su realidad interna y el entorno internacional en que tiene que desarrollarse. Sin duda, son más creyentes de las virtudes innatas del capitalismo, que los trogloditas de la derecha.

Aunque aboga por más velocidad en su implementación y más concesiones al capital privado, las propuestas económicas del CSG para Cuba, no se distancian mucho de las propias reformas que en la actualidad encara el país. También abren espacio para el ejercicio de una diplomacia más activa entre ambas naciones y posibilitarían un diálogo más amplio de Cuba con la comunidad cubanoamericana, lo cual también forma parte de la estrategia cubana hacia su emigración.

Uno de los aportes del CSG es que coloca a la comunidad cubanoamericana como un posible factor en el mejoramiento de las relaciones con Estados Unidos, si lo demócratas se plantean influir en tal sentido sobre este electorado.

Precisamente, una de las fortalezas de la derecha cubanoamericana respecto al tema cubano, es que prácticamente ha actuado sin oposición en el concierto político de la comunidad. Ya sea en sus campañas o incluso cuando han resultado electos, los políticos demócratas, en la mayor parte de los casos, han asumido el discurso anticubano de los republicanos supuestamente para no molestar a sus electores, a pesar de que todas las investigaciones demuestran que la mayoría respalda las relaciones entre los dos países.

Más allá de falsas apreciaciones, una de las razones que puede explicar esta conducta, es que la maquinaria de la extrema derecha controla la vida política del enclave y esto significa el acceso a un botín nada despreciable de los fondos gubernamentales, del que se benefician todos los políticos cubanoamericanos, sin importar a qué partido pertenezcan.

Debido a su poder económico e influencia política, el CSG puede ser un factor que modifique este equilibrio, si se plantea intervenir en la política local con el apoyo del gobierno y el partido demócrata, como se infiere del documento. En definitiva, el CSG constituye la única alternativa visible para colocar el tema del mejoramiento de las relaciones con Cuba en la agenda electoral miamense y enfrentar el predominio de la extrema derecha en el seno de esta comunidad. Esa es otra razón para calibrar la importancia del documento que acaban de publicar.

El CSG también acierta en alertar al gobierno norteamericano sobre la necesidad de actuar lo más rápido posible en función de avanzar en esta política, así como aprovechar los cuatro años que se avecinan para consolidarla. Ojalá que su influencia sea suficiente para poner en marcha a una maquinaria, cuyas primeras señales no son muy alentadoras.

Tomado de Progreso Semanal

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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