EEUU- Rusia: El teatro de las operaciones narrativas y los hechos de la nueva Guerra Fría

Por Franco Vielma.

Las relaciones entre Washington y Moscú alcanzaron nuevamente un punto crítico. La llamada «rusofobia» ha vuelto por la puerta grande desde la Oficina Oval. La «amenaza» o «enemigo creíble«, o el también llamado «sospechoso habitual» indispensable para sostener el andamiaje militar estadounidense, vuelve a ser el de siempre: los rusos.

Pero la funcionabilidad de este «enemigo» o «amenaza» no va solo para aupar el complejo industrial militar estadounidense. En realidad ellos solo necesitan armar a una milicia yihadista ultraislámica para proponer ante el mundo unos 10 años de guerra, invadir dos o tres países y convertir una región entera en un polígono de tiro.

La funcionabilidad de los nuevos episodios de la fijación rusa de los estadounidenses va en el relanzamiento de los antagonismos políticamente utilitarios y nadie mejor para los estadounidenses que los rusos para fabricar el malo habitual de las películas. O al menos así ha sido la tradición.

El problema de armar otra Guerra Fría, con Rusia, es que el hombre que se sienta en la Oficina Oval es Joe Biden.

Lenguaje de comunicación de los dichos y los hechos

Acto primero. En la entrevista grabada y altamente complaciente con la cadena ABC News, Biden habló sobre un cuestionado informe del servicio de inteligencia de su país que sugiere que Putin autorizó una campaña para interferir en las elecciones presidenciales estadounidenses.

El informe acusa a Rusia de intentar dirigir la elección a favor del entonces presidente, el republicano Donald Trump. El presidente estadounidense afirmó que Putin «pagará el precio» por su presunta intervención. Se espera que Estados Unidos imponga «sanciones» a Rusia tan pronto como la semana que viene a raíz de las conclusiones del informe.

Seguidamente, sin un tema de contexto que lo justificara, le preguntan a Biden si piensa que Putin es un «asesino» y, dejándose guiar en la entrevista, afirma que sí.

Acto segundo. Putin respondió con calma y parsimonia, tal como villano de la KGB en película ochentera de James Bond antes de que todo se descontrole, a modo refranero pero al estilo ruso. Según la traducción de la prensa, Putin respondió: «Hace falta ser uno para reconocer a otro», casi admitiendo que él era un asesino. Pero la traducción literal de lo que dijo es: «Al que llama nombres se le llaman esos nombres», frase que no otorga admisión.

Seguidamente, Putin desea para Biden «que tenga una buena salud».

Luego, en un gesto inusual, tal vez hasta inesperado por el contexto, Putin invitó a Biden a tener una discusión «en directo» o «en línea» y debatir los temas que conciernen a ambos países. En el sutil lenguaje de la política el agredido no debe pedir espacio públicamente para hablar con el agresor, pero Putin, quien mucho conoce de sutilezas, lo hizo. ¿Por qué?

Acto tercero. Biden se cae, tres veces, subiendo al avión presidencial. Esto no demanda tanto análisis: simplemente se cayó.

Acto cuarto. Putin aparece en un video, que es claramente propagandístico, haciendo un nuevo derroche de juventud y testosterona en Siberia, manejando un vehículo todo terreno de la era soviética, junto a su Ministro de Defensa, caminando entre la nieve.

Dicho esto, la reedición de la Guerra Fría se está librando en muchos frentes, como las nuevas medidas coercitivas y unilaterales que irán contra Rusia, la apertura de un nuevo episodio de enfrentamientos en el ámbito diplomático y la eterna disuasión militar entre las dos potencias.

Pero por ahora, en el lenguaje de las comunicaciones de masas y su semiótica, nos llegan unos mensajes directamente del frente ruso y a cargo de su principal responsable: la próxima gran crisis política en los Estados Unidos tendrá lugar por la situación de salud, física y mental, de su presidente. ¡Oh! sorpresa (o no tanto).

La narrativa de Biden afirma que Putin «pagará el precio»; a menos que ello sea una amenaza literal contra el cuerpo de Putin, se supone que Estados Unidos hará presión contra Rusia. Pero lo cierto es que Putin «desea» salud a Biden, porque él, por sí mismo, no puede hacer pagar nada ni a nadie. Son el propio cuerpo y mente de Biden los que están bajo la amenaza de los años y colapsando pese a los disimulos a la vista de todos.

Biden llama «asesino» a Putin a modo complaciente en una entrevista regida por un guión, grabada y editada. Ya en la campaña, Biden había llamado a Putin «matón de la KGB». Luego Putin pide a Biden hablar en directo, en línea, porque sabe que Biden no podría salir bien parado de una situación así. No puede improvisar, no puede hablar con pleno uso de sus sentidos en circunstancias así. Putin sabe que la Casa Blanca no aceptará ese pedido, pero igual lo hace para hacerle saber a los estadounidenses y al mundo lo informados que están los rusos de la salud mental del mandatario.

De ahí que da lo mismo si ahora Putin reaparece cabalgando un oso (en la realidad y no en los memes) o si aparece desayunando uranio enriquecido con vodka. A quien hay que prestar atención es a Biden, quien tiene 78 años y sufrió dos aneurismas cerebrales en los años 80.

A Kamala le gusta esto

La referencia más curiosa de la próxima crisis política en los Estados Unidos vino precisamente de Kamala Harris, la flamante y joven vicepresidenta que, de asumir el cargo (como es muy probable que pase), podría bombardear a medio planeta en nombre de la negritud y el empoderamiento femenino. Bla, bla, bla.

Lo cierto es que apenas al día siguiente de que el senil presidente cayera a los pies de su avión, Kamala subió un video en sus redes donde se le vio rutilante e imponente, caminando, o más bien desfilando en una pista aérea, con la frase «¡Lista para despegar!» No dijo adónde, pero parece que se va formalmente a la silla presidencial. O al menos así hay que entenderlo.

Asúmase con ello, siguiendo en el teatro de operaciones de las comunicaciones, que con esto nos llegan noticias desde el frente estadounidense: que ya Biden está muerto o fuera de su cargo, que no habrá crisis política, que habrá transición, que Kamala asumirá y a ella le gusta esto.

Ella está «lista para despegar» y no importa si esa es una publicación de mal gusto, no fue casual: fue asesorada y ponderada. En el lenguaje de las comunicaciones a veces hay que asumir costos y ya Biden no lo es tanto. Lo importante es el mensaje.

El frente de los hechos

En el frente de los hechos, los estadounidenses junto a la Unión Europea habían orquestado toda una parafernalia alrededor de Navalny para justificar sus agresiones contra Rusia, pero han abandonado a Navalny para recurrir al reiterado recurso de la injerencia rusa en las elecciones estadounidenses. Un señalamiento con mayores facultades para sacarle rentabilidad política y narrativa.

Recientemente, los estadounidenses ordenan a todas las empresas participantes en el estratégico Nord Stream 2 a retirarse del proyecto para así cerrar ese importante grifo energético para Rusia (y Europa). Pero los europeos, o al menos algunos de ellos, avalan la clausura porque no se rigen por intereses nacionales: se ciñen a los designios estadounidenses.

Se esperan más medidas contra Rusia para los próximos días mientras, en el ámbito diplomático, el canciller ruso Serguéi Lavrov hace las gestiones, se someten a revisión las relaciones y hay un claro alejamiento.

Pero también en el frente de los hechos, lo que ocurre en suelo estadounidense es más que particular. El presidente en funciones no está en funciones.

Según una encuesta revelada por Rasmussen Reports, un 47% de los votantes estadounidenses creen que su presidente no toma sus propias decisiones, sino que lo hacen otras personas por él.

Biden ha firmado documentos ante las cámaras y ha murmurado que no sabe lo está firmando. Ha tenido deslices y olvidos, incluso ante las cámaras no recordó el nombre de Barack Obama a quien llamó «el presidente, mi jefe» para luego reírse de su bache mental. El presidente no da ruedas de prensa, no responde preguntas, casi siempre solo lee el teleprónter. No ha asistido a eventos claves, como encuentros en línea con otros mandatarios.

Incluso se ha reportado varias veces que Biden no ha hablado directamente con algunos presidentes del mundo como el francés Emmanuel Macron y el canadiense Justin Trudeau, sino que lo ha hecho Harris en su lugar.

Es el presidente más viejo en la historia estadounidense y con sus antecedentes de aneurismas cerebrales y ahora caídas parece estar siendo guiado a las puertas de salida de su despacho por políticos y hombres de blanco de una unidad de atención gerontológica.

En el frente de los hechos, aunque haya transición abierta en el cargo presidencial estadounidense y Kamala asuma, lo cierto es que en Estados Unidos habrá un acumulado de dos periodos presidenciales seguidos, dos mandatos, en los que el máximo cargo se ejercerá fuera de cualquier parámetro de normalidad política e institucional. Todo ello, en un contexto de severo deterioro institucional, pérdida de la cohesión social, tensiones internas y una economía bajo espasmos y pérdida de influencia.

Y eso es lo que va a ocurrir en la primera potencia mundial, la cima del poder imperial de nuestro tiempo.

Tomado de Misión Verdad/ Foto de portada: Carlos Barria / Reuters.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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