El ultraje a José Martí y los marines de hoy

Por Orlando Oramas León (*) / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano

El 10 de marzo de 1949 un convoy de la Armada de Estados Unidos asomaba en el litoral habanero encabezado por el portaaviones USS Palau. Lo flanqueaban los barreminas USS Rodman, USS Hobson, el USS Jeffers, y un remolcador.

Aquella incursión no era sorpresa en un país que había sido obligado antes a amarrar su independencia a una enmienda por la cual Estados Unidos se abrogaba el derecho a intervenir militarmente, como lo hizo antes y después del nacimiento de la República de Cuba.

La enmienda Platt ya no era legal, pero quedaba la base militar que el Pentágono mantenía en la oriental bahía de Guantánamo, y que hoy todavía cercena la independencia y soberanía de los cubanos.

El 11 de marzo de aquel año, tres antes del golpe de Estado por parte de Fulgencio Batista, la marinería gringa desembarcó en la ciudad de La Habana. Ya en la noche, embriagados por la prepotencia y el alcohol, un grupo de marines uniformados se encaminaron al Parque Central.

Allí se yergue, dedo en ristre, la estatua a José Martí, el Apóstol de Cuba y hoy su Héroe Nacional, aquel que vivió en el monstruo y denunció sus entrañas.

La estatua había sido develada el 24 de febrero de 1905 y desde entonces se convirtió en sitio de culto y homenaje a quien también llamen en su país el Maestro.

Pero en total desprecio al héroe cubano uno de los marines yankis trepó por su estatua hasta quedar sentado a horcajadas sobre sus hombros y utilizarla como urinario público.

Abajo, otro comenzaba su ascenso por la escultura de mármol en medio de las burlas del resto de los trasnochados militares estadounidenses.

Aquel ultraje provocó la airada reacción de quienes estaban por la zona. De un bar cercano se armaron con botellas y otros objetos que fueron lanzadas contra los profanadores, quienes actuaban ante la inercia policial, que, por el contrario, reprimió la repulsa popular.

Los marines fueron protegidos y los cubanos llevados a una unidad policial. Para la historia quedaron las imágenes del fotógrafo ambulante Fernando Chaviano.

También como registro histórico el periódico Alerta las publicaba en su primera plana. Otros medios cubanos las reproducían e incluso constituían suceso de carácter internacional.

El pueblo se movilizó y reclamo castigo para los transgresores. Veteranos de las guerras de independencia, intelectuales, trabajadores se sumaban a las protestas, multiplicadas luego de conocerse que los marines habían sido puestos en libertad por presiones del agregado naval de la embajada de Estados Unidos.

Frente al edificio de la sede diplomática se congregó una multitud que esgrimía consignas de protesta e incluso fueron lanzadas piedras contra el inmueble, adonde concurrió la policía armada de palos y fustas para romper la manifestación por la fuerza.

Entre los que recibieron lesiones estuvo el joven estudiante universitario Fidel Castro, a la postre el más ilustre alumno del Maestro, y quien hiciera realidad la República que soñó Martí

Aquel ultraje se recuerda hoy en Cuba, cuando hay aprestos desestabilizadores que, bajo el manual del llamado golpe blando, buscan cuestionar los valores y símbolos patrióticos de la nación caribeña.

El 1 de enero de 2020 ciudadanos pagados con dinero desde Miami mancharon con sangre de cerdo bustos de José Martí en la capital cubana.

El Tribunal Municipal de La Habana condenó en diciembre de ese año a penas de entre uno y quince años de cárcel a tres hombres acusados de vandalizar varias estatuas del Héroe Nacional, a quienes declaró culpables de los delitos de profanación y daños al patrimonio cultural de la isla.

Son los marines de hoy.

(*)  Periodista cubano, autor de los libros “Raúl Roa, periodismo y Revolución”, “Pohanohara, cubanos en Paraguay” y “Cuentos del Arañero”.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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