Joe Biden y los puentes hacia Cuba

Por Orlando Oramas León (*)/ Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

El gobierno de Joe Biden continúa «bajo estudio» el futuro de sus relaciones con Cuba, y ello presupone que mientras tanto continúan vigentes los castigos impuestos a la isla caribeña por su antecesor, el republicano Donald Trump.

Biden, quien acompañó como vicepresidente a Barack Obama en sus dos mandatos presidenciales, formó parte de la política de deshielo que el primer presidente afroamericano de aquel país decidió impulsar a última hora con la isla mayor de las Antillas.

De hecho, la actual primera dama de Estados Unidos, la doctora Jill Biden, fue protagonista en ese cambio al visitar Cuba en octubre de 2016, ocasión en la que trajo en su agenta asuntos asuntos culturales, educativos, sanitarios y sobre las mujeres.

Fue parte de la saga del histórico viaje que el presidente Obama inició el 20 de marzo de ese año, el primero de un mandatario estadounidense desde 1928, y del cual se cumplen cinco años.

Los cubanos, fieles a su tradición e idiosincracia, le recibieron con simpatía y sin resquemores, pese a la permanente hostilidad de Washington que impactó en décadas con agresiones armadas, biológicas, terrorismo de Estado y otras, incluida el brutal bloqueo económico, financiero y comercial.

Para ese momento ya estaban abiertas las embajadas y se habían firmado acuerdos de cooperación y memorandos de entendimiento en materia de salud, medioambiente, agricultura, educación, vuelos regulares y la transportación del correo.

Otras áreas relevantes se sumaron luego a la lista, como la seguridad en la navegación, el enfrentamiento al tráfico ilícito de estupefacientes y la migración, hasta completar 22 a inicios de 2017.

Si 22 parece el número mágico en que entonces Cuba y Estados Unidos quedaron comprometidos en avanzar en acuerdos o memorandos de entendimiento, el gobierno de Donald Trump (2017-2021) dejó a Joe Biden no menos de 240 decisiones que restringen los vínculos con Cuba y coartan las posibilidades de entendimiento.

Durante su campaña electoral, Biden anticipó que revisaría los vínculos con su vecino sureño.

A ello se suman reclamos en congresistas, representantes de sectores económicos, concejos de una veintena de ciudades, y otros actores que reclaman una rectificación de la política de Washington hacia La Habana.

Muchos analistas coinciden en que para la Casa Blanca el tema Cuba no es prioridad, pero debería ser preocupación, como denuncian disímiles voces, las afectaciones humanitarias causadas al pueblo cubano.

En tal sentido, un buen inicio podría ser la reanudación de viajes regulares y fletados a aeropuertos del interior de Cuba

También la reposición plena de remesas familiares y envíos de dinero, y el reinicio de viajes de cruceros a puertos cubanos, cuya prohibición impactó con fuerza en el sector privado de la economía isleña.

 Quizás antes Washington debería borrar a Cuba de la lista unilateral de países patrocinadores de terrorismo, en la que Trump le  incluyó a última hora para amarrarle las manos a Biden.

Pronto el actual mandatario norteamericano deberá decidir sobre la continuación o no de los Títulos III y IV de la Ley Helms-Burton, que por su carácter unilateral y extraterritorial complica sus vínculos con socios de Europa y otras latitudes.

Y en la agenda deberá estar el funcionamiento de la embajada de Estados Unidos con La Habana.

Ello implicaría retomar acuerdos en disímiles asuntos de alta sensibilidad, desde los migratorios hasta la cooperación en temas de seguridad, lucha contra el narcotráfico, los contactos pueblo a pueblo, los intercambios educativos, culturales, deportivos y otros que pueden tender puentes en el Estrecho de la Florida.

 

(*)  Periodista cubano, autor de los libros “Raúl Roa, periodismo y Revolución”, “Pohanohara, cubanos en Paraguay” y “Cuentos del Arañero”.

Foto de portada: Semana.

 

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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