Línea 103 en Cuba: Entre violencias y “cargas mentales”

Por Ania Terrero (*)/ Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano

La pandemia de COVID-19 no solo ha dejado efectos devastadores en la salud, la vida social, la política y la economía; también ha marcado sus garras en asuntos de género. Así lo han confirmado disímiles investigaciones durante el último año: los confinamientos repetidos a lo largo del mundo profundizaron las dobles y triples jornadas domésticas de las mujeres, entre otros conflictos. En paralelo, ellas sufren más que nunca los efectos de la carga mental.

Este concepto, defendido por feministas alrededor del globo, alerta sobre cómo las mujeres siguen siendo las organizadoras de la rutina familiar, incluso cuando otras personas comienzan a involucrarse en los quehaceres domésticos. Cuando se asume que son ellas quienes asignan responsabilidades dentro del hogar, inconscientemente, se les sobrecarga como las únicas que dominan qué, cuándo y cómo hacer.

Las cargas mentales, explica la periodista y experta en género Dixie Edith, son aquellas “que las mantienen buena parte del día planificando comidas u horarios, recordando deudas médicas acumuladas, apuntando en algún otro cajón de la memoria lo que hace falta comprar o gestionar y buscando soluciones para que no se arme el caos en casa”.

El problema radica en que cuando ellas asumen el rol de organizadoras y a la vez se ocupan de parte de las tareas, en realidad están haciendo las tres cuartas partes del trabajo. La carga mental significa que en ellas recae el peso simbólico de la casa. Tienen que estar al tanto y acordarse de todo. Es un trabajo que, por lo general, asumen en solitario, que se suma a todo los demás y, en definitiva, es invisible, agotador.

Cuba no está al margen de esta realidad. Los primeros datos de la Línea 103, tras ser habilitada para atender también casos de violencia de género, lo demuestran. Como parte de la Estrategia Integral para la Prevención, Atención a las Víctimas y Enfrentamiento a este conflicto, el pasado noviembre el servicio telefónico amplió sus capacidades para responder a denuncias de este tipo de agresiones y de otros maltratos que ocurren en el escenario familiar.

La línea fue diseñada para que no solo brindará la primera ayuda psicosocial, sino que, a partir de ella, se estructurará un sistema bien articulado para la derivación a otros servicios esenciales del sistema de protección, como los policiales, jurídicos o de salud. Además, se publicó y debatió una Guía con un conjunto de herramientas teóricas, metodológicas y prácticas, cápsulas audiovisuales y un mapa de lugares claves para capacitar al personal vinculado.

Poco más de tres meses después, las primeras estadísticas apuntan a una alta presencia de agresiones psicológicas y sobrecarga del trabajo físico y mental para las mujeres dentro del hogar, más aún en condiciones de pandemia. Más del 60 por ciento de las consultas que ha recibido la línea telefónica 103 en los últimos meses han sido realizadas por mujeres.

Unas semanas antes de la reconfiguración del servicio, la doctora Laura López Angulo, profesora titular consultante del Departamento de Psicología, de la Universidad de Ciencias Médicas de la provincia de Cienfuegos, ya alertaba que la mayoría de las personas que solicitan el servicio de ayuda telefónica, preocupadas por su familia ante la pandemia de la COVID-19, son mujeres.

En declaraciones a la prensa, detallaba que tal situación viene dada por ser ellas quienes asumen las funciones de la casa ante la cultura patriarcal predominante. “Llaman la atención, sobre todo, interrogantes relacionadas más con la salvaguarda de hijos y nietos que con la propia salud”, precisó.

Un corte reciente de las llamadas realizadas a esta línea coincide con esta perspectiva. Según informó la periodista Dixie Edith en el sitio Cubadebate, de las casi 21 mil 800 llamadas registradas entre mayo de 2020 y febrero de 2021 por la Línea 103, el 60,3 por ciento fueron realizadas por mujeres. Las edades más representadas son las de 40 a 49 años, 50 a 59 y 30 a 39 años, en ese orden y con cerca del 20 por ciento en cada caso.

La Unidad de Promoción de Salud y Prevención de Enfermedades (Prosalud) informó que el estrés, la ansiedad y la depresión resultan manifestaciones frecuentes en las comunicaciones telefónicas, originadas, en orden de importancia, por la necesidad de información con respecto a la COVID-19, dudas en el manejo de las adicciones y de conflictos familiares diversos.

De finales de noviembre hasta acá, 280 llamadas han aludido a problemáticas asociadas a la violencia, en correspondencia con el momento en que se comenzó a brindar ese servicio, explicó Geovanys Leal-Duque, coordinador de la línea y especialista de Prosalud.

“Por lo general, muchas de las llamadas no tienen inicialmente la intención declarada de denunciar estos casos, sino que buscan alternativas para reducir otras manifestaciones psicosociales vinculadas al incremento de los niveles de irritabilidad en el hogar y el manejo de otras situaciones domésticas”, explicó.

Durante un taller convocado por la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) el 4 de marzo, a través de las plataformas virtuales de la Unión de Periodistas de Cuba (Upec), el especialista indicó que de las 280 llamadas, 132 estuvieron referidas a diversas manifestaciones de violencia vinculadas al funcionamiento familiar y otras 71 tuvieron relación directa o indirecta con violencias derivadas de desigualdades de género.

28 de estas últimas refirieron algún tipo de maltrato psicológico, entre los que se enumeraron insultos, ofensas y humillaciones. Un 11 por ciento de las mujeres reportó, además, algún tipo de violencia física, precisó Cubadebate.

En paralelo, 43 de las cubanas que se comunicaron con el servicio “perciben que todo el peso de las responsabilidades en la búsqueda de alimentos recae sobre ellas y denuncian presiones y exigencias por parte de sus parejas”.

Estos números podrían parecer bajos. Sin embargo, alertó la socióloga Clotilde Proveyer, coordinadora del grupo asesor en temas de violencia de género de la FMC, se debe tener en cuenta que se trata de un servicio nuevo y que las estadísticas internacionales refieren que apenas el 10 por ciento de las personas víctimas de violencia de género busca ayuda.

Más allá de los números, los datos reafirman la persistencia de la violencia de género, fundamentalmente psicológica, y las cargas mentales sufridas por las mujeres en la Cuba de hoy. Son necesarios, por tanto, más espacios para canalizar situaciones de violencias y otras acciones de sensibilización.

Al fin y al cabo, aunque las mujeres han conquistado múltiples derechos y garantías en los espacios públicos, puertas adentro del hogar se siguen reproduciendo diferencias que hacen diana en su salud y calidad de vida. Y la COVID-19 no ayuda.

(*) Periodista cubana. Columnista de Cubadebate.

Foto de portada: Invasor

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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