Los niños migrantes

Por Patricia María Guerra Soriano (*)/ Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano

Desde las entrañas centroamericanas de Guatemala, Honduras, El Salvador, México, una desgarradora procesión de cientos de menores de edad llega a cada hora a la frontera de Estados Unidos. Vienen solos, sin padres u otros familiares, armados de ingenuidad e incertidumbre.

Más de 9 400 menores, desde niños y niñas hasta adolescentes llegaron a la frontera en febrero de este año, casi el triple de los registrados en el mismo periodo en 2020. De acuerdo a documentos federales consultados por The New York Times, el número de niños migrantes bajo custodia estadounidense se triplicó hasta alcanzar los 3 250 en la última semana de febrero y la primera de marzo.

Las rutas para el cruce pueden ser distintas, pero la desesperación está asentada sobre las mismas causas: violencia endémica de las pandillas, ausencia de oportunidades económicas para los jóvenes, corrupción de los Gobiernos nacionales y por tanto inacción frente a las necesidades de la ciudadanía y hace un año, la crisis sanitaria pronunciada por la pandemia de la COVID-19 que carcome todo el sistema social.

Para muchos de esos niños, el objetivo es reencontrarse con familiares que ya emigraron. Ahí la esperanza se concentra en una posibilidad tan ingenua como la que encarnan sus edades, pasar la frontera y olvidar las miserias nacionales, como si a sus vidas, ahora de migrantes, fuera fácil pintarlas del color feliz que imaginan.

El dinamismo que ha tomado el movimiento migratorio hacia Estados Unidos en 2021 está determinado por la llegada al poder del demócrata Joseph Biden, quien revocó algunas de las legislaciones instauradas por la Administración de Donald Trump. Por ejemplo, el 20 de enero, primer día de su mandato, anunció dos cambios importantes en la política migratoria en los Estados de la Unión. El primero consistía en una pausa de 100 días en las deportaciones para algunos inmigrantes indocumentados y el segundo, que los solicitantes de asilo no debían responder al “Remain in Mexico” (Permanecer en México) de Trump, mientras esperaban la audiencia en una corte norteamericana para presentar su caso.

La nueva ley se hizo noticia el 25 de febrero cuando la CBS (Columbia Broadcasting System) publicó una información que anunciaba la entrada a Estados Unidos de un grupo de 25 solicitantes de asilo, quienes permanecían estancados en México esperando el veredicto de una corte. Suceso aprovechado inmediatamente por las organizaciones criminales de la región para vender la idea de que la frontera estaba abierta.

Emprender la peligrosa ruta hacia Estados Unidos comenzó a ser la prioridad para los miles de centroamericanos y suramericanos que alimentan el negocio de los coyotes pagando entre 5 000 y 10 000 dólares por persona para cruzar la baldía tierra del horror.

No obstante, el cruce libre es una falacia, pues aún se mantiene activo el Título 42 habilitado por el Centro de Control y Prevención de Enfermedades bajo el mandato de Trump, el cual expulsa y deporta a México a todas las personas que representen “un riesgo alto de salud pública” durante la pandemia.

La excepción de ese decreto está en los menores de edad no acompañados por adultos, quienes tienen garantizado el paso por tratarse-según ha dicho esta semana Alejandro Mayorkas, secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos- “de niños vulnerables”.

La ruta del peligro no termina al pasar la frontera. Aunque el procedimiento oficial exige que los niños permanezcan solo 72 horas en los centros de detención de la Policía Migratoria, a donde primero son trasladados, la práctica indica que esa condición no se está cumpliendo, por lo cual se retrasa su paso al Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, por sus siglas en inglés), encargado de encontrarles un hogar provisional o a algún familiar que se haga responsable de su atención.

Mayorkas explicó al respecto que el Departamento no posee la capacidad suficiente para aceptar al número de niños no acompañados que están arribando. Cerca de 4 000 menores continúan retenidos en pésimas condiciones.

Uno de los centros de procesamiento provisional de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza fue ensamblado en Donna, Texas, en el valle del Río Grande. Hasta allí llegaron las abogadas Leecia Welch y Neha Desai-publicó The New York Times-quienes, en virtud del Acuerdo Flores, inspeccionaron las instalaciones en las que se albergan a los niños.

“La situación es urgente”-notificó Welch. Y agregó que los niños están atrapados en una crisis. Sus entrevistas con alrededor de 20 menores ofrecen el único diagnóstico que hasta el momento se ha hecho de las condiciones en las que viven: habitaciones hacinadas, con escasas posibilidades para higienizarse y sin suficientes tapetes para dormir, por lo que se ven obligados a reposar directamente sobre el suelo.

Para el Gobierno de Biden no se trata de una crisis, sino de una consecuencia directa de la gestión de Trump que desmanteló los canales de inmigración legal, destruyó el sistema de asilo y expulsó a los niños a las manos de los traficantes de personas.

En tanto, a los demás representantes del Partido Demócrata no parece importarles la vida de los menores varados. Buscar una solución al problema responde más a intereses políticos que humanos. La inquietud de los demócratas se ha posicionado con miras a las legislativas de 2022, en las cuales los republicanos pudieran obtener ventajas a partir del apoyo de poblaciones blancas y economías deprimidas atraídas por el discurso nacionalista que promovió Trump en su mandato.

Mientras demócratas y republicanos discuten el futuro de sus ganancias, los menores que cruzan la frontera son una de las consecuencia más tristes de las miserias humanas y el recordatorio de un poema del chileno Pablo Neruda cuando escribió: El destierro es redondo: / un círculo, un anillo: / le dan vuelta tus pies, / cruzas la tierra, / no es tu tierra, / te despierta la luz, y no es tu luz, / la noche te llega: faltan tus estrellas, / hallas hermanos: pero no es tu sangre. / Eres como un fantasma avergonzado / de no amar más a los que tanto te aman.

(*) Periodista cubana, escribe en Cubaperiodistas, sitio web de la Unión de Periodistas de Cuba.

Foto de portada: AP

 

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: