Más de seis décadas de agresiones contra Cuba (I)

Por José Luis Méndez Méndez (*) / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

 

El 17 de marzo de 1960, el periódico Revolución en su página ocho denunciaba la quema de caña en la ciudad de Santa Clara, en el texto se narraban varios hechos intencionales de esa naturaleza para sumar más de medio millón de arrobas destruidas. Así se incrementaba el accionar subversivo contra la producción de azúcar, principal rubro exportable, de la economía cubana de la época.

Mientras, en Washington, el día antes se firmaba el  «Programa de Acción Encubierta contra el régimen de Castro» (textual), que estructuraba múltiples planes de agresiones contra el joven proceso revolucionario cubano, que todavía no había declarado su carácter socialista.

El engendro criminal constaba de cuatro partes reconocidas y una quinta secreta fundamental, que consistía en introducirlos planes en curso para asesinar a los principales dirigentes de la Revolución, como opción para su descalabro.

En primer lugar, concebía organizar a la contrarrevolución interna y externa; también lograr el despliegue de una poderosa campaña de propaganda contra Cuba en América Latina;  la creación de una fuerza paramilitar fuera de la Isla, para una futura acción guerrillera, que no era otra alternativa que la intervención militar directa por medio de una invasión. Desde entonces hasta el presente este y otros planes  más recientes, han sido las líneas subversivas contra Cuba.

En la declaración de su objetivo esencial, se definía: El propósito del programa aquí expuesto es provocar la sustitución del régimen de Castro por uno que responda mejor a los verdaderos intereses del pueblo cubano y sea más aceptable para Estados Unidos, de manera tal que se evite cualquier asomo de intervención estadounidense. En esencia, el método para lograr este fin consistirá en incitar, apoyar, y en lo posible, dirigir la acción, dentro y fuera de Cuba, por parte de grupos selectos de cubanos, que pudieran realizar cualquier misión por iniciativa propia. Dado que inevitablemente puede producirse una crisis a causa de acciones drásticas dentro de Cuba o provenientes del exterior por circunstancias que están fuera del control de los Estados Unidos, antes de que el programa de acción encubierta haya cumplido su objetivo, se hará todo lo posible por ejecutarlo de tal forma que la capacidad de actuación de los Estados Unidos aumente progresivamente en caso de una crisis.

El documento se resumía así: El programa contempla cuatro procedimientos de acción fundamentales: El primer requisito es crear una oposición cubana responsable, atractiva y unificada al régimen de Castro, que se declare públicamente como tal, por lo que debe estar necesariamente ubicada fuera de Cuba. Se espera que en el término de un mes se pueda formar una entidad política en forma de Consejo o Junta, por medio de la creación de tres grupos de oposición aceptables con los cuales ya la Agencia Central de Inteligencia está en contacto. Se alentará al Consejo de que adopte como lema «Restaurar la Revolución», para que desarrolle una posición política que se avenga con el lema y se dirija al pueblo cubano como una alternativa política atractiva a la de Castro.

A través de varias actividades directas, la propaganda oral servirá para atraer la lealtad de los cubanos de una forma real; dirigir y llevar a cabo varias actividades de la oposición, y proporcionar una cobertura para otras operaciones compartimentadas, controladas por la CIA.

Para que la oposición pueda ser escuchada y la base del apoyo popular a Castro debilitada, es necesario desarrollar los medios de información hacia el pueblo cubano, con el fin de iniciar una poderosa ofensiva propagandística en nombre de la oposición declarada. El medio fundamental propuesto para lograr este objetivo es una emisora radial clandestina que transmitirá por onda larga y corta, y probablemente se ubique en la isla Swan, Honduras.

El Presidente Dwight Eisenhower al aprobar el mencionado programa concibió la propaganda radial como una dirección fundamental de las acciones a ejecutar, basada en la experiencia acumulada por la CIA en su actuar subversivo en Europa y América Latina y que se explica en el criterio de los especialistas David Wise y Thomas B. Ross, cuando afirmaron: «La aparición de la radio con transistores en la década de los años cincuenta, intensificó uno de los aspectos más sombríos, evasivos y menos conocidos del empleo de la electrónica en la guerra fría. Esta es la guerra de la palabra, que se desarrolla en las ondas aéreas combatientes que se encuentran a miles de miles de distancia y que jamás se encontrarán. El transistor a bajo costo ha dado a esta guerra oculta una nueva importancia, millones de personas en el Oriente Medio, la América Latina y Asia que no saben leer, pueden, a pesar de ello, ser alcanzados por este medio por la propaganda de ambas partes».

Estos entendidos, al estudiar la forma de actuar de Estados Unidos, la valoraron así: «Las actividades de radio de los Estados Unidos han corrido toda la gama de programas públicos, abiertos, reconocidos y anunciados de la Voz de las Américas, hasta los transmisores de máximo secreto de la CIA en el Oriente Medio y otras áreas del mundo. Entre ambos hay una serie de operaciones de radio, negra, gris, secreta y semisecreta. La radio Swan de la CIA, debido a que se mezcló en las operaciones de Bahía de Cochinos, nunca trató de disfrazarse mucho».

La isla Swan en el Caribe hondureño, fue seleccionada para establecer la estación, que en un principio debió ser revelada como clandestina, pero antes del inicio de las transmisiones se le ofreció la cobertura de una emisora comercial.

Con el apoyo de la marina de guerra de los Estados Unidos se construyó un aeropuerto en la isla, se trajeron los equipos de transmisiones y demás materiales para montar la estación. El 17 de mayo de 1960 comenzaron las subversivas transmisiones radiales dirigidas a Cuba.

Esta radiodifusora simulaba existir con fines comerciales, para ello vendió espacios a estaciones de organizaciones contrarrevolucionarias cubanas, los programas transmitidos eran grabados en Estados Unidos y con posterioridad  enviados a la central.

Existió un nexo entre Swan con la empresa cubana pre revolucionaria CMQ, propiedad de los hermanos Goar y Abel  Mestre. Por decisión del gobierno cubano esta emisora fue intervenida el 13 de septiembre de 1960 ante la actitud seguida por sus dueños de boicotear el proceso transformador en curso.

La mencionada CMQ fue una de las canteras principales de la que se nutrió radio Swan para engrosar su personal. Entre otros, se pueden mencionar a Enrique Huertas, Luis Conte Aguero, Ángel del Cerro, Carlos Castañeda, Luis AguilarLeón. En la selección participó el oficial de la CIA, David A. Phillips, quien estuvo radicado en la estación de esa agencia en La Habana y participó activamente en la operación realizada en Guatemala contra Jacobo Arbenz.

La planificación de las transmisiones radiales contra Cuba en el período previo a la invasión de Playa Girón, fue seguida de cerca por el Consejo de Seguridad Nacional, la Comunidad de Inteligencia y supervisadapor el presidente electo JohnF. Kennedy. Los mensajes transmitidos por esta radioemisora se insertaron dentro de los esquemas de los medios y métodos de la guerra psicológica. Algunos ejemplos así lo demuestran.

En el programa titulado «Hora de Liberación Nacional», transmitido por la emisora a las 08:30 pm, dirigido por Enrique Huerta, con la colaboración de Ángel del Cerro, y Luis Conte Agüero, que se transmitió el 26 de octubre de 1960, adelantaba informaciones que revelan acciones de la Operación Peter Pan, concebida por el gobierno de Estados Unidos en sus proyecciones de guerra psicológica contra la nación cubana. el texto decía: “Atención cubano recuerda como días tras días en esta hora de liberación te hemos dicho muchas de las leyes que más tarde fueron puestas en vigor por el gobierno como por ejemplo la reforma urbana. te lo dijimos, que ellos la iban hacer y la hicieron. ahora te anunciamos: la próxima ley te quitarán a tu propio hijo desde los 5 hasta los 18 años, te lo quitaran para adoctrinarlos y cuando te lo devuelvan estarán convertidos en una fiera materialista y así Fidel se convertirá en la madre suprema de Cuba”.

Después se propaló un texto sobre esta ley falsa, que provocó la salida del país de más de 14 mil niños cubanos enviados al exterior por sus padres atemorizados por el apócrifo anuncio, hecho perverso urdido por Estados Unidos y que arrastró a otros países europeos que se prestaron para colaborar en esta infamia.

En sintonía con este tipo de noticias falsas, se transmitió lo siguiente: «Fidel planea reunir 10.000 mujeres y niños para hacer una invasión pacífica a Caimanera y dentro de esta multitud irán periodistas de la agencia Prensa Latina, para cuando los soldados tomen alguna determinación, ya sea tirarles bombas lacrimógenas o echarles agua, tomarán esas fotos y al otro día todo el mundo sabrá lo que la foto enseñe»…»por eso le decimos a los milicianos que se separen de la tiranía roja, que se alcen porque si no, cuando caiga la tiranía serán vengados todos los muertos».

También se ideó para su transmisión, instalaciones comerciales norteamericanas pagadas por sectores privados cubanos para la distribución de propaganda escrita clandestina dentro de la Isla.

En las semanas finales de los preparativos de la invasión, la CIA asumió el control completo de las transmisiones de la estación para ofrecer apoyo táctico a las fuerzas invasoras. A partir del 27 de marzo de 1961 la radio sólo irradiaba informaciones de guerra psicológica y cuando la invasión era inminente el desembarco emitió un mensaje que significaba el anuncio para el levantamiento de la contrarrevolución interna.

El mensaje refería: «¡Alerta! ¡alerta! miren bien el arcoíris. El pez pronto saldrá. Chico está en la casa. Visítelo. El cielo es azul. Coloque la información en el árbol. El árbol es verde y carmelita. Las cartas llegaron bien. Las cartas son blancas. El pez no se demora en salir. El pez es rojo«. Continuará…

 

 

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: Archivo Cubadebate. 

 

 

 

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Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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