Paraguay: en medio de una crisis política, malestar social y una catástrofe de salud

Por Alejandra García / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano Estados Unidos.

Paraguay se ha despertado. Miles de sus ciudadanos, la mayoría jóvenes, han salido a las calles de Asunción capital por seis días consecutivos con una demanda común: el presidente Mario Abdo y su gabinete deben renunciar. “Que se vayan todos”, dice un grafiti en una pared frente a la sede del conservador Partido Colorado en el poder. La pandemia reveló las fisuras en el sistema político paraguayo y sus líderes se encuentran ahora en un punto de quiebre.

La gente está cansada de la mala gestión de la crisis de salud, la falta de medicamentos para atender a los enfermos, el lento proceso de distribución de vacunas y los escándalos de corrupción sistemática que rodean al establecimiento. “Renuncia Marito”, “Ladrones a la cárcel”, “Elecciones ya”, insistió un coro de miles de estudiantes, trabajadores y profesionales de la salud reunidos frente a la sede del Congreso.

Las tensiones alcanzaron su punto más alto el 5 de marzo, cuando las fuerzas policiales reprimieron a los manifestantes disparándoles balas de goma y botes de gas lacrimógeno. Al menos 20 personas resultaron heridas en medio de los enfrentamientos.

“He tenido que gobernar en un contexto sin precedentes, en medio de una pandemia. Todos cometemos errores», dijo Abdo el martes, el mismo día en que las autoridades de salud reportaron un pico histórico en los casos de COVID-19 y declararon una alerta roja nacional.

El 10 de marzo, Paraguay registró 2.125 nuevos contagios y 324 personas hospitalizadas en unidades de cuidados intensivos (UCI), la cifra más alta registrada desde el inicio de la pandemia en el país hace exactamente un año. También es bien sabido que Paraguay tiene uno de los porcentajes más bajos de personas vacunadas de América Latina.

“Fue una vergüenza nacional que se anunciara como un logro la llegada de 4.500 dosis de la vacuna rusa Sputnik V. Los memes no se detuvieron”, informó el periodista paraguayo Esteban Caballero diciendo que la cantidad de vacunas fue suficiente para inmunizar sólo a 2.000 personas.

Después del estallido social, Abdo cambió rápidamente a tres ministros, incluido el de Salud, Julio Mazzoleni, para «contribuir al diálogo y la paz social». Sin embargo, los manifestantes no se mostraron satisfechos con los reajustes por considerarlos insuficientes.

Las protestas son el reflejo de un “profundo descontento con los flagelos que desde hace años corroen el sistema político: la corrupción y la ineficiencia. Aunque los manifestantes no tienen un marco ideológico claro, están instando a la administración a cumplir con su deber y pidiendo un cambio total de liderazgo”, agregó Caballero.

La gente también está exigiendo que el presidente rinda cuentas por el uso de un préstamo de 1.800 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional (FMI).

El préstamo se utilizaría para generar recursos para la pandemia. Sin embargo, nunca llegó a su destino. Los manifestantes también lo instaron a aclarar los escándalos de corrupción relacionados con el sobreprecio de los suministros hospitalarios.

La Izquierda Diario describió a Abdo como un clon del presidente de extrema derecha de Brasil, Jair Bolsonaro. El líder paraguayo restó importancia al impacto de la pandemia y no invirtió en pruebas de PCR ni en la infraestructura de salud de su país. Además, no consiguió suficientes compras de vacunas, y ahora estas ya escasean en parte debido al acaparamiento de los países más poderosos.

La escasez de medicamentos ahora obliga a los pacientes de COVID-19 y sus familias a comprar medicamentos en el mercado informal a precios exorbitantes.

Según datos oficiales, el sistema de salud pública solo dispone de 304 camas en unidades de cuidados intensivos (UCI). En los hospitales privados, hay otras 202 camas de UCI, pero cuestan $ 5.000 por día para pacientes sin seguro médico.

Otras estadísticas también son preocupantes. Paraguay, que tiene más de 7 millones de habitantes, “es el país con menor gasto social de América Latina, después de Guatemala y República Dominicana”, según la analista Fátima Rodríguez.

La pandemia también ha agravado el hambre y el desempleo en el país. “El año pasado, el gobierno canceló la ayuda económica a la gente en los días de mayor incertidumbre”, agregó Rodríguez.

Los expertos coinciden en que Abdo era un presidente débil y muy criticado mucho antes de las recientes acusaciones de corrupción y la crisis política y social. El líder, quien es hijo del exsecretario privado del dictador paraguayo Alfredo Stroessner (1954-1989), propuso rendir homenaje a su padre cuando falleció en 2006. El politólogo Constantin Groll señaló que la idea provocó la ira en el país. que no ha olvidado las violaciones de derechos humanos, torturas y persecuciones cometidas durante el régimen.

“Los problemas que ahora se critican en Paraguay ya existían antes de la pandemia. La Administración de Abdo no ofreció remedio a las grandes deficiencias del sistema de salud del país y su comportamiento errático ahora tiene consecuencias. Todo apunta a que a Abdo, cuyo gobierno finalizará en 2023, no le queda mucho tiempo en el poder”, comentó Groll.

Tomado de Resumen Latinoamericano Estados Unidos / Foto de portada: EFE.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: