Paraguay y Uruguay entre gigantes: El drama de los pequeños del Mercosur

Por Sergio Pintado.

Cuando se sumaron al Mercosur, Paraguay y Uruguay confiaban en que la asociación con Brasil y Argentina traería más ganancias que pérdidas pero eso no fue así. En diálogo con Sputnik, el politólogo Andrés Raggio apuntó que el comercio regional no ha servido a los pequeños y explicó qué hay detrás del pedido de «flexibilización«.
Bastaría con observar un mapa para comprender las asimetrías que existen entre los cuatro países fundadores del Mercosur: Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. El tamaño es, por supuesto, la diferencia más notoria de un listado de cifras macroeconómicas que complejizan las relaciones en un bloque que abarca tanto a un gigante de más de 210 millones de habitantes como a un país de menos de 3,5 millones.

«La asimetría es un hecho distintivo del Mercosur en comparación con algunos otros procesos regionales, tanto comerciales como políticos o financieros», dijo a Sputnik Andrés Raggio, politólogo uruguayo y doctorando en Relaciones Internacionales.
Raggio destacó que el Mercosur es un bloque en el que «la distribución de fuerzas o el poder relativo de cada actor es muy asimétrico» y destaca especialmente a Brasil por sobre sus otros tres socios.

Las diferencias de magnitud son tales que incluso, ilustró el analista, el tamaño de Brasil fue un inconveniente a la hora de conformar un Parlamento del Mercosur que pudiera representar proporcionalmente al gigante sudamericano sin que estuviera siempre en mayoría frente a los demás.

Un tren que pasa una vez

Las asimetrías internas del Mercosur tiene su génesis en los propios orígenes del bloque, en los años previos a la firma del Tratado de Asunción en 1991. Raggio recordó que Argentina y Brasil avanzaron por esos años en «acuerdos importantes» entre sí y, lo que parecía ser el estrechamiento de las relaciones bilaterales entre los grandes del Cono Sur, terminó llamando la atención del pequeño Uruguay.

El analista apuntó que fue en ese contexto en que el Presidente uruguayo Luis Alberto Lacalle Herrera (1990-1995) iniciara su gestión con la convicción de que aquellas conversaciones entre los dos vecinos eran «una oportunidad que Uruguay no debía dejar pasar«. La figura retórica utilizada, recordó el politólogo, fue la del «tren que pasa» una vez y no había que perder.

Raggio recordó que esos acercamientos se dieron en un contexto de avance del neoliberalismo y de una «tendencia hacia los regionalismos abiertos, más liberales, de apertura comercial y libre mercado» que, en paralelo, era testigo en Europa de las conversaciones que desembocarían en la conformación de la Unión Europea. Así nació la idea de conformar lo que el analista señaló, paradójicamente, como «una especie de utopía comercial en una de las subregiones más proteccionistas del mundo».

Las conversaciones entre Argentina, Brasil y Uruguay prosperaron y fue este último país el que cursó la invitación a Paraguay para terminar formando el Mercado Común del Sur (Mercosur) con sus miembros fundacionales. Los pasos siguientes fueron la confirmación de una institucionalidad del Mercosur y la definición de una unión aduanera que estableciera un arancel externo común entre los países.

Raggio advirtió que, sin embargo, en aquel momento Uruguay y Paraguay entendían que el Mercosur era una oportunidad pero «no quedaba muy claro una oportunidad de qué«. Los objetivos del nuevo bloque tampoco estaban del todo definidos, sino que los gobiernos procuraban dar pasos hacia «donde pensaban que la economía iba a ir».

¿El Mercosur fue un error?

A 30 años de su conformación, el Mercosur parece ser más aludido por políticos y economistas de la región para cuestionarlo que para elogiarlo. Según Raggio, los elementos que en la actualidad generan más cuestionamientos no estuvieron entre los cálculos realizados por los países, especialmente los pequeños.

Uno de esos aspectos es que los cuatro miembros del bloque tienen una matriz productiva similar y, en relación con mercados de otras regiones del mundo, suelen presentarse como competidores.

Raggio puso como ejemplo lo que sucede con China, a quien tanto Brasil, como Argentina y Uruguay exportan carne. Paraguay también compite con sus socios en la colocación de cereales en otras regiones del planeta. Según el politólogo, «si se volviera a la firma del Tratado de Asunción con la máquina del tiempo este debería ser un factor clave».

No es el único, dado que Uruguay y Paraguay también sufrieron golpes en sus industrias producto de la facilitación al ingreso de productos argentinos y brasileños. Como un niño que creció en la década del 90 en Uruguay, Raggio recordó que su infancia se dio entre una amplia variedad de galletas dulces de marcas uruguayas que se vieron ampliamente perjudicadas por la introducción de marcas de los gigantes vecinos. Algo similar sucedió con otras pequeñas industrias alimenticias de Uruguay y Paraguay, que a pesar de no ser de gran magnitud eran una importante fuente de trabajo en esos países.

En ese sentido, consignó que tanto Uruguay como Paraguay tenían claro que el Mercosur, al tiempo que les facilitaba el ingreso a mercados gigantes como los de Argentina y Brasil, afectaría a sus sectores industriales. «El Gobierno de Lacalle tenía calculado que se perderían unos 100.000 puestos pero se consideraba un costo necesario«, comentó.

En efecto, el Mercosur representaba para sus socios pequeños la oportunidad de llegar de forma preferencial a mercados amplios, una ganancia que podía compensar los efectos adversos de la integración regional.

Raggio puso como ejemplo que Uruguay exporta menos del 30% de su producción a la región. Paraguay exporta el 50%, pero la cifra debe tener en cuenta que, al ser un país mediterráneo, se ve obligado a exportar mucha de su producción a puertos de países vecinos para trasladarla desde allí hacia otros mercados.

«El comercio entre el bloque no ha aumentado y en algunos rubros ha perdido peso», complementó.
Según el politólogo, el Mercosur dejó a países como Paraguay y Uruguay «a mitad de camino» en la ecuación entre pérdidas y ganancias. «Nos quitó pero no nos permitió ir más allá, por ejemplo haciendo que los países puedan producir algún bien con valor agregado y colocarlo en países vecinos o que todos los países se puedan enrolar en cadenas globales de valor y no ser tan competitivos«, dijo.

¿Qué significa la flexibilización?

Los dos miembros más pequeños del Mercosur no se quedaron quietos y han logrado pequeñas victorias en su objetivo de convertir al bloque regional en un ámbito más beneficioso. Y si bien el reclamo de «flexibilizar» el bloque cobró un nuevo ímpetu en 2020 —al influjo del presidente uruguayo Luis Lacalle Pou, hijo de Lacalle Herrera— el expresidente uruguayo Tabaré Vázquez (205-2010 y 2015-2020) había planteado la preocupación uruguaya y paraguaya ya en el año 2006.

«Quiero decir que para algunos países menores de la región, como Uruguay, el intercambio comercial dentro del Mercosur es absolutamente deficitario; tenemos un déficit comercial de 1.000 millones de dólares en la región», comenzaba diciendo una declaración que Vázquez leyó a sus homólogos de la región el 19 de enero de 2007, cuando el paraguayo Nicanor Frutos asumía la Presidencia pro témpore. El argentino Néstor Kirchner y el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva escuchaban el reclamo.

En aquella intervención, el presidente uruguayo ya hablaba de «flexibilización«, término utilizado en referencia a la necesidad de habilitar a los miembros del bloque a avanzar en acuerdos comerciales con países de otras regiones o, al menos, habilitar las negociaciones a diferentes velocidades. El presidente uruguayo reclamaba, en ese sentido, «justicia en el tratamiento de las asimetrías que existen en el proceso de integración».

Raggio recordó que aquella postura de Vázquez fue atendida en parte con la creación del Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur (Focem), un fondo con aportes principalmente de Brasil que fue utilizado para financiar obras de infraestructura estratégica para el comercio regional en Uruguay y Paraguay.

El pedido de flexibilización se convirtió, apuntó el analista, en una «política de Estado» de Uruguay que se reitera más allá del cambio de signo político. Vázquez volvió a intentar una flexibilización durante su segunda presidencial al iniciar gestiones para un posible acuerdo de libre comercio con China. Lacalle Pou, luego de su asunción en 2020, insistió con esa agenda y puso a la flexibilización como punto central en sus reuniones con el mandatario argentino, Alberto Fernández; el brasileño, Jair Bolsonaro; y el paraguayo, Mario Abdo Benítez.

Según Raggio, la reiteración de reclamos contra la rigidez del Mercosur ha permitido que el bloque comience a pensar en la necesidad de convertirse en una verdadera «plataforma» para sus miembros, de forma de hacer que «traiga ganancias de afuera y ya no de adentro».

El analista consideró que la adhesión de países como Bolivia —que aún no completa su proceso de incorporación—es una buena noticia para el combate a las asimetrías. También advirtió la oportunidad de que el Mercosur recorra algunos caminos similares a los de la Alianza del Pacífico (bloque conformado por México, Colombia, Perú y Chile), que logró evitar la competencia entre sus miembros para fortalecerse como plataforma de exportación al exterior.

Si bien Raggio consideró que es probable que el Mercosur siga en la misma discusión cuando se cumplan «los 50 años» del bloque, reclamó que una mirada «no de corto plazo» de los gobernantes podría facilitar convergencias regionales más beneficiosas para los países del bloque y evitar que Uruguay y Paraguay deban darse a la tentación de tomar posturas «rebeldes» con respecto a Argentina y Brasil.

Tomado de Sputnik/ Foto de portada: Unsplash.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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