Educación Especial en Cuba: Sin barreras para la bondad

Por Liset García (*).

Ismel Monduy Carreras es un joven que sorprende por su madurez. A sus 33 años atesora no pocas historias que servirían para resumir la obra de Cuba para mantener a salvo la inocencia e impedir que el derecho de muchos niños a una vida plena quede a un golpe de suerte.

No pensó que su vida la dedicaría a enseñar. Le gustaban el deporte, la cocina y los animales. Y aunque tiene figura de atleta, y podría haber sido chef de cocina o veterinario, alguien lo embulló a entrar a la actual Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona.

Muy pronto dedujo que su camino era batallar a favor del respeto a las diferencias, y por la inclusión. En su primera práctica docente, en la escuela Solidaridad con Panamá, de niños con discapacidades físicas y motoras, aprendió que las imperfecciones no siempre deciden el destino, gracias a una voluntad nacional y al amparo de capacitados especialistas, entre quienes él iba creciendo como uno más.

Así pudo entretejer experiencias con niños con discapacidad intelectual, con otros que tienen trastornos afectivos y conductuales, y con los que padecen autismo. Una vez graduado en 2010, sin pensarlo dos veces, se vio aprendiendo la lengua de señas para poder comunicarse con sus nuevos alumnos en la escuela René Vilches Rojas, para niños sordos e hipoacúsicos, ubicada en el municipio habanero de Cerro. Aprender las herramientas, venidas de lo humano y, también, de lo divino, marcaron el trayecto de Ismel en su etapa de estudios universitarios. Sucesivos entrenamientos frente a otras individualidades en la amplia red de escuelas para niños con necesidades educativas especiales con que cuenta el país, fueron un útil ejercicio docente.

Para más señas

La René Vilches, que hoy integra el grupo de escuelas cubanas asociadas a la Unesco, y considerada centro de referencia nacional en la especialidad, se fundó en diciembre de 1989 como parte del programa que impulsó en esa década el Comandante en Jefe Fidel Castro para ampliar la red de escuelas especiales del país.

Desde el 5 de febrero de 1990 abrió sus puertas para brindar atención educativa a los escolares sordos de la capital. Es la única de su tipo en la provincia, donde reciben las materias del currículo de la enseñanza primaria general, además de asignaturas específicas como la lengua de señas, educación auditiva, desarrollo de habilidades comunicativas, entre otras.

Hoy cuenta con 76 alumnos, pero tiene capacidad para alrededor de 120. El claustro lo componen 51 docentes, desde maestros terapeutas, hasta los de apoyo, pasando por los especialistas en logopedia, de educación laboral, lengua de señas, computación, instructores de arte, bibliotecarias, entre otros.

Recorrer este centro significa hallar no solo pulcritud en la limpieza de todas sus áreas, sino la garantía de un aprendizaje especializado que demanda de ese colectivo docente, en su mayoría jóvenes, el extra que solo ellos saben cuánto esfuerzo supone.

Penetrar en el mundo del silencio de esos niños –algunos sordos y otros con baja audición– ayudarlos a vivir con su discapacidad, motivarlos y enseñarles los conocimientos que a sus edades deben aprender, es un desafío a la calma y a la bondad y, sobre todo, es un acto de amor.

En tiempos de pandemia se ha tornado más ardua esa enseñanza, pues muchos educandos aprenden a “leer” los labios de sus profesores, ahora tapados con nasobucos. Pero la inventiva florece y hay quienes buscan alternativas para hacerlos con fibras transparentes como nailon y otros materiales.

No obstante, es el prolongado bloqueo económico estadounidense impuesto a Cuba el castigo mayor que sufren escuelas como esta y de otras discapacidades. El derecho a recibir los espejuelos o las prótesis indispensables, el papel y las láminas braille Made in USA, el remplazo del audífono o el implante coclear dañado, o las baterías vencidas por el uso… se ha visto limitado, pues adquirir esos insumos es cada vez más tortuoso para el país.

Superar barreras

El profesor Ismel, desde que llegó a la René Vilches recién graduado, se propuso no parar de aprender. Lo complacieron. Su primera tarea fue impartir clases de Historia, asignatura de la que no era especialista. Luego fue profesor guía, jefe de ciclo, subdirector y desde 2014, director. En 2017 se graduó de máster en Atención Educativa en la Diversidad, conocimientos de los que se vale para llevar de la mano, junto a su equipo de dirección, las encomiendas de la escuela.

Una de esas misiones es brindar herramientas a los docentes que tienen alumnos con discapacidad auditiva en centros de la enseñanza general. Además, capacitan a estudiantes universitarios de las carreras de Psicología, Psicopedagogía y de Educación Especial.

También mantienen vínculos con la comunidad, al abrir convocatorias a cursos de lengua de señas dirigidos a padres de los niños y los del barrio que lo quieran conocer para comunicarse con ellos.

Al hablar del claustro, Ismel destaca a quienes tienen discapacidad auditiva. Menciona a Tamara Travieso, quien es sorda de nacimiento y muy hábil en la lengua de señas. Es auxiliar pedagógica, pero imparte clases de El Mundo en que vivimos y apoya como intérprete. La califica como una todoterreno. Ella enseñó ese lenguaje a la actriz que en la reciente telenovela cubana Entrega encarnó el personaje de una sorda.

Pese al nasobuco se puede ver en el rostro de Ismel la satisfacción que siente por los resultados de muchos alumnos, en especial aquellos que estudiaron allí desde el prescolar, y hoy están en sus aulas impartiendo clases. Se constata que la máxima de la escuela es la inclusión.

Amor con amor…

Jorge Alberto Álvarez Drago, a quien todos llaman Jorgito, entró en René Vilches cuando tenía cinco años. Hipoacúsico de nacimiento, su mundo no es el del silencio pese a haber tropezado con la vida varias veces. Nunca se dio por vencido.

La bibliotecaria Niurka Vizcaíno mueve sus manos, Jorgito también. Gracias a que ella sirve de intérprete al equipo de Bohemia, supimos de la gratitud de él por su escuela, por su país y por las puertas abiertas a las oportunidades.

Después de graduarse de sexto grado en René Vilches, pasó a una secundaria en San Miguel del Padrón, luego se hizo técnico de nivel medio en computación y más tarde se graduó de Licenciado en Pedagogía en esa especialidad, la misma que lo hizo volver como maestro a su antigua escuela, donde trabaja hace 13 años.

No todo fue color de rosas. En algún momento faltó la intérprete de lengua de señas para entender lo que explicaban los profesores. Pero se las arregló para sentarse entre oyentes a quienes pedía prestadas las libretas.

Recuerda que de niño no hablaba. Solo en lengua de señas para comunicarse en la escuela y con su mamá, la única que en su casa “lo hablaba”. Sus ojos brillan con el recuerdo que le devuelve la imagen de ese ser tan querido, quien a los 35 años un infarto la apartó para siempre del hijo. A partir de entonces y por la insistencia de la abuela que le exigía: HABLA, HABLA, empezó a articular palabras. Tenía 9 años.

Hoy es profesor en el centro que lo vio crecer y donde recibió las herramientas para ser un hombre útil. Además de dar clases, le gusta pintar y hacer fotografías. Cada viernes recibe un curso en el taller de Kcho, quien le aporta rudimentos para un arte que también le abre puertas. Y se le ve feliz retribuyendo a otros niños la ayuda que necesitan, con el mismo cariño que le dieron a él.

Jorgito capta todo lo que ocurre a su alrededor y la inquietud de sus manos le sirve para expresar que la vida es inmensa, donde nace de lo tierno el gesto que rompe todas las barreras.

 Derechos humanos que Cuba defiende

El país tiene cuatro escuelas primarias para alumnos con discapacidad auditiva, ubicadas en las provincias de La Habana, Matanzas, Sancti Spíritus y Santiago de Cuba. Otras 13 escuelas distribuidas en el territorio nacional atienden educandos que además de la discapacidad auditiva tienen déficit visual.

Cerca de 600 niños con hipoacusia matriculados en la enseñanza general son atendidos por especialistas de la educación especial. Y alrededor de 120 de la primera infancia reciben estimulación por los profesionales que laboran en los Centros de Diagnóstico y Orientación.

El Ministerio de Educación prioriza el seguimiento a todos los discapacitados que egresan de la enseñanza básica para su continuidad de estudios.

(*) Este artículo fue publicado originalmente el 20 de diciembre de 2020.

Tomado de Revista Bohemia/ Fotos: Anaray Lorenzo.

cubaenresumen

Corresponsalía en Cuba de Resumen Latinoamericano

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